Esta fue mi fuerte impresión cuando comencé a trabajar en la obra de Luis Felipe Noé. Para entender su pintura hay que mirarla con sabiduría, con intuición, con una visión de conjunto.
Introducirme en su mundo pictórico, fue y es para mí una experiencia muy similar a la lectura o meditación de algunos de los 64 hexagramas del I Ching. A modo de éste libro sagrado chino, que nos revela cada paso del proceso del devenir natural y humano, el mundo de Noé nos va mostrando a través de sus obras una versión humanista del lenguaje, del color y de las formas, de los ritmos y de las pausas, del espacio y de lo que hay más allá del espacio; que como un espejo refleja las infinitas realidades de un acontecer que es parte de todos los aconteceres del mundo, de un rostro que es también el nuestro pero al mismo tiempo el de todos los seres que fueron, son y serán. Seres de carne y hueso, celestiales e infernales. Lo mismo sucede con los paisajes y el resto de los temas; dándonos la sensación de estar en un mundo desconocido pero intuitivamente conocido, al que alguna vez pertenecimos o añoramos acceder.
El restaurador tiene la concesión y la libertad de poder entrar en cada partícula de la obra de arte; el don de decodificar la factura material, y en el caso de algunos de nosotros: el poder de intuir el alma del artista, implícito en cada estrato, pincelada, color, técnica y materia.
En cuadros como: "La Idiota", "Júpiter Tronante" o "Invitación al Infierno", me vi transportada al mundo de lo invisible, justamente a partir de la imagen visible. Cada trazo, color o intención me llevaron a mundos ultraterrenos en donde me dejé flotar y en
donde pude oír, sumergida en ese preciso espacio, lo que el cuadro necesitaba. Me gusta escuchar la necesidad que cada obra requiere; no soy de la idea de intervenir en conservación o restauración, actuando desde el pensamiento mecánico de lo que ya está estipulado; como suelo afirmar a menudo, pienso que cada problema es único e irrepetible en cada obra, aunque aparentemente pueda parecer igual. Creo también que en el terreno del arte, el lenguaje se queda corto. La palabra "tajo" es muy concisa, corta y descriptiva. Podemos llegar a hacer el esbozo en nuestra mente, pero no abarca la particularidad de cada caso; lo mismo sucede con cada daño o problemática que cada obra pueda presentar.
Volviendo al mundo terreno y ultraterreno de la pintura de Yuyo Noé y a los hexagramas del I Ching, lo que me fascina de ambos casos es el enfoque de las diferentes metamorfosis y de los movimientos cambiantes que se suscitan de las formas, temas y colores (en el caso de la pintura) y el vigoroso dibujo de la energía, que en movimientos cambiantes de lo existente, se sintoniza con la misma esencia.
Así como diferentes deidades de la vida, la muerte y la resurrección como: Cristo, Adonis, Osiris, Ishtar, Perséfone mueren, descienden a los infiernos y resucitan con una revelación; hubo evidentemente en la historia de la obra pictórica (reflejo de la vida) de Noé, un momento clave: una experiencia muy fuerte existencial, que a modo de eclipse o experiencia similar a la muerte, lo impulsó a habitar y a pintar los infiernos y la locura, para renacer después con otra paleta, otros colores, con otra revelación diferente.
Quisiera transmitirles y compartir con ustedes, queridos lectores, la riqueza de todos estos universos, la magia de estas imágenes que permanentemente se transforman, según cómo y cuando las miramos, y como bien decía Heráclito, también están destinadas al continuo y permanente cambio del mundo y de todo lo existente, a la continua movilidad que se fundamenta en la estructura de los contrarios, origen de todas las cosas.
El mismo misterio sucede en una simple tela tensada en un
Luis Felipe Noé: realizó sus primeras exposiciones en 1959,1961,1962; en 1963 se le otorgó el premio nacional Di Telia. En 1963junto con Macció, De la Vega y Deira, fundan el grupo "La Nueva Figuración". Vivió en Francia y en HH.UU; ha sido galardonado con numerosos premios nacionales e internacionales; escribió y publicó varios libros, entre ellos "Antiestética", "Una sociedad colonial avanzada", "Recontrapoder". Ejerció la docencia. Actualmente continúa trabajando en numerosos proyectos y continúa, exponiendo en el exterior y en nuestro país.
Heráclito de Éfeso: filósofo griego (544 a. C). Afirmaba que el fundamento de todo está en el cambio incesante. Para Heráclito, el principio del fuego es el referente del movimiento y cambio constante de todas las cosas.
Ulises de Itaca: Ulises o Odiseo, rey de Itaca y protagonista de la Odisea, que junto con la Iliada conforman los dos grandes poemas épicos escritos por el griego Homero.
bastidor, y que es a su vez: "La eterna ley inmutable que actúa en toda mutación" (IChing).
Luis Felipe Noé, estará representando a la Argentina j a todos nosotros en la Bienal de Venecia 2009.
No duden que dentro de una inmensa arca, estaremos todos: su familia, sus amigos, sus paisajes, sus colores y sus personajes.....
Si, allí estaremos todos: navegando... en el Arca que abarca su inmenso y humano corazón.
Arte Poética
Jorge Luis Borges
Mirar el río hecho de tiempo y agua y recordar que el tiempo es otro río, saber que nos perdemos como el río y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño que sueña no soñar y que la muerte que teme nuestra carne es esa muerte de cada noche, que se llama sueño.
ver en el día o en el año un símbolo de los días del hombre y de sus años, convertir el ultraje de los años en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso un triste oro, tal es la poesía que es inmortal y pobre. La poesía vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara nos mira desde el fondo de un espejo; El arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios
lloró de amor al divisar su Itaca de verde eternidad, no de prodigios. También es como el río interminable que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable. |
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