Santiago del Estero, 1º mitad del siglo XX

Documentales de época comentados por Leonardo Gigli.
Con Dirección General de Cultura de la Provincia y Teatro "25 de Mayo", destinado a estudiantes santiagueños.

Programa Leer en Familia

Se desarrolla en escuelas rurales cercanas a la capital santiagueña. Tiene por objetivo promover la lectura con pie en el trípode familia-alumno-escuela. Con la Agrupación de Jubilados Docentes 11 de Setiembre.

Escríbanos
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Por Gabriela de la Orden de Peracca

 

Pueblos indios de Pomán. Catamarca (siglos XVII a XIX)

 

Historia compleja la del Noroeste argenti­no, cuyos lazos con la tradición parecen tan evanescentes. Sociedad sometida a profundas y traumáticas transformaciones al punto de perder la memoria de su origen... .
El espacio y el desarrollo cultural originario

El espacio geográfico en el que se desarrolla la vida de las comu­nidades aborígenes objeto de estudio, forma parte del actual Departamen­to Pomán, creado en el año 1869, uno de los dieciséis que conforman la provincia de Catamarca.
Según Morlans (1995), desde el punto de vista macroscópico el rasgo más destacado del paisaje catamarqueño es el relieve accidenta­do, donde áreas relativamente planas y hundidas (valles, bolsones), alternan con cordones montañosos que por el Este no alcanzan los 2.000 metros sobre el nivel del mar, sobrepasando los 6.000 metros snm en el límite occidental. Así, el factor orográfico (que representa según diversas estimaciones del 70 al 77% de su superficie) es determinante porque condiciona en gran medida otros factores, entre ellos, la distribución de los aportes pluviales, control en el desarrollo de las redes de drenaje, así como también sobre el tipo de flora y vegetación, entre otros. Entre los cordones montañosos hay una serie de valles longitudinales y an­gostos, y amplios bolsones y campos que suelen contener salinas y/o formaciones medanosas.
Los departamentos que conforman la provincia de Catamarca es­tán agrupados por regiones (Este, Centro, Oeste), en función especialmente de su posición geográfica y características orográficas. Pomán, junto con los departamentos Belén, Tinogasta, Andalgalá, Santa María y Antofagasta de la Sierra, integra la Región Oeste. A excepción del último departamento mencionado, los demás se encuentran dentro de las Sierras Pampeanas, sistema Narvaez-Cerro Negro-Famatina. El cor­dón Ambato-Manchao, con alturas medias de 3.400 metros y máximas de 4.300 metros, separa el Oeste de la Región Centro. Por las pendientes del cordón montañoso mencionado descienden importantes abanicos aluviales, hasta perderse en los bordes del salar de Pipanaco.
En la región señalamos cuatro cuencas importantes: Abaucán (Tinogasta), Yocavil (Santa María), la llamada Famayfil (Belén) y Paccipas (Pomán). El salar de Pipanaco es una de las cuencas cerradas más importan-tes de la provincia, limitado por las sierras de Ambato-Manchao al este, al norte, por las sierras de Andalgalá-Belén, al oeste, por el cordón de Zapata y las sierras de Velazco y al sur, por las últimas estribaciones de estas sierras que se unen con las de Ambato-Manchao. El salar de Pipanaco es la parte más deprimida, siendo una zona de aguas superficiales sin drenaje. Generalizando, el clima es subtropical, árido, con  precipitaciones que oscilan entre los 150 a 200 mm anuales, aunque en algunas localidades como Andalgalá y Belén se han registrado hasta 300 mm/año (Morlans, 1995; Costello, 2000).
La región de Pomán es alimentada por una serie de cursos de agua temporarios que descienden del cordón Ambato-Manchao; entre ellos, los ríos Blanco, Pomán y Saujil, que determinan la formación de una serie de oasis donde se concentró y se concentra el desarrollo poblacional.
El clima es continental con veranos cálidos e inviernos templa­dos, variando la vegetación y la fauna con la altura. Pomán ha sido ubicada en la provincia fitogeográfica del Monte y Prepuneña, pre­dominando en la primera los arbustales espinosos, como garabatos, shinki, lata y tintitaco, en tanto en la segunda se desarrolla una vegetación en la que predominan los chaguares y cardones. En el bolsón de Pipanaco, en las márgenes de los cursos de agua, zona de derrame de los ríos (bañados, en el campo de Andalgalá-Belén) y el área perisalina del mismo campo (Salar de Pipanaco) se desarrollan bosques de algarrobos y en algunas áreas, de retamo. Estas comunidades tienen asiento en aquellos lugares donde la provisión de agua es posible, en los horizontes subsuperficiales, donde existen corriente­s subterráneas o en cualquier lugar donde exista agua dulce a cierta profundidad en cualquier época del año.
En la fauna figuran especies como la chuña, los suris y perdices; entre los mamíferos, vizcachas, cuices, quirquinchos y otros de mayor tamaño, como el puma, guanacos y corzuelas.

