"...el historiador de la literatura de América, deberá buscar en el pueblo mismo, en la grandes corrientes del sentimiento colectivo la norma cronológica y la razón espiritual de los procesos estéticos parangonando la Historia externa con la Historia literaria."
Ricardo Rojas, "Eurindia"
El nacionalismo, entendido como doctrina coherente que interpreta el país y su historia comienza en la Argentina con dos libros: "La restauración nacionalista", de Ricardo Rojas y "El diario de Gabriel Qui-roga" de Manuel Gálvez. Tanto Gálvez como Rojas pertenecían a viejas familias provincianas que habían tenido fundamental ingerencia en el gobierno de sus
respectivos estados (Santiago del Estero, en el caso de Rojas, y Santa Fe, en lo que hace a Gálvez). Los dos convergen en Buenos Aires y sufren el impacto de la gran ciudad cosmopolita ("Cos-mópolis", la llamará Rojas en un libro homónimo); los dos se hacen escuchar desde la revista Ideas, fundada por Gálvez que expresa, precisamente, los primeros diagnósticos sobre la realidad argentina, y los incipientes ideales de la que iba a ser llamada "generación del Centenario".
Antes que "La restauración nacionalista" publicó Rojas" El país de la selva" (1907). Situada en un registro intermedio entre la ficción y el ensayo, la obra alcanzó un gran éxito de público y sorprendió por su originalidad, por cuanto incluyó también un repertorio de leyendas y figuras míticas del folklore santiagueño, fruto en su mayoría del sincretismo criollo-aborigen, recreadas por el autor. Mientras las selvas están siendo sometidas a talas indiscriminadas, Rojas recuerda en estas páginas la primera conquista encabezada por su homónimo, don Diego de Rojas.
Como bien señalan algunos autores no puede decirse que Rojas haya sido ni deseado ser, un escritor "regiona-lista", pero elige comenzar desde su "patria chica" una labor que insumirá toda su vida: recuperar un acervo tradicional que juzgaba absolutamente necesario para re-trazar la figura espiritual de una nación que, desde su punto de vista, amenazaba con desdibujarse.
Ya en este libro aparecen ideas largamente propagadas en su obra posterior: la compenetración del ser humano y el medio natural y la revaloración del mestizaje hispano-indígena como tronco matriz de Iberoamérica. Y desde luego, la función reparadora del poeta: si la selva ha sido condenada por la civilización a desaparecer, al menos la poesía puede rescatar la riqueza cultural que la selva engendrara, ésta es la misión que Rojas asumió para inmortalizar un habitat geográfi-co-simbólico que todavía nadie había contado, integrándolo a la "geografía espiritual" de la Argentina.
Los próximos libros de Rojas anticiparán otras inquietudes: "El alma española" (1907) da cuenta de su fascinación por España y de sus lecturas españolas. El espectro de autores de los que se ocupa es extenso, desde el punto de vista ideológico y estético. Sus adhesiones más personales están por aquellos que se han comprometido en una empresa de "regeneración" nacional: el atraso, la superstición, el patrioterismo, el autoritarismo, el catolicismo sombrío que impide el goce de la naturaleza y de la vida, el poder clerical, "son todas remoras de las
que España debiera desprenderse para recuperar su grandeza creadora". Y los artistas que se están ocupando de ello son preferentemente, no los castellanos, sino los que provienen de las provincias, de las regiones donde se hablan también otras lenguas: vascos, gallegos, catalanes; del mismo modo espera Rojas que la renovación llegue desde las provincias argentinas.
Vale decir que el hispanismo de Rojas no es regresivo ni prescrip-tivo: no propone el retorno nostálgico a la España conquistadora de la cruz y de la espada; al contrario, señala que los tiempos han cambiado y que ya no sirven para ella "las condiciones místicas y guerreras de su antiguo vivir", pero purifica el legado hispánico en la tradición y el idioma. Sostiene, además, que ese legado alcanza su expresión y transformación más origina], no en un español peninsular, sino en un hijo de las ex colonias: Rubén Darío, "representante genuino del alma de nuestra América", dirá Rojas.
