Santiago del Estero, 1º mitad del siglo XX

Documentales de época comentados por Leonardo Gigli.
Con Dirección General de Cultura de la Provincia y Teatro "25 de Mayo", destinado a estudiantes santiagueños.

Programa Leer en Familia

Se desarrolla en escuelas rurales cercanas a la capital santiagueña. Tiene por objetivo promover la lectura con pie en el trípode familia-alumno-escuela. Con la Agrupación de Jubilados Docentes 11 de Setiembre.

Escríbanos
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Margarita Fantoni* y Magali Vicente**

 

La problemática de la tenencia de la tierra en la histórica Villa Mailín.
Formar y transmitir el patrimonio en esta región del sudeste santiagueño. (1880-1940)

 

 Introducción      

 

El presente artículo es un avance de una investigación más amplia y en proceso que nos permitirá aproximarnos a una temática tan compleja como la tenencia y/o apropiación de las tierras públicas en Santiago del Estero. Requiere por un lado del abordaje bibliográfico sobre éste tema en otros espacios y tiempos para de esa manera aplicarlos a un análisis comparativo en nuestra provincia a partir de un estudio de caso. Y por otro, de la exploración documental en archivos.
Así podemos ejemplificar a partir de la red familiar de los Herrera, propietarios de la tierra de Villa Mailín. A través de ellos se evidencia la problemática del origen y establecimiento de una elite terrateniente rural, proceso provocado por la ley de enajenación de tierras fiscales en 1856. Lo cual nos aporta elementos sobre las rupturas, pero también sobre las continuidades y las supervivencias de las sociedades dominantes, así como nuevos elementos acerca de estrategias de desarrollo de las sociedades dominantes - dominadas durante a fines del siglo XIX y comienzos del XX.