 

La cultura

La historia cultural en nuestra provincia tiene su origen siete u ocho mil años antes del presente y, aproximadamente quinientos años antes de Cristo. Sus pobladores realizaron su tránsito hacia culturas sedentarias. Integran el área cultural del Noroeste argentino que era la más importante del territorio de nuestro país por su desarrollo cultural.
Gran parte de lo que es hoy Catamarca estaba habitada por los diaguitas, que ocupaban la franja longitudinal sur de valles y quebradas que comprendía los Valles Calchaquíes (Catamarca, Tucumán y Salta) y se continuaba hacia La Rioja y Catamarca. Los valles y que­bradas, que se extienden desde Jujuy al norte hasta San Juan por el sur, eran una zona muy poblada y habían alcanzado desarrollo cultural significativo: sedentarismo, práctica de la agricultura –la zona ofrecía excelentes recursos para ello–, siendo sus cultivos principales el maíz, zapallos, porotos, ají; domesticaban animales como la llama y la alpaca; ­en los bosques se realizaba recolección y caza. Realizaron obras en alfarería, metalurgia, piedra, madera y textilería. La circulación tanto de hombres como de bienes fué siempre fluída y las características geográficas facilitaron que las parcialidades allí establecidas se frag­mentaran en cacicazgos de variable población.
Éstos eran jefaturas flexibles, es decir organizaciones políticas ines­tables, pero que se podían consolidar cuando la coyuntura histórica lo requería; por ejemplo, una sublevación. Las jefaturas más fuertes se encontraban en la quebrada de Humahuaca, en los valles calchaquíes y el valle de Hualfín. Lorandi (2000) dice que en el resto de la región: “Cada grupo se autoindentificó o fué identificándose con los demás en grupos particulares, lo que le permitía reconocerse a sí mismo y dife­renciarse de los otros...”, y a su vez “...desarrollar un sentido de pertenencia y adscripción étnica bien definida en términos generales”. La fragmentación política determinó multietnicidad en todo el territo­rio del Noroeste.

 