En "Cartas de Europa" (1908), Rojas vuelca en crónicas que se publicarían en el diario La Nación, sus impresiones de viajero, donde siempre se halla, como referente virtual, su país de origen. A él termina remitiendo o enlazando sus múltiples observaciones sobre educación, religión, arte, arquitectura, y por supuesto, construcción de la nacionalidad.
En "Cosmópolis" (1908), una miscelánea sobre ciudades, costumbres y escritores, señala la importancia de que la nación sea también una patria: no sólo una
entidad jurídico-política, sino la tierra de los antepasados, "rincón de ensueño y de memorias". Pero, aclara, la "unidad espiritual" y el "culto a la tradición" no deben significar hostilidad al progreso ni a la fraternidad, en un mundo que tiende cada vez más a un "modo uniforme de vivir".
"La restauración nacionalista", obra objeto de análisis de este trabajo, surgió de un viaje realizado por su autor para estudiar "el régimen de la educación histórica en las escuelas europeas". Rojas era entonces funcionario del Ministerio de Instrucción Pública, pero señala que su comisión europea se debió más a su iniciativa personal que al interés de las autoridades, a tal punto que no se le acuerdan, durante su estadía en el extranjero, honorarios ni sueldo. Desde su título, este informe, que se publica por primera vez en una imprenta estatal y aunque, según Rojas, en ese momento no fue leído por nadie en el gobierno, elige un tono deliberadamente provocativo y polémico.
"La restauración nacionalista" y "Blasón de plata", se inscribirán en los fuegos cruzados entre "nacionalistas" y "cosmopolitas" que en realidad continúan, en el Centenario, una polémica de ya larga data en la sociedad. Ambas obras de Rojas serán una respuesta al sentimiento de disgregación social y pérdida de especifidad cultural y hasta de soberanía nacional que experimentaba buena parte de la opinión pública argentina, no solamente grupos minoritarios de la élite.
Rojas sintetiza y representa esa tendencia, desde un pensamiento idealista, a tal punto que en el prólogo a la segunda edición, afirmó: "...mi propósito inmediato era despertar a la sociedad argentina de su inconsciencia, turbar la fiesta de su mercantilismo cosmopolita... sabía que nadie había de prestarme atención si no empezaba por lanzar en plena Plaza de Mayo un grito de escándalo".
Sobre la base de lo expresado, este trabajo pretende analizar no sólo las obras que compendian el pensamiento educativo de Ricardo Rojas, sino también las circunstancias contextúales que contribuyeron en la formación de dicho pensamiento. En consecuencia, con esta investigación, se pretenden alcanzar los siguientes objetivos:
■ Analizar las circunstancias contextúales que presentaba el país y el mundo, a comienzos del siglo XX, en lo referente a la educación, en general, y a la enseñanza de la Historia^ en particular.
Comparar los métodos instrumentados en Europa y en La Argentina para la enseñanza de la Historia, en cuanto a criterios científicos y pedagógicos.
Para este análisis se llevó a cabo un estudio de carácter exploratorio -descriptivo de fuentes bibliográficas, consideradas claves para este análisis, del autor objeto de conocimiento, tomando como base el estudio de los modos de práctica pedagógica europea y local y la relevancia de la enseñanza de la Historia para
la construcción de una identidad nacional.
La Restauración Nacionalista
La primera edición de este libro apareció en 1909 y luego de doce años, en 1922, en ocasión de reeditar la obra, Rojas sostuvo en el prólogo a la 2a edición lo siguiente ".. .dejé pasar el tiempo sin reimprimir el libro, desoyendo incitaciones de lectores y libreros, porque aguardaba para hacerlo una ocasión propicia, que tal vez ha llegado. El editor D. Juan Roldan se propuso reimprimir todas mis obras, y en la serie debía necesariamente entrar "La Restauración Nacionalista", cuyos viejos ejemplares suelen andar de mano en mano gracias al préstamo amistoso, o aparecer de tarde en tarde a un alto precio en las librerías de canje. Entre mis obras, ésta es una de las que han alcanzado éxito más sostenido, ruidoso y extenso, de ahí que sea menester, al reimprimirla, informar al lector sobre su discutida historia".