            Planteo de la temática

Abordaremos como problema general el proceso de transferencia de las  tierras fiscales en Santiago del Estero y analizaremos el sistema de tenencia de la tierra  persistente dentro de la elite terrateniente rural de la jurisdicción del actual Departamento Avellaneda.
Se pretende investigar de qué manera afectó este proceso de transferencia de la tierra desde el establecimiento de los “Herrera” hasta la conformación de la Villa de Mailín, en la región sudeste de Santiago, y a sus formas organizativas insertas en la “Argentina Moderna”, y cuales fueron las estrategias desplegadas por la elite que le permitieron desarrollar una incipiente industrialización, unida a la producción agropecuaria desplegada en  sus estancias.
El acercamiento a la problemática se realiza a través de un estudio de caso, centrando la investigación en Villa Mailín durante el  período de la  consolidación de la “Argentina Moderna”. Se toma como fecha inicial al año 1882, correspondiente a la venta efectuada por Antonino  Taboada de las tierras próximas al Santuario del Señor de los Milagros de Mailín – cedidas a él por su hermano el entonces Gobernador Manuel unas décadas antes - en beneficio de la familia Herrera. La delimitación temporal establecida en 1882 tiene como fecha final el año 1940, que corresponde tanto al año del  plano catastral como a un extenso expediente catastral, donde se establece el loteo definitivo de la villa. Estos documentos se constituyen en la fuente principal de nuestra  investigación, ya que nos posibilita acercarnos al proceso transcurrido hasta 1940, al incorporar documentos de años anteriores como fuentes secundarias.
Si bien se ha demostrado que la elite terrateniente en la jurisdicción de Santiago tiene su origen en la ley de 1856 sobre la enajenación  de tierras fiscales en todo el ámbito provincial y reconoce procesos similares en la antigua Villa Mailín, durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, se busca indagar como algunos particulares ligados por relación de parentesco y, descendientes de agregados a la familia Herrera, tomaron posesión de loteos pertenecientes a estos, primero y al Obispado después.
La elección de esta “Villa” como “caso” a estudiar deriva de varias cuestiones históricas y metodológicas.
En primer lugar, desde lo histórico, por la importancia de la región y su densidad de población durante los momentos previos a la conquista española y, luego en la época colonial, así como en el período temprano de la independencia. Se estableció el primer poblado en la época de la consolidación nacional. Esta villa, se encuentra localizada en el antiguo Departamento de  Mailín, próximo a Estación Herrera, actual Departamento Avellaneda, en la zona sudeste de la provincia de Santiago del Estero.
Con respecto a las cuestiones metodológicas, un estudio de caso, permite realizar aportes sobre el proceso de transformaciones sufridas en la Villa, brindando elementos acerca de la transferencia de la tierra en la región, desde sus primitivos habitantes pasando por el establecimiento de la unidad productiva de los “Herrera”, la compra de estas tierras por parte del Obispado de Santiago del Estero (1940) y la posterior transferencia a los pobladores - descendientes y descendientes de agregados de los hermanos Herrera- que se establecieron en ellas, a través de la Ley Provincial de Posesión  Veintiañal, lo que a la vez nos puede brindar indicios sobre la situación de otros pueblos, que lograron persistir bajo un sistema similar de enajenación de tierras fiscales.
La problemática de la tenencia de la tierra, la tomaremos como referencia para señalar que con el paso del tiempo, en Mailín se instalaron de manera irregular, muchas familias en los terrenos pertenecientes al Obispado y que forman hoy el núcleo del pueblo. Por tal motivo, en el año 1996, el Obispo Diocesano Monseñor Gerardo Sueldo, elaboró un “Proyecto de regularización de dominio y loteo sobre inmuebles pertenecientes al Obispado de Santiago del Estero, en la localidad de Villa Mailín” y donó terrenos a 42 reconocidos poseedores. (Schánzle, 1998: 1-127).
Dicho proyecto se llevó a cabo por un equipo interdisciplinario de juristas, escribanos, ingenieros y cartógrafos. Fruto de este trabajo fue la confección de un plano de la zona que se encuentra en el Archivo del Santuario de Mailín. El propósito del proyecto era “la donación de terrenos a 42 reconocidos poseedores y la regularización de la situación para los ocupantes sin el respectivo reconocimiento de poseedor, como también dos planos nuevos de Mailín que incluyen zonas de loteo nuevo”.
Consideramos que el interés de la Iglesia, del momento, era dar solución a una problemática que tienen muchos pobladores de Santiago del Estero y que se evidencia en el espacio geográfico de Villa Mailín, la tenencia de la tierra. De ahí que, tanto la Pastoral Social como el MOCASE (Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero), activos participantes en Mailín, promovieron la regularización de las propiedades.
Esto nos llevó a tratar de indagar sobre el origen de la distribución, enajenación y apropiación de tierras en Mailín. Si recuperamos el planteo de Ricardo Ríos sobre lo dificultoso que resultaba documentar los legítimos propietarios de las tierras, esto es palpable en las tierras que investigamos. Podemos documentar bibliográficamente el otorgamiento de tierras públicas por parte del Gobernador Ibarra a Manuel Taboada, la  cesión  a su hermano Antonino y la venta de éste a José de la Cruz Herrera. En el año 1882, el patriarca de la familia Herrera, compró tierras que comprenden los actuales departamentos Avellaneda - Herrera, Mailín, Santa Catalina, Gramilla -  y Banda - Clodomira y La Granja. Tratar de dilucidar el traspaso a sus herederos y como su patrimonio se dispersó a través de ventas, pleitos o pobladores que se asentaron y por sus permanencias justificaron el derecho de posesión de las tierras es difícil, trataremos de encontrar vertientes por donde inferir lo sucedido a través de las fuentes orales y juicios sucesorios y boletos de compraventa y poderes.
El propósito es reconstruir las relaciones de poder entre el estado provincial, los distintos miembros de la familia Herrera y la Iglesia, interconectados a través de estrategias político-socio-culturales.
El patrimonio de la tierra transfiere poder, a través de reducidos núcleos de parientes originarios, en la mayoría de los casos de linajes coloniales. El surgimiento del apellido Herrera se remonta a la expedición española de Diego de Rojas, continua con Don Andrés de Herrera, colaborador de Hernando de Lerma y con Don Diego de Herrera en el establecimiento de Córdoba del Calchaquí, Londres y Cañete. Sumado a Don Martín de Herrera miembro de la Asamblea que el 27 de Abril de 1820 firmó el acta de la Autonomía Provincial. No hubo que esperar mucho tiempo para que fueran identificados como oligarquía, cuando José de la Cruz Herrera adquirió tierras donde se emplazaron luego distintos poblados como Herrera, Clodomira y Mailín. Si bien, partimos desde Mailín como centro de investigación, podemos identificar a la familia Herrera dentro de un gran entramado de alianzas políticas institucionales.
Para concluir; la familia Herrera concentrará el poder político y económico. Aparece como grupo relacional, como entidad colectiva y estructura de poder, a través de las relaciones interpersonales que ésta establece entre su mismo grupo y con el resto de la sociedad civil, con los que suele establecer relaciones de dominio y subordinación.

            Marco Conceptual

    Es posible indagar sobre la problemática de la tenencia y enajenación de la tierra pública en Argentina a partir de la ley de Enfiteusis dada por Rivadavia, cuando era Secretario de Gobierno de Martín Rodríguez, durante  su período de gobierno (1821-1824). Situación sostenida en el marco de otras legislaciones durante el período rosista, y los gobiernos subsiguientes que tanto  desde la nación, como en las provincias adoptaron estrategias de enajenación de tierras fiscales similares, durante el siglo XIX y los comienzos del siglo XX.                                                           .                                                                                                                            
En las últimas décadas numerosos han sido las investigaciones que han abordado el problema de la tenencia de la tierra en las distintas regiones geográficas que componen nuestro país, de manera que se ha podido evidenciar que una nueva corriente de renovación historiográfica regional y local, enfoca su análisis de la problemática de la tenencia de la tierra y de la  cuestión agraria desde nuevas perspectivas, lo que ha permitido profundizar y ampliar los conocimientos acerca de los mecanismos de acceso a la tierra, su evolución  y en no pocas oportunidades su enajenación. Estos conceptos en el marco de los procesos de las transformaciones sufridas por la tierra pública, en algunas regiones de Argentina se los puede  relacionar con esta misma problemática en Santiago del Estero.
Entre los autores clásicos que en las postrimerías del siglo XIX, han evidenciado esta problemática destacamos a Nicolás Avellaneda, quién en su obra “Estudio sobre las Leyes de Tierras Públicas” editado en Buenos Aires en 1865, trata del valor económico de las tierras, y del sistema de legislación que mejor pudiera adecuarse para su usufructo. Dos perspectivas divergentes presenta esta obra: por un lado es doctrinaria; la otra es histórica, de carácter más bien argentino. Lo doctrinario esta constituido aquí por ciertos principios que Avellaneda toma de los clásicos  de  la ciencia económica, lo histórico esta constituido por sucesivos análisis de los sistemas legales, que nos han regido acerca de la posesión de las tierras, desde las tierras comunales a las enfiteusis y la concesión de premios en tierra pública, o las parcelaciones para venta y colonización.
 Esta obra resultó un importante antecedente de investigación de autores posteriores, como por ejemplo la de Miguel Ángel Cárcano  “ Evolución histórica del régimen de la tierra pública” (1810-1916), quién considera la evolución del régimen de tenencia de la tierra en nuestro país desde la época colonial, durante el primer período independiente, la reforma agraria –Rivadavia-, la desorganización del régimen agrario con la supresión de la enfiteusis, el período rosista, y analiza también las leyes de tierras en las provincias, la situación de Buenos Aires hasta la conquista del desierto. Luego realiza un exhaustivo análisis de la problemática de la tierra en Entre Ríos, Corrientes.
Jacinto Oddone en su obra “La Burguesía  Terrateniente Argentina” sostiene que este estamento social tiene su origen en la mala aplicación de la ley de enfiteusis sancionada el 11 de mayo de 1826. Los títulos de propiedad de la mayor parte de los señores de la tierra son la continuación inmediata, ininterrumpida de los títulos de tierras enfitéuticas que poseían sus antepasados de tercera o cuarta generación a los cuales Rosas vendió la tierra ocupada, destruyendo la ley de Rivadavia.
Los gobiernos que sucedieron a Caseros, excepto los de Mitre, Sarmiento, Avellaneda, aplicaron la misma política de entrega a bajo costo de miles de hectáreas de tierra en la provincia de Buenos Aires y Entre Ríos.
Esta investigación tiene como antecedente la obra de Nicolás Avellaneda,  la  Memoria publicada por la Dirección de Tierras y Colonias, correspondiente al año 1928 y la obra “Recopilación de Leyes” de Joaquín Muzlet.
 Oddone sostiene que en el transcurso de cincuenta años, la tercera parte de la tierra pública de los territorios nacionales, la mejor, la más rica, la más productiva ha sido despilfarrada por los gobiernos que la regalaron y en el mejor de los casos la vendieron a un  vil precio a particulares, que han acumulado así, a costa del Estado, una fortuna colosal.
El análisis cuantitativo de las Leyes y Decretos desde los siglos XVI, XVII, XVIII, y XIX, le permiten al autor inferir los distintos mecanismos de transferencia de las tierras rurales de la jurisdicción de Buenos Aires y Entre Ríos. Del mismo modo estudia como estas tierras se valorizaron y como esta valorización estuvo impulsada por la inversión en “mejoras” y por la expansión de la ganadería  principalmente.
Asimismo, los protocolos notariales y testamentos donde se observa la transferencia por vía de herencia, le permiten reconstruir dos procesos concomitantes. El primero, de fragmentación y parcelación de grandes propiedades en la provincia de Buenos Aires y en la de Entre Ríos, que formaban parte de la zona de antigua colonización de la jurisdicción de estas actuales provincias. Este proceso favoreció el surgimiento de un sector de grandes  productores independientes, propietarios de tierras, conformado primero  por españoles pobres, descendientes de los conquistadores, luego por los amigos del poder de turno, que tuvo mayor importancia cuantitativa en las provincias citadas. Si bien hubo también algunos casos en las provincias analizadas, por ejemplo en Entre Ríos, predominó el campesinado “dependiente”, cuyo mecanismo de acceso a la tierra fue el arrendamiento.
La parcelación de tierras no significó que desapareciera el predominio de las grandes estancias, puesto que al mismo tiempo que algunas tierras se fragmentaban se produjo la concentración de otras tierras en manos de algunos grandes propietarios.
Junto a los descendientes de beneficiarios de mercedes y encomiendas, surgió un nuevo grupo de hacendados procedentes del comercio, que accedieron a la propiedad de la tierra a través de la compraventa, o también de la donación cuando se trataba de militares especialmente.
El análisis de los escasos pleitos por tierras de los terratenientes, inducen al  autor a constatar que la tendencia general fue la disolución, o pérdida de la propiedad por parte del Estado. La conservación de la propiedad de la tierra, por parte de los terratenientes  dependió de su situación de originarios o forasteros, de sus relaciones de colaboración o confrontación con la sociedad y el poder de turno de su tiempo, y de tener títulos legales sobre sus tierras.
Por su parte Andrea Reguera en su artículo “Formar y Transmitir el patrimonio en la pampa bonaerense del siglo XIX. El caso de Hipólito Piñero: vicisitudes de una familia para continuar”, tiene por objetivo analizar la reconstitución del patrimonio de Hipólito Piñero, a partir de numerosas fuentes como ser su juicio sucesorio, mensuras, mapas catastrales, guías de propietarios de campo, a fin de comprender el proceso de transmisión de un patrimonio, entrelazado con la historia personal de un individuo y la contextual de su espacio y tiempo.
Sostiene esta autora, que una vez incorporados nuevos territorios a la provincia de Buenos Aires, numerosos pobladores buscaron el crecimiento económico y el ascenso social,- en la línea de avanzada de frontera- ya que estas tierras eran un importante atractivo para las actividades agrícolas y ganaderas, por lo que agraciados por determinados vínculos - parentales, amicales, comerciales - o favores - cargos, lealtades - o adhesión a causas políticas o por el caso de migración especial, acrecentaron su poder económico ya que accedieron a la propiedad de grandes latifundios en la campaña bonaerense. Esta situación redundará en un importante prestigio social, lo cual favorecía el ascenso, no solo social sino también político de estos sujetos. Estos grandes patrimonios se mantuvieron intactos hasta la muerte de sus fundadores o división de las sociedades familiares. El primer ciclo corresponde al ciclo de la vida, para pasar luego a desgajarse en un sinnúmero de nuevas propiedades a través de las particiones hereditarias y posteriores ventas.
De estas particiones hereditarias y ventas sucesivas, como así también de la liquidación de tierras que le quedaban al estado, se beneficiarán algunos nuevos propietarios como Santamarina, quien accederá a incrementar su importante patrimonio.
Sostiene Reguera, que la mayoría de estas tierras fueron adquiridas por estos hombres al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Se trataban de extensiones que reconocían un movimiento inmobiliario previo, fruto de las subdivisiones de antiguas enfiteusis o de antiguas propiedades. Estos hombres compraban la tierra en un momento en que el estado transfiere tierras del dominio público al privado, pero también en un momento en que esa misma tierra experimenta continuos traspasos entre particulares. “Estos nuevos patrimonios estuvieron formados por sucesivas compras de diferentes fracciones fruto de la fragmentación de grandes propiedades. Este proceso de concentración y  fragmentación  no es más que la prueba de la capacidad empresarial de un hombre, pero también de la propia dinámica de constitución y desmembramiento de las propiedades resultado del mercado de tierras.” (A. Reguera: 33, 2002).
En un primer momento, la transferencia de las tierras públicas a manos privadas se realizó en un marco de mercado cerrado, la prioridad de comprar las tierras públicas las tuvieron: los antiguos enfiteutas; los estancieros ya propietarios que queriendo agrandar sus propiedades, adquirían las nuevas tierras que se iban incorporando con el corrimiento de la frontera sobre el indio.
La venta se hacia por  subasta pública o en forma privada con la fijación del precio y las facilidades de pago. Con el transcurso de los años el mercado comenzó a dinamizarse  y a hacerse más abierto de  manera que la mayor parte de las transacciones  de venta se hacia entre particulares.
Si bien los casos presentados por esta autora permiten vislumbrar un determinado espacio – la pampa bonaerense- y ciertos comportamientos individuales y familiares, los que no representan a la totalidad de la región pampeana sino que sirve este artículo, para comparar este enfoque con el de otros autores que ayuden a caracterizar a los sujetos sociales del ámbito señalado en el período investigado.
Permitirnos reflexionar en estos aspectos, nos ubica en el plano concreto del estudio de casos que si bien son particulares, brindan la posibilidad de definir áreas y nuevas líneas de investigación que contribuyan al conocimiento de nuestra historia provincial, normas de comportamiento de sus actores sociales y sus implicancias políticas.
En este contexto debemos definir claramente que una cosa son los propietarios individuales y otra muy diferente son los grupos familiares. La familia debemos enfocarla desde su dimensión y composición estructural, como así también desde el problema de la reproducción familiar, las prácticas sucesoriales y la transmisión del patrimonio. De los primeros propietarios surgen los grupos familiares que lograron prosperar y acrecentar su poder  económico, además se debe tener en cuenta el origen social de los propietarios y la procedencia del capital, por ello este tipo de investigación solo puede hacerse cuando se disponen del mayor número de fuentes, para poder cotejar la documentación estableciendo la formación de patrimonios y si es posible pensar en un modelo de comportamiento determinado.
 Ahora bien, con respecto a Santiago del Estero recuperaremos a  investigadores del Siglo XIX, Alejandro Gancedo y Lorenzo Fazio que describen sobre las tierras rurales de la jurisdicción provincial.
Asimismo, la documentación de los registros de catastro provincial donde se observa la transferencia por vía de herencia, nos permiten reconstruir dos procesos concomitantes. El primero, de fragmentación y parcelación de grandes propiedades en  la Villa Mailín, que formaban parte de la zona de antigua colonización del departamento de Matará. Este proceso favoreció el surgimiento de un sector de pequeños y medianos productores independientes, propietarios de tierras, conformado por la elite santiagueña, y por agregados a estas tierras, situación que tuvo mayor importancia cuantitativa en otros departamentos de la jurisdicción provincial. Si bien hubo también algunos casos en la región del río Dulce, en el que predominó el campesinado “dependiente”, cuyo mecanismo de acceso a la tierra fue el arrendamiento.