Períodos

¿Cómo se alcanzó este desarrollo cultural? Siguiendo al arqueólogo Rodolfo Raffino (1999), la historia de las culturas del Noroeste se dividen en Precerámico (8000 a.C.); período Agro Alfarero, subdividi­do a su vez en Temprano, Medio y Tardío, (600 a. C.) hasta la llegada de los incas a la región; 1470, el período Inca o Imperial que se inicia en la fecha indicada y se extiende hasta el año 1536, expedición de Diego de Almagro desde Cuzco; de allí se inicia el período Hispano-Indígena y por último, el Colonial en 1660.
En el periodo Precerámico, los pobladores que habitaron el área geográfica de Catamarca y toda la zona alta del Noroeste formaron pequeños grupos de cazadores-recolectores; el hombre se apropió para su subsisten­cia de los seres vivos en estado natural. Los instrumentos de esta época fueron trabajados a percusión sobre piedra para obtener filos cortantes como cuchillos, raederas y fundamentalmente,  puntas de proyectil.
En lo que es hoy nuestra provincia, en el período Formativo Inferior o período Temprano, se desarrollaron las culturas Condorhuasi, Alamito, Ciénaga, Saujil y Palo Blanco en Abaucán. En el período Medio, llamado también Formativo Superior y Floreciente Regional Subandino (500 a 800 d.C.), se alcanzaron formaciones socioeconómicas más complejas con una escala de rangos jerárquicos. La cultura más representativa es La Aguada, cuyos vestigios se concentran en los valles del Oeste, centro y Este de Catamarca y noroeste de La Rioja. La misma alcanzó en la cerámica y en la metalurgia, un desarrollo cultural significativo que no fue superado por otra cultura regional posterior. Su cerámica presenta numerosos tipos, desde algunos como los bruñidos grises, negros y marrones decorados con grabados tanto geométricos como figurativos. En la cerámica pintada sobresale la polícroma en negro y rojo sobre crema en los valles del Oeste. En ellas, se encuentra una gran variedad de formas y de decoración predominando una ideología “felínica”, como dice Raffino, “socialmente protagonizada por el sa­cerdote, el chamán o el sacrificador; una jerarquía religiosa que ocupa­ba la cúspide de la pirámide social”. Además se advierte ya un desarrollo militarista.
Los arqueólogos Kriscautzki y Togo (1997) han realizado excavaciones y estudios en más de dieciocho sitios arqueológicos de Pomán, entre ellos Mutquin (I a VII), Rio Siján, Saujil (I a III), y la mayor parte de la cerámica que aparece en el registro corresponde a La Aguada decadente.
Los poblados de la cultura Aguada responden a una planificación previa, según sus funciones: rituales o religiosos, sitios habitacionales o bien estructuras escalonadas en varios niveles, como las ubicadas en cumbres del cerro de Ambato. En los bordes del salar de Pipanaco, Pomán, se ubican enormes sitios habitacionales como los de La Ciudarcita y Pajanco. La Ciudarcita se encuentra ubicada en las proximidades de Saujil (al norte). El conjunto consta en su mayor parte de amplias pircas rectangulares que encerraban viviendas que no existen. Los recintos pircados son variables, levantados con canto rodado del río de regular tamaño. Además hay otros pircados aislados de forma cuadrangular y algunos círculos de piedra. Tuscumayo, en las proximi­dades de Mutquin, se parece a La Ciudarcita por la disposición de sus pircados, pero esos son más bajos, por lo que Brusch señala que el lugar podría haber sido un centro agrícola de importancia.
En el periodo Tardío, llamado también de Desarrollos Regionales (a partir del año 800 d.C.), las entidades más representativas correspo­nden a las jefaturas o señoríos, designados asimismo cacicazgos o naciones. Si bien tenían una localización espacial es muy difícil establ­ecer su ámbito territorial. Desarrolla-ron prácticas de regadío artifi­cial y construyeron terrazas agrícolas, lo que les posibilitó una mayor producción. Sembraban predominantemente maíz, zapallo, papa, y ají; domesticaban llamas y recolectaban algarrobo, chañar, mistol y molle, entre otros frutos. El mejor aprovechamiento de los recursos determinó un crecimiento demográfico importante y surgieron protociudades, algunas de ellas cabeceras políticas, ubicadas estratégicamente, lo que evidencia desarrollo urbanístico y arquitectónico. En nuestra provincia ubicamos, entre otras, Corral Quemado (en Hualfin), Fuerte Quemado y Quilmes (en Yokavil) y Watungasta (en Abaucán).

 

Competencia

Otro aspecto a destacar es la competencia entre jefaturas o señoríos vecinos, lo que determinó la formación de pequeños grupos independientes que se enfrentaban por el control y expansión del territorio, lo que dejó un registro arqueológico con predominio de construcciones de tipo defensivo; entre ellos, los pucarás. Como señala Rubio Durán, resulta dificultoso localizar los territorios de los grupos étnicos debido especialmente a que tenían un patrón de asentamiento disperso, lo que les posibilitaba la práctica agrícola de la diversificación del riesgo y para ello necesitaban el control de espacios geográficos discontinuos.
La cerámica pierde en calidad estética, con diferencias regionales en sus estilos. Mientras que en el altiplano se desarrollan notablemente las artesanías textiles –en calabaza y en madera-, en los valles meridionales, especialmente en la zona Calchaquí, avanza notablemente la metalurgia del bronce. En Catamarca se destacan como más conocidas las culturas arqueológicas Santa María y Belén (oeste) y Sanagasta (sudoeste). En ellas sobresale la cerámica funeraria, urnas que se diferencian en sus proporciones, colores, decorados y calidad de la pasta. Prevalecen los diseños decorativos geométricos realistas o abstractos.
Es muy poco lo que se conoce sobre las parcialidades aborígenes que vivían en la zona de Pomán. Una de ellas era la de los Colpes, que habitaban el noroeste del actual valle de Catamarca y la vertiente occidental de la sierra de Ambato, en una región que Shaposchnik (1994) llama el valle de Colpes, es decir, el espacio geográfico comprendido entre el actual Colpes de Pomán y el Colpes de Ambato. Se trataba de una unidad de nivel étnico extendida en sentido transversal sobre el Ambato. La autora mencionada dice: “...la categoría valle pasa del nivel geográfico al de la organización social, al interior de un espacio determinado”. Este tipo de localización posibilitó la práctica de la estrategia de complementariedad ecológica y diversificación del riesgo ya señalada.
En cuanto a su nivel de organización social y política, respondía a características de los curacazgos que se dieron en la región del Tucumán. La autora citada los denomina “jefaturas flexibles”, características por su inestabilidad; no obstante, se podían consolidar alianzas bajo una determinada jefatura.
En la historia cultural prehispánica del Noroeste argentino y de Catamarca, se pueden señalar rupturas y continuidades hacia el año 1471, en que la región fué conquistada por los incas, vasto imperio que con centro en Cuzco se extendió desde el actual Ecuador hasta el río Maule en Chile. El Noroeste argentino fue incorporado al imperio por el décimo monarca de la dinastía cuzqueña, Tupak-Yupanky, y pasó a formar parte de la provincia inca del Kollasuyu. La conquista fue motivada porque en la región la población originaria desarrollaba la explotación metalífera y agrícola-ganadera, así como también como paso para la conquista de Chile. En la zona calchaquí se produjo una tenaz resistencia a la dominación incásica que culminó dejando múltiples conflictos entre los distintos pueblos, como consecuencia del establecimiento en la región de aliados indígenas, los mitimaes o mitmakunas, provenientes del altiplano o de la cercana zona santiagueña, los que tenían la función de defensa de las fronteras, producción económica y contribución en el proceso de aculturación de las comunidades originarias.
La región del Tucumán pasó a formar parte de tres provincias: a) Chicoana, con capital en La Paya; b) Quiri-Quiri, con capital en Tolombón y/o Shincal; c) desde La Rioja (Chilecito) al sur existía “otra provincia”, posiblemente dependiente de Chile, que Alberto Rex González tituló “Auatral”. Los incas establecieron como elementos de dominación la lengua quechua y el llamado camino del Inca, el que desde Cuzco hacia Bolivia, la Argentina y Chile, constituía una vía de comunicación de aproximadamente 9.000 km. En función de este se ubicaron los tambos -en el NOA se construyeron ciento setenta- y otros centros administrativos y militares como, por ejemplo, El Shincal, capital regional, construida en las proximidades de la actual Londres (Belén), ubicada a 1.240 metros de altitud con una superficie de veintiuna hectáreas, de las cuales la mitad corresponden al centro cívico. Raffino considera que la población mínima fue de quinientos ochenta y seis habitantes, estimación que hace sobre el área potencialmente techable del casco urbano del Shincal. La ocupación militar les permitió remodelar protociudades preexistentes con fines administrativos o artesanales. Entre ellas Tilcara (Jujuy), La Paya (Salta), Fuerte Quemado, Quilmes de Yokavil y Watungasta. También construyeron fortalezas como el grandioso Pucará de Aconquija.

 

Camino del Inca

Recientes estudios arqueológicos (Kriskautzki,  2003) demuestran que por la zona del actual departamento Pomán pasaba un tramo del camino del Inca ubicado sobre la margen oriental del salar de Pipanaco, entre las localidades de Mutquin al sur y Pisapanaco al norte. Probablemente, este camino vinculaba el Pucará de Aconquija con las instalaciones incaicas meridionales, constituyendo una vía de comunicación con la Tambería de Chilecito. Entre los sitios que se encuentran en estudio, el más importante es el de Rincón de Malcasco, en altitudes entre 900 y 1100 metros sobre el nivel del mar, el que abarca una superficie construida de más de trescientos mil metros cuadrados, destacándose el usñu con acceso por escalones y un espacio abierto o plaza. El autor citado y sus colaboradores expresan que probablemente la región, en donde se encuentran represas, andenes, terrazas y collcas era de producción de alimentos como de metales, lo que habría determinado la construcción en la misma del camino incaico.
En la zona de Pisapanaco se registran cerámicas incaicas asociadas con las locales tardías. En cuanto a datos demográficos sobre el total de población indígena para la región del Tucumán antes de la llegada de los españoles, los autores que abordaron el tema señalan la dificultad de establecer estimaciones debido, sobre todo, a las escasas fuentes. Rosenblat (1945) calculó la población de la Argentina –dentro de los límites actuales hacia 1492-, en 300.000 mil aborígenes. Horacio Difrieri (1961) no se aleja mayormente de estos guarismos, ya que señala para el total de nuestro país 340.000, y para el Noroeste, unos 200.000 aborígenes.

 

Primeras décadas del           siglo XIX. Mestizaje y persistencias originarias

En los primeros años del siglo XIX se mantuvo el número de indios tributarios, 195 originarios, quienes fueron registrados en las fuentes pagando tributo hasta el año 1808 y continuó en vigencia la presión fiscal. A los originarios se suman aproximadamente 60 indios atacamas, radicados desde las últimas décadas del siglo anterior en Santa María, Andalgalá y, en escaso número, en Fiambalá, Tinogasta. Estos indios eran forasteros, es decir desvinculados de su comunidad de origen, por lo tanto pagaban tributo de $10 por cabeza, lo que aumentó la renta fiscal en concepto de tasa. La zona de radicación preferencial, Santa María y Andalgalá, era rica en potencialidad económica agrícola-ganadera y minera, lo que sin duda atrajo la migración de los atacamas que en su región de origen tenían escasas posibilidades de subsistencia. Además, en Santa María no había pueblos de indios como consecuencia de la derrota y erradicación de los indios calchaquíes y en Andalgalá, los pueblos que quedaban tenían escasa población, por lo que la oferta de trabajo debió ser mayor.
La Revolución de Mayo de 1810 determinó la constitución del primer gobierno patrio, lo que significo asumir la responsabilidad del gobierno propio, dando inicio al proceso de ruptura definitiva con la metrópolis española. Poco después el Primer Triunvirato ordenó la realización de un censo que fue levantado en el año 1812 aunque, como dice Maeder, los motivos de su realización no son todavía bien conocidos. Este censo registra para Catamarca una población de 20.962 individuos de los cuales el 34,17% corresponde a indígenas. En el período intercensal 1778-1812, el ritmo de crecimiento poblacional fue constante, un 36,87%. Continuó la migración interna hacia el Valle Central (Curato Rectoral), que aumentó su población en 43,39%, en detrimento de los curatos del este, (Concepción del Alto y Ancasti) donde ésta disminuyó un 42,36% y 47,54% respectivamente. También se dio el mismo proceso en el Curato de Belén (comprendía el oeste), aunque con índices más bajos.
En cuanto a Pomán, en el período 1771-1812 (831 y 523 habitantes respectivamente) disminuyó su población en un 37,06%, lo que probablemente se debió a la disolución de los pueblos de indios y a la migración interna. La población estaba en 1812 concentrada en Pomán de Londres y Rincón de Malcasco; en ellas quedaban sólo 51 indios, los que representaban un 9,75%. Considerando para este grupo étnico el período intercensal 1786-1812 (población indígena 312 y 51 respectivamente), señalamos una abrupta caída demográfica de 83,65%, que relacionamos con la disolución de los pueblos de indios y el mestizaje, intenso en la región como en toda América Latina. Ratifica lo expresado el porcentaje de mestizos, 42,82%, los que superan a la población blanca, 39,40%. Los pardos y mulatos significan un pequeño índice, 7,65% y los negros, apenas el 0,38%.
Además del mestizaje, en la disolución de las comunidades indígenas influye la política liberal de los gobiernos patrios que marginó aún más al indio, especialmente por la consagración legal del principio de la propiedad privada de la tierra; aún cuando siguió vigente hasta la sanción de la Constitución de 1853 la legislación española que reconocía la propiedad comunitaria.

 

Prácticas delictivas

Es probable que la situación de pobreza y marginalidad fuera determinante para que los indios aparecieran involucrados en prácticas delictivas, especialmente robo de ganado caballar y mular. Las actividades delictivas se concretaban en la hacienda del presbítero Nicolás de Sosa. En el año 1815, don Juan Asencio Salas, cuyo apoderado presbítero Nicolás de Sosa, denunció por robo de ganado a los indios colpes y pipanaco. Expresaba en la demanda que esta práctica databa de muchos años atrás, y Joyango era el lugar donde se realizaba la "carneada" del ganado. El análisis de la documentación nos permitió conocer que en esta práctica, realizada no tan sólo en la hacienda de Sosa sino también en la de don Nicolás Cubas (ubicada en el actual Departamento Ambato), participaban tanto indios como indias. Uno de los testigos, Juan Piguala, vecino de Colpes, declara: "...con dificultad se encontrará persona en este pueblo, Joyango, Pipanaco y aún del Pantano, que no esté comprendido en los cuantiosos robos que le han hecho al ministro Sosa de su estancia tanto de ganado vacuno, como caballar y mular...". Actuó como juez Genuario Elena, comisionado por el teniente de gobernador don Feliciano de la Mota Botello. Sentenció a seis indios involucrados en los robos a pagar al presbítero Sosa con productos de la tierra. En el expediente actúan el alcalde de primero y segundo voto y la documentación está inconclusa. La fuente nos permite conocer que los indios con estas actividades delictivas se insertaban en el mercado colonial a través de la venta de ganado faenado, cebo y ganado caballar y mular en pie.
¿Por qué el expediente está sin concluir? ¿Algunos de los funcionarios actuantes apoyaban a los indios en sus actividades delictivas, compartiendo con ellos los beneficios económicos? Son preguntas que por ahora quedan sin respuesta.
El testimonio de un testigo calificado, el humanista y empresario Samuel Lafone Quevedo, que vivió en Andalgalá en las últimas décadas del siglo XIX, nos permite conocer la pervivencia de las culturas originarias puestas de manifiesto en la perduración de los apellidos, en las artesanías, en las costumbres y en la lengua quechua que había sido impuesta en la región por los incas, perdurando aún más en la zona por los mitimaes establecidos en ella.
Sobre el pueblo de Pipanaco, Lafone Quevedo (1888) decía: "La tez oscura y los nombres Huasquinchay, Liquitay, Chumba, Caliba o Colihua, Cativa o Catihua, Callahuai y muchos otros, atestiguan el origen de estas gentes de cuyo medio recién está desapareciendo la lengua del Cuzco”. O bien este otro relato: “Una viejita llamada Magdalena Gómez, famosa médica, que sabe componer quebraduras y zafaduras, con un andar de reina en medio de su pobreza, vecina mía,... me entretuvo más de tres días dándole salida a casi dos tercios de las voces quichuas contenidas en la reproducción del diccionario de Holguin por von Tschudi... Ella tiene según me dijo, como ochenta años, pero aún viaja en su burrito leguas y leguas de un pueblo a otro...”. Expresaba además que en Andalgalá se habían acabado los “cuzqueros”, quedando tan sólo algunos en Colpes y en otros pueblos del Departamento Pomán. Este último testimonio fue corroborado a Lafone por un capataz de una estancia de Pomán que le decía: “Hablándole de los indios de esta jurisdicción que usan la lengua del Cuzco, me contaban que los de Mutquin y Colana ya la iban dejando por la mucha burba que se les hacia...”.
Como vemos la lengua que predominó fue la impuesta por la dominación incásica y aún más en la zona, por el probable origen mitimaes o mitmakuna de los mutquin y pisapanaco. No obstante la lengua originaria, el cacán, pervive aún en los nombres de varias localidades de la región como Colpes, Saujil, Sijan y Colana.
Adán Quiroga, otra figura destacada de la época (jurista, arqueólogo, periodista y poeta), humanista comprometido con su tiempo y con la región, amigo de Lafone Quevedo, que recorrió la provincia, nos dejó en su obra Calchaquí  valiosos relatos de la pervivencia de lo originario. “He dicho y lo repito nuevamente, que nada hay que se compare, siquiera en importancia a los valles del oeste de Catamarca. Allí pueden admirarse los pueblos indígenas y allí se levantaban también las fundaciones primeras de la estrategia castellana... Es allí donde se admiran las nativas construcciones... a unas cuadras de Saujil (Sahuil) se ven las diseminadas ruinas de lo que hoy se denomina La Ciudarcita, pueblo indígena de importancia. No esta muy distante Tucumanao... que mucho dará aún que hablar. Los valles de Tinogasta y Abaucan... ofrecen asimismo valiosas riquezas arqueológicas: siempre llamará la atención la renombrada fortaleza de La Troya... antiguamente denominada Batungasta (Watun-gasta)...” (Quiroga, 1992: 14).

 

Los encomenderos

En cuanto a los encomenderos, algunos de ellos por los servicios prestados a la Corona, sentaron las bases para mantener a los indios encomendados por varias generaciones. Un ejemplo paradigmático es el de la encomienda de Colpes, Mutquin y Colana, que permaneció como merced real por cuatro generaciones en una misma familia, el general Francisco de Nieva y Castilla y sus descendientes (desde mediados del siglo XVII hasta fines del siglo XVIII). Además los progenitores que usufructuaron del beneficio de indios encomendados construyeron, sobre la base de la mano de obra indígena, el poder económico, base para el acceso al prestigio social y al poder militar y político. Entre los descendientes de este linaje, el ejemplo más destacado es el del general Esteban de Nieva y Castilla (1669-1730), encomendero de los pueblos de indios Colpes, Mutquin y Tinogasta. Su poder económico y prestigio social pasó a la familia Cubas-Nieva y Castilla por el casamiento de su única hija con el maestre de campo (de origen español) Francisco de Cubas y Palacio. Los descendientes del general Francisco de Nieva y Castilla, a través de los matrimonios, formaron densas redes de poder entroncándose con otros linajes destacados como de la Vega y Castro, Agüero, Pedraza, Herrera y Barros Sarmiento, entre otros. En la tercera generación el apellido Nieva y Castilla inició un proceso de difuminación llegando hasta nuestros días como Nieva o Romero-Nieva. En cuanto al linaje Cubas, mantuvo su prestigio y poder acrecentados en la etapa independiente por el gobernador don José Cubas, que fue ejecutado por orden del gobernador de Buenos Aires don Juan Manuel de Rosas en 1843. Llega hasta hoy con descendencia; entre esta las familias Galíndez, Cubas-Ramos, Cubas-Scaltritti y Saadi-Cubas.

 

Notas

1. Profesora y Licenciada en Historia, Magíster en Historia Latinoamericana, se desempeña como docente investigadora en la Facultad de Humanidades de la U.N.Ca. Es miembro de Número de la Junta de Estudios Históricos de Catamarca. Este artículo forma parte de su obra Pueblos indios de Pomán. Catamarca (siglos XVII A XIX); Editorial Dunken; Bs. As., 2003.
 2. Lorandi, 1992.
3. Sus límites son al Norte el Departamento Andalgalá, al Este, los departamentos Ambato y Capayán, al Sur, la provincia de La Rioja y al Oeste, los departamentos Belén y Tinogasta.
4. Esta denominación fué dada por los españoles, en el primer siglo de la colonización, a naciones o parcialidades que hablaban la lengua cacán o cacano.
5. Se realiza una breve síntesis del tema. Véase entre otros autores González y Pérez (1973); Berberian y Raffino (1992); González (1998); Kriskautzki (1999) y Raffino (1999).
6. Véase sobre el tema, Raffino (2004). El autor señala que el Shincal de Quimivil es una de las cuatro mejores instalaciones incas en territorio argentino.
7. A.G.N., Sala XIII. 12.10.5. Legajo 4. Libro 5, 11, 13, 15 y 19.
8. Fuentes: Padrón de 1771. En Acevedo, 1965; Padrón de 1778. En Larrouy, 1921, datos del censo de 1812 fueron tomados de Maeder, 1968.
9. A.H.C., Caja Número 25. Año 1815. Expediente 1.068.
10. Fue publicada por primera vez en Tucumán en el año 1897 y recibió elogiosos comentarios de figuras prominentes, como Bartolomé Mitre, Ricardo Rojas y Bernardo Canal Feijoo, entre otros. Raffino, en Quiroga, 1992.
11. Véase sobre el tema de la Orden de Peracca, 2002.


Lorandi, 1992.

 

 

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