Este libro nació de una misión que le confiara el Gobierno argentino para estudiar el régimen de la educación histórica en las escuelas europeas. Luego de cumplir el encargo, regresó al país, presentó el informe, bajo el titulo de "La Restauración Nacionalista". Dicho informe, impreso oficialmente, fue repartido gratis a los maestros y publicistas. La doctrina de esta obra vino a herir prejuicios e intereses en la sociedad argentina y, a raíz de
ello, surgieron voces apasionadas para fustigar al autor. Entre esas voces, no fue la menos mortificante la que en el periódico de tradición Tribuna se deslizó bajo la forma de una displicente bibliografía, poniendo en duda la sinceridad del autor, y dejando entrever que defendía a la Patria porque el Gobierno le había pagado para hacerlo. Rojas, supo soportar en silencio la injuria porque, en realidad, se había propuesto no polemizar sobre este libro, dejando que él solo se abriese camino entre la discusión pública, pues estaba seguro sobre el destino que le aguardaba. Sobre el tema, sostuvo "años más tarde vino a mi casa, para pedirme un servicio, cierto periodista extranjero aquí avecindado (que yo sabía era el autor de aquella bibliografía anónima) y cuando lo hube servido, le hablé del ingrato asunto; él se excusó, respondiendo que no había tenido la intención de ofenderme, y que su suelto era una de esas cosas a vuela pluma, sin meditación ni información, que a veces publican los periódicos".
"La Restauración Nacionalista", que nació de un viaje por Europa, fue en su origen un informe oficial, "Yo era funcionario del Ministerio de Instrucción Pública cuando realicé mi viaje a Europa; el Gobierno me dio licencia para el viaje, pero sin goce de sueldo; no cobré un solo centavo de honorarios por mi trabajo; y ni siquiera fue puesto en venta mi libro. Cobrar honorarios del Estado, aún por trabajos oficiales que no se hacían, era la tradición de nuestro país". La inicial decisión no fue del Gobierno, sino de Rojas, y la pidió porque el novel autor buscaba una ocasión de resonancia para decir sus verdades, sino no se comprenderían aquellas palabras que colocó en el prólogo de la primera edición: "Este informe no podía ser documento que holgando esfuerzos en burocrática inepcia comenzara por el "vuestra excelencia" ineludible y terminase con el "Dios guarde" sacramental".
Sin embargo, el informe manuscrito no fue considerado por el Gobierno; el ministro lo guardó en un cajón de su escritorio y allí hubiera quedado, a no ser por la insistencia de Rojas en que lo devolvieran, y le permitiesen imprimirlo en los talleres de la Penitenciaría Nacional, para que los maestros pudiesen conocerlo. Así se hizo, y durante varias semanas trabajó a la par de los presos, que le tomaron gran simpatía, consiguiendo de sus manos un volumen "estampado con amor y con elegancia".
Dado ese carácter precario de "La Restauración Nacionalista" por su origen ocasional, había en su forma primitiva dos materias visiblemente yuxtapuestas:
■ una de simple información objetiva, puramente didáctica, sobre los métodos de la enseñanza histórica en las escuelas de Europa (capítulos II, III, IV yV)y
■ otra de crítica personal, acentuadamente política, sobre la educación argentina frente a la crisis de conciencia americana
(capítulos I, VI y VII).
De ahí que aquellas dos partes, accidentalmente unidas en el informe según aparecieron en la primera edición, hayan debido ser separadas al hacer la nueva edición, que bajo el nombre de La restauración Nacionalista contiene lo que directamente le atañe: el problema de la humanidades modernas (historia, geografía, moral e idioma). Así es que el volumen quedó formado por dos partes, la primera integrada por los capítulos I, VI y VII (la educación frente a la crisis) y la segunda que trataba sobre la metodología en las escuelas de Europa, titulado "La enseñanza de la Historia en las escuelas."
Contenido de la obra
El tomo I de "La Restauración Nacionalista" quedó conformado por tres capítulos:
1. El primero titulado "Teoría de las Humanidades Modernas".
2. El segundo "Crítica de nuestra educación".
3. El tercero "Bases para un renacimiento nacionalista".
En el capítulo primero intenta teorizar sobre la Historia como ciencia y como asignatura. Rojas llegó a concluir que el problema tenía su raíz en la desastrosa experiencia de cincuenta años de la enseñanza de la Historia, por lo que recomienda la adaptación de los programas, de los textos y de los materiales didácticos empleados, pero una adaptación en función de las necesidades argentinas.
