La fascinación que nos producen los vidrios, la transparencia del material, la refracción y reflexión de la luz, la infinita variedad de las formas junto a la gama inagotable de colores, crea en nosotros algo muy similar a los matices y a las veladuras que componen nuestros pensamientos en la construcción de nuestro mundo interior: la creación de diferentes transparencias, que unidas al movimiento ondulado de nuestros pensamientos, sensaciones y emociones, van conformando una propia visión, percepción y definición de la realidad en los diferentes planos y estratos de la vida: ya sea físicos, psíquicos o espirituales.
Los prestigiosos vidrios italianos del siglo XVI y XVII, como es el caso de la "copa Barovier", realizada en vidrio azul con figuras decoradas en esmaltes policromos o del juego de copas finamente decoradas con pigmentos, esmalte y oro; en la Francia del siglo XVI, eran considerados como carísimas y dignísimas piezas de arte y obsequios nupciales entre la realeza.
Las exquisitas botellas chinas, pintadas a mano (utilizadas para contener rapé), conocidas en el siglo IV d. C, los vidrios encon-
irados en las tumbas de los faraones egipcios, los vitreaux de las catedrales europeas, los vidrios coloreados de las mezquitas e iglesias barrocas, de los templos indios o tibetanos, revelan que en el hombre hay una búsqueda espiritual que se conecta desde la transparencia del alma y que navega en un gran océano de sensaciones y de colores, invitando al resto de los sentidos a volar hacia el refugio que cada uno de nosotros crea trascendente y elevado.
La pasta de vidrio, fue inventada probablemente en los países del Mediterráneo Oriental; es una mezcla de sílice, arena, caolín (o tierra rica en idioma mandarín), carbonato de sodio, nitrato de potasio, bórax y minio, añadida a un óxido metálico para obtener la coloración deseada. La mezcla se cuece en un horno a una temperatura entre 1.500 a 2.000 grados centígrados. Lo importante es que todos los diferentes elementos estén fundidos. La pasta de vidrio era vertida en diferentes moldes previamente preparados en función del gusto y de la utilidad; luego eran llevados nuevamente a hornear, pero ésta vez a una temperatura entre los 760 y los 1.000 grados centígrados. Una vez cocidas las piezas se extraían de los moldes y se dejaban secar. Con ésta técnica, se produjeron en Egipto (entre los años 1500 y 1000 a.C. aprox.), pequeños jarrones que sólo los faraones y las personas de alto rango podían poseer. Esta técnica se extendió a muchos países del mediterráneo, donde, hasta el siglo I a. C, se fabricaron recipientes para perfumes, ungüentos etc., destinados ya a sectores más amplios de la población y comercializados a otros países.
Junto a la técnica del núcleo de arena se desarrolló la de los jarrones tallados a frío a partir de un bloque de vidrio y pulidos mediante la muela. La verdadera revolución del vidrio, se produjo con la introducción de la técnica del soplado, probablemente iniciada en Siria entre los siglos I a.C. y I d.C, extendiéndose rápidamente hacia el resto de los países mediterráneos.
La búsqueda paulatina por conseguir fabricar vidrios más transparentes, (el cristallo del siglo XV) y el descubrimiento en Inglaterra del cristal en el siglo XVIII dieron vida a nuevas y diferentes tipologías. Quisiera hacer notar, que el vidrio antiguo no poseía la transparencia cristalina de los vidrios recientes, ya que técnicamente era imposible lograr semejante cualidad a partir
de una masa vitrea en su forma más pura. El vidrio absolutamente transparente, sin burbujas de aire es de manufactura actual.
En pleno siglo XX y finales del XIX, vuelve a surgir la antigua fascinación por las transparencias del vidrio. Artistas como Gallé, Lauque, Loetz, Daum y el innovador Charles Schneider, que utilizaba una técnica en la que intercalaba capas de vidrio en polvo coloreado con óxidos metálicos; asombraban al mundo con sus creaciones. El vidrio jaspeado, los exóticos decorados grabados al ácido, creaban efectos de contraste entre las zonas opacas y transparentes, logrando así diferentes atmósferas en la misma pieza.
Argy-Rousseau (ingeniero físico, químico, músico y fotógrafo), exhibió magníficas piezas en la Exposición de París en 1914. Tras el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón en 1922; se orientó decididamente hacia la temática egipcia: círculos, rectángulos, líneas rectas, grecas y el repetido motivo del escarabajo sagrado (encargado de llevar el alma hacia las esferas superiores) son motivos frecuentemente encontrados en todo el Art Decó e incluso en nuestro arte actual.
Desde hace algunos años, aquí en nuestro país, han surgido estupendos artistas que trabajan
muy bien la técnica de vitrofusión, creando verdaderas obras de arte.
La diversidad de éstos maravillosos objetos, parecen comparables a nuestra vida humana: coloridos o monocromáticos, transparentes o turbios, texturados o lisos, ornamentados o simples, profundos o superficiales, que con la característica de lo inmensamente frágil, hace por contraposición que nos fundamos en lo humano para poder trascender así, a través del arte, del bien, de la belleza y de la poesía. ■
"Hay una cola que sirve para pegar vidrios, búcaros u otros hermosos vasos de Damasco o de Mallorca, que se hayan roto. Hela aquí: toma barniz líquido, un poco de albayalde y verde de cobre. Añádele aquel color de que sea el vidrio; si es azul, un poco de índigo; si es verde, domine el verde de cobre, et sic de singulis.
Muele bien estas cosas juntas muy finamente. Toma los trozos rotos y así estuvieran en mil pedazos, júntalos por medio de esta cola. Déjalo secar por espacio de algunos meses al sol y al aire y verás que esos vasos son más fuertes y se defienden mejor del agua allí donde están las pegaduras que donde no".
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