La parcelación de tierras no significó que desapareciera el predominio de las grandes estancias, puesto que al mismo tiempo que algunas tierras se fragmentaban se produjo la concentración de otras tierras en manos de algunos grandes propietarios. Este proceso fue más temprano en la zona de las tierras inundables: allí se produjo fundamentalmente en la primera mitad del siglo XIX y estuvo vinculado a las ventas de tierras comunales en esta zona, su extrañamiento y la concesión de antiguas tierras. En cambio, en el antiguo departamento de Mailín y en la frontera las haciendas -cuya característica sobresaliente era su discontinuidad territorial- surgieron y se consolidaron en la segunda mitad del siglo XIX, como respuesta a la demanda ganadera, a la explotación forestal y a una incipiente industria azucarera y de otras producciones, que también impulsó la formación tardía de algunos establecimientos agropecuarios e industriales en la mesopotamia  santiagueña y en la zona noreste de la provincia.
Junto a los descendientes de estos primeros pobladores, surgió un nuevo grupo de hacendados procedentes del comercio que accedieron a la propiedad de la tierra a través de la compraventa.
El análisis de la documentación nos induce a constatar que la tendencia general fue la disolución o pérdida de las propiedades fiscales de la provincia. Tampoco los pueblos de indios lograron conservar sus tierras ya que  sufrieron permanentes hostigamientos. La conservación de la propiedad comunal de la tierra por parte de los pueblos de indios dependió de su situación de originarios o forasteros, de sus relaciones de colaboración o confrontación con la burguesía terrateniente y de tener títulos legales sobre sus tierras.
Retomamos para nuestro enfoque, los trabajos de quienes han orientado sus avances de investigación en la jurisdicción provincial especialmente los de Silvia Palomeque y de Ricardo Ríos, ya que permiten rescatar elementos significativos de persistencias y de continuidad entre las sociedades dominantes.
 Palomeque en su artículo los “Esteros de Santiago”, sostiene que “durante la primera mitad del siglo XIX, los grupos locales adquieren más poder político que el que antes compartían con el Estado colonial, permite avanzar en los procesos de monopolización de aquellas tierras que antes tenían régimen de tenencia comunal con usufructo de pequeños productores. Estas tierras serán las de los bañados y las mejores tierras de pastoreo.”(Palomeque, 1992:34). Esta autora registra exhaustivamente, las ventas de las tierras ubicadas a la vera del río Dulce y las de los bañados de la Mesopotamia santiagueña durante la primera mitad de siglo XIX. También resalta la importancia que tiene para la elite dominante acceder a la tierra legalmente, ya que, y en esto coincidimos, las ventas de tierra se efectúan en todo ese siglo durante las crisis económicas por las que atraviesa la provincia, cuando era muy difícil la obtención de dinero para las arcas provinciales. Sin duda, este proceso de apropiación de las tierras comunales, (por parte del grupo dominante) se da porque son valiosas desde lo económico, son tierras inundables o próximas a los cursos de agua principales de la  provincia.
A partir del período independiente “los nuevos ocupantes del poder provincial son quienes fijarán las condiciones de ocupación de la tierra y sus rentas. La modificación del sistema de tenencia de la tierra en la zona de pueblos de indios, no parece desestructurar el sistema productivo asentado en ellas, más bien parece que los integra dentro de los grandes establecimientos ganaderos, que combinarán sus actividades con agricultura, pasando a ser sus agregados”.(Palomeque, 1992:36). Los agregados en los grandes establecimientos rurales, son gente muy pobre que trabajaba para la elite a cambio de un “módico subvaluado salario”, siempre estacional dependiendo de las necesidades del propietario. Esta situación es beneficiosa para el terrateniente, en una sociedad donde parece difícil obtener trabajadores.
Por su parte Ricardo Ríos en su artículo, publicado en la Revista de la Junta de Estudios Históricos: “Los gobiernos no cuidaron el patrimonio del Estado, y algunos gobernantes enajenaron las tierras fiscales en beneficio personal”, privilegia un análisis cualitativo sobre la enajenación  de tierras en distintas jurisdicciones de la provincia, el autor aborda para su análisis la ley de 1856, sostiene que para ello los gobernantes se valieron del recurso de la enajenación de tierras fiscales utilizando a personas de la elite cercanas al poder de turno, para materializar la enajenación de la tierra, contaban para ello con agrimensores, rematadores y compradores, con el propósito de realizar operaciones “arregladas” con anticipación. Sostiene además que los gobernantes, no protegieron el patrimonio del Estado, en muchos casos se aprovecharon del cargo que detentaban, para obtener el mejor beneficio personal y si bien “la ley sobre la enajenación de tierras fiscales era clara en cuanto a que debía poblarse, construirse casas, pozos, represas, corrales y tener un plantel de hacienda” (Ríos, 1947: 65) la realidad decía que no se  cumplía la ley con el propósito de sacar partido de estas operaciones.
 A partir de 1856, la tierra santiagueña ha sido objeto de transacciones sucesivas, se formaron sociedades, sindicatos, para adquirir grandes latifundios, con la única finalidad de negociarlas siendo pocos los que adquirían con el  propósito de dedicarlas a explotación ganadera o agrícola.
El análisis de este autor se complementa con la transcripción de documentos que ilustran claramente este proceso de enajenación de tierras fiscales, que evidencian este traspaso desde el año ya señalado hasta 1920. Este enfoque minucioso permite recuperar por un lado a quienes enajenaron las tierras, cuantas leguas adquirían estos compradores  y además privilegia en su análisis cual fue el destino de esos latifundios, es decir si hubo alguna venta posterior, o parcelación y posterior venta de los latifundios no solo en un departamento del Estado provincial sino en varios de ellos.
Desde este enfoque, Ríos extrae la información sobre venta y arrendamiento de las propiedades que habían pertenecido al Estado provincial, incluso de las tierras comunales. El valor del texto reside principalmente porque registra la transferencia de propiedades, extrae los nombres de los propietarios, su ocupación (hacendado, comerciante) y procedencia (santiagueño o porteño). Esto le permite conocer por cuántas generaciones se mantuvo cada propiedad (especialmente las grandes) en manos de una misma familia, o sociedad, constatar si hubo una ampliación de los sectores sociales que accedieron a la propiedad de la tierra y reconstruir las distintas propiedades (situadas en espacios geográficos diferenciados) que pertenecían a una misma familia, individuo o sociedad comercial, lo cual le permite detectar la presencia de haciendas discontinuas en el territorio provincial.
Con respecto a los antecedentes bibliográfico sobre la historia de Villa Mailín, podemos señalar a Néstor Achával, quien describe el proceso de la devoción del Señor de los Milagros de Mailín desde la toma de tierras fiscales por parte de Manuel Taboada, quedando incluidas las tierras de la villa, la adquisición por parte de Monseñor Rodríguez y Olmos, en el año 1939, de 55 hectáreas de terrenos en Mailín para el mantenimiento del Santuario y la devoción respectiva. (Achával, 1993:149)
Las tierras de Mailín habían pertenecido al Gobernador Manuel Taboada, quien en el año 1859 solicita se le concediera en venta tierras fiscales (cuatro leguas determinándose como centro el Pozo de Mailín). Éste transfirió en el año 1867 a su hermano Antonino, las tierras y en el año 1882 éste se lo vendió a José de la Cruz Herrera quién cedió a sus hijos Zacarías y Adeodato  “dos leguas superficiales cada uno. De esta venta se excluyó la manzana en la que se había construido el Santuario en 1870 por acción del General Taboada”. (Achaval, 1993:149)
A partir de 1902 el Santuario se erige como Parroquia y, es en el Sínodo Diocesano del año 1939, cuando se acordó la creación de la Vicaría Foránea. Así, el Obispo Diocesano de Santiago del Estero, Monseñor Rodríguez y Olmos nombró al Presbítero Manuel Lugones Herrera que estuvo al frente de la misma hasta el año 1967.  Fue este Obispo quien compró en el año 1939, “55 hectáreas de terrenos en Mailín, para el mantenimiento del Santuario” (Achaval, 1993:149-150). El juzgado de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial dispuso la subasta pública de lo que era el ejido del pueblo de Mailín. El juez de Paz (de Mailín) Juan Mújica, concedió el 26 de diciembre de 1939 “la posesión judicial a la vez que notificaba a los pobladores que no habían justificado su legítima posesión y derechos sobre las tierras que ocupaban” (Achaval, 1993:150). En el año 1940 se labró la escritura definitiva en el Registro Notarial de Domingo Medina.
Si bien estos terrenos pertenecían al Obispado de Santiago del Estero, distintas familias fueron instalándose allí dando origen a lo que es hoy el pueblo. El Presbítero Sigmung Schänzle, en la entrevista concedida, sostuvo que “las tierras de Mailín pertenecían a ancestrales familias santiagueñas que, por un proceso de ventas y donaciones, pasaron finalmente al Obispado de Santiago del Estero”.
Es por eso que decimos que Santiago del Estero no estaba lejos de aquella situación nacional, por lo que podemos inferir que durante el período taboadista, existía un fuerte monopolio y concentración de la propiedad de la tierra en unos pocos individuos y grupos familiares favorecidos por una coyuntura política y económica. Después de 1880, el mercado de tierras comenzó a dinamizarse y al hacerse más abierto permitió las transacciones de venta entre los particulares, fundamentalmente, como sucedió con las tierras vendidas por Antonino Taboada al patriarca de los “Herrera”, José de la Cruz, en Mailín, transacción que puede verificarse en el plano y expediente catastral así como también en el juicio sucesorio de la familia Herrera- Pena. Esta y otras ventas efectuadas en la provincia van a contribuir a modificar la estructura de la propiedad por la expansión de la ganadería y el desarrollo de una incipiente industria. Los hermanos Zacarías y Adeodato Herrera heredaron de su padre, las tierras colindantes con la antigua capilla de la villa de Mailín, eran 34 hectáreas y 20 cuadras. Este establecimiento se dedicaba a la molienda con un trapiche de hierro movido por caballos, la cristalización del azúcar  en hornos de barro cocido y se producía también aguardiente con alambiques del sistema antiguo.
Del caso  presentado en este artículo, surge con claridad la legalidad con la que el estado provincial enajenó tierras fiscales al poder de turno “los Taboada” y luego uno de ellos se fue desprendiendo de estos dominios por venta directa a “los Herrera” vinculados por fuertes lazos amicales.  En este sentido, también es importante remarcar las intrincadas alianzas familiares a través de los vínculos matrimoniales los que llegaron a formar verdaderas redes parentales, tal es el caso de los Herrera y de otras familias tradicionales santiagueñas que se unían entre tíos y sobrinas o entre primos, formando una verdadera red socio- parental que facilitará la expansión y conservación de los logros económicos y el ascenso y afianzamiento dentro de su clase social.
El enfoque abordado nos permite inferir que la tierra vinculó, separó y hasta enfrentó a miembros de un mismo grupo social. Los fundadores de estos grandes patrimonios a título individual o en sociedad – los hermanos Herrera- lo pudieron hacer en ese momento y no en otro ya que la situación económica de la provincia obligaba al estado a desprenderse de tierras públicas lo que contribuyó a incrementar las riquezas de estos terratenientes. La fragmentación de estos patrimonios se produjo al finalizar la sociedad comercial o el ciclo de la vida de sus fundadores, dando lugar a nuevos patrimonios surgidos por división voluntaria o partición hereditaria, eran estas propiedades de menor cuantía y experimentarán derroteros muy diferentes. Algunos conservaron sus heredades casi intactas otros se desprenderán de ellas por venta de las mismas, y al desmembrarse las familias originarias muchos de sus integrantes partieron a las ciudades. Observamos que ya en la tercera y cuarta generación intentarán recuperar sus heredades, a través de condominios familiares con el propósito de superar la irremediable desaparición.
En la Argentina del siglo XIX, la riqueza de estos grandes latifundios otorgaba cierto prestigio social, definía relaciones de poder entre los hombres.  De manera que, siguiendo la línea investigativa de Reguera, la riqueza territorial concentrada en un grupo minoritario, trataba de someter a la sociedad  de su tiempo a su arbitrio. En este contexto, merecen un apartado especial las variables “espacio” y “crecimiento demográfico” ya que son muy importantes para comprender todo el proceso de acumulación y división de tierras en relación a una finalidad económica y la valoración social de estos sujetos.
La empresa familiar es muy importante especialmente en el siglo XIX, debido a que Argentina reposó su comercio exterior en la producción agropecuaria: carne, cueros, cereales, lanas y han sido estas exitosas empresas las que no sólo han abastecido a un mercado externo sino que también han servido para mantener a sus parentelas, ya sea por herencia material o inmaterial, hasta no hace mucho tiempo.  De modo que la propiedad de la tierra aparece como un poder sólido  y durable desde la perspectiva social y económica  de estas redes familiares.
Andrea Reguera sostiene además que “la participación política de algunos de estos actores y las alianzas matrimoniales que los emparentaron con otros grupos familiares podríamos decir que tenían plena conciencia de los legados que recibían y de las formas necesarias para acrecentar y usufructuar la posición social ganada” (Reguera: 2002, 35) En el caso de la familia Herrera, como una manera de mantener el poder y diferenciarse socialmente, la riqueza se concentró en el grupo minoritario de la red parental. Pero con el tiempo, las alianzas matrimoniales y la partición en heredades que aseguró la supervivencia del núcleo original hasta una segunda generación y a partir de la tercera generación, se produce la disolución de la riqueza fundiaria. La que recién a partir de la cuarta generación se intentará recuperar sin éxito entre otras cosas por la ley de prescripción veinteñal y el establecimiento de villas y poblados en los cascos de las antiguas estancias.
Teniendo en cuenta esto podemos hablar de una elite terrateniente rural. Para analizar tendremos en cuenta dos aspectos. Por un lado, la finalidad económica y por otro, la valorización social. Ambos convergen en un valor supremo “el tener”, que si bien la propiedad define una categorización social también presupone una inversión de capital, ya que se requiere la tierra como un bien de producción la que a su vez genera una gran variedad de diferencias sociales.
Recuperando a Waldo Ansaldi, en su análisis sobre la oligarquía, la define como “una categoría política, que designa una forma de ejercicio de la dominación caracterizada por la exclusión de la mayoría de la sociedad de los mecanismos de decisión política”. Es decir, la familia Herrera logrará concentrar el patrimonio de la tierra en vastos territorios de la provincia y a la vez detentarán el poder político y religioso que se puede vislumbrar a través de distintos cargos legislativos – diputados nacionales y provinciales- ejecutivos – intendentes- y jerarquía eclesiástica.
Un ejemplo de representantes de la familia es José David Herrera, considerado el fundador de Clodomira, quien cedió tierras para que se estableciera el Ferrocarril General Belgrano. Poseedor de grandes extensiones de tierras, ya anteriormente había construido una acequia derivadora de agua del canal de la Cuarteada, posibilitando de esta manera el desarrollo de la agricultura en sus tierras. Todo esto está enmarcado dentro de las aspiraciones de progresar económicamente, que trajo aparejado el acercamiento de otros actores sociales, ya que para dar origen a un pueblo es necesario reconocer el accionar de un colectivo.
Con respecto a Mailín tendríamos que rescatar a la Iglesia, en cuyo representante familiar el Presbítero Manuel Alejandro Lugones Herrera quien fue Vicario Episcopal desde 1938 hasta 1967, y tuvo como responsabilidad la construcción de capillas de Herrera, Lugones, Colonia Dora y Malbrán. Era hijo de Maximina Herrera y Manuel Lugones Herrera 
Entre las causas que menciona Ansaldi para lograr la continuidad de estos grupos es necesaria la hegemonía a través de alianzas matrimoniales, de negocios y de la participación en distintos ámbitos políticos, religiosos y socioculturales, todo ello evidenciado en la red familiar Herrera.
Siguiendo a Tulio Halperín Donghi, podemos señalar que en el ámbito económico los cambios producto de la ruptura del orden  colonial, como ser  la quiebra del sector ligado al comercio y de fortunas urbanas y la posterior emergencia de un sector poderoso, cuyo peso residió en la ocupación  y la tenencia de la tierra. Sumado a los productos que ésta podía generar para el mercado externo, dentro de un nuevo orden económico, el neocolonialismo. Dando origen a nuevos actores sociales que consolidan la burguesía  terrateniente como clase dominante. (Halperín
Donghi, 1974).
Con respecto  a los mecanismos de consolidación y las características de la clase dominante argentina, en el período de 1880 -1914, se coloca en un mismo plano la tenencia de la tierra  y el manejo de actividades comerciales y financieras por parte de un grupo social capaz de concentrar un conjunto de actividades económicas. Los Herrera, por lo tanto constituyen esta clase dominante.

 

 Conclusiones

Como resultado de los procesos señalados, en la segunda mitad del XIX se conforman estructuras diferenciadas en dos zonas:
a)         Predominio de grandes propiedades en la región mesopotámica de la provincia, (región de Mailín) en los territorios de los antiguos pueblos de indios, como resultado de sus condiciones naturales y de las características del proceso de enajenación de tierras fiscales. Junto a estas grandes propiedades, se registra una menor presencia de pequeñas propiedades y la presencia de arrendatarios de tierras de haciendas.
b)         Predominio de grandes estancias en la frontera este, algunas de las cuales pertenecían a propietarios de chacras  y pequeñas unidades productivas cercanas a la ciudad de Santiago del Estero, constituyendo de este modo haciendas territorialmente discontinuas. Podemos señalar estancias pertenecientes a la red parental Herrera en los actuales departamentos Banda y Avellaneda. Donde se producía una incipiente industria azucarera, se fermentaba aguardiente, tabiques de ladrillos, obrajes y producción ganadera. Así como también residencias en la zona urbana de Santiago del Estero
Como alcance de este trabajo puede señalarse la reconstrucción del proceso y los mecanismos por los cuales las comunidades originarias fueron despojadas de sus tierras por los españoles, primero, por la burguesía terrateniente después, mientras que el sistema de hacienda se consolidó a expensas de las tierras comunales.
Otro alcance o aporte de esta investigación  es la reconstrucción de los procesos de fragmentación y concentración de tierras en la antigua región de Mailín, que permiten explicar la conformación y/o consolidación, de una incipiente industria  y  de un  sistema de hacienda en la segunda mitad del siglo XIX y también el surgimiento de un sector campesino con características diferenciadas -agregados que como en el caso analizado, Mailín, se asentaron en las tierras colindantes de la iglesia y con los años se convirtieron en dueños de las mismas- . En ese sentido, las conclusiones responden a la existencia de procesos diferenciados de disolución de la tierra pública en Mailín y las continuidades y rupturas de dominación de la elite terrateniente.
Los límites de esta investigación  se vinculan con el estudio del campesinado dependiente e independiente, sobre el cual hacemos  un análisis menos intensivo. Un trabajo más amplio sobre estos sectores, nos  permitiría avanzar en la inclusión de los agregados, en las nuevas unidades productivas que surgen en otras regiones de la provincia, contrastando una nueva  hipótesis que propondríamos sobre su conformación. Por otro lado, la importancia de la actividad comercial como estrategia de enriquecimiento y de acceso a la propiedad de la tierra de un sector de la burguesía terrateniente  de la capital santiagueña  y, en menor medida, en la frontera este de la provincia.

 

 

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