Luego de realizar un pormeno-
de la Historia, desde Homero hasta los Cronistas de América, se detuvo en el análisis del aporte realizado por el Inca Garcilaso de la Vega, a quién consideró como el precursor de la integración de la Historia, ya que él juntó la descripción del ambiente geográfico con el de las primeras razas que lo habitaron, habló de la fauna, la flora, la lengua, los vestidos, la arte, las casas, las decoraciones, la escritura, los cultivos de la era precolombina. También narró el descubrimiento y conquista del nuevo mundo hasta la guerra civil de los conquistadores españoles que terminó con la muerte de Almagro. Destacó, además, que la utilización de la tradición oral como única fuente de información podría marcarse como uno de los límites del aporte historio-gráfico de este cronista.
Sobre la base del análisis minucioso de la trayectoria de los estudios históricos, llegó a inferir que la verdadera Historia es aquella que permitió ampliar sus estudios con la ayuda de las Ciencias Auxiliares, ya que le permitieron comprender el territorio y su influencia sobre el habitante, la raza y sus transformaciones, las ideas y sus formas estéticas o religiosas, el héroe y las muchedumbres, el gobierno y las familias, las costumbres y la ley, la evolución interna y externa de las instituciones, etc. propendiendo, así, a una suerte de síntesis sociológica aún no encontrada. En este sentido, el mismo autor sostuvo "esa integración del contenido de la Historia, ha comprobado también un cambio en la naturaleza de la misma. Los clásicos la consideraban como un género literario, pero los modernos han pretendido hacer de ella una ciencia".
En cuanto a esta problemática, Rojas sostuvo que la Historia no es instructiva a la manera de las Ciencias Naturales o de la Matemática, pero es esencialmente educativa del carácter y de la inteligencia. El autor dirá que "la Historia no es solo la base de las Humanidades sino que tiene su complemento y su razón de ser en todas las otras". También enfati-zó en que la Historia es educativa de la inteligencia, porque es un ejercicio de la memoria, de la imaginación y del juicio. Más adelante, alimentará la tesis de que la Historia tiene una gran influencia como disciplina moral, "tiene la influencia del ejemplo" dirá Rojas. Sobre esta base sentenció que el Profesor de Historia tiene el derecho de ser un moralista pero aún más, tiene el deber de serlo. Por tanto evitará el dogmatizar, el declamar, predicar, pero deberá detenerse ante los hombres honestos cuando los encuentre a su paso.
El peligro
En lo concerniente a la Historia como promotora del patriotismo, señalará el peligro que constituye falsificar la verdad histórica. Pero aclara, que todo patriotismo debe servir a la Historia sin traicionar la verdad ni caer en la innoble patriotería. De este modo, infiere
Frente de la Casa Museo de Ricardo Rojas en Buenos Aires: reproduce la fachada de la Casa Histórica de Tucumán
que el patriotismo es el sentimiento que mueve a amar y servir a la Patria siendo, a su vez, la Patria el territorio, pero munido de valores económicos y morales.
Otro problema que amerita considerar es el por qué no les atrae a los alumnos la Historia. Sobre ello y luego de comparar los sistemas de enseñanza que rigen en el país con los europeos llega a concluir que estos últimos dejaron de ser clases tediosas para transformarse en amenas donde la Historia no se reduce a utilizar la mente del discípulo en su afán de memorizar fechas y nombres. Por el contrario, se apeló a presentar el colorido de los hechos y la fisonomía del héroe de carne y hueso. Dirá Rojas que el fracaso de la pedagogía se encuentra en esa suerte de "muralla de intelectua-lismo presuntuoso" que se levantó entre la enseñanza y la vida.
"La Restauración nacionalista" es tal vez su libro más vehemente, donde su nacionalismo asume un cariz predominantemente defensivo. Antes que los aspectos afirmativos, positivos, de esa amplia tradición artística y cultural, de cuyo rescate historiográfico Rojas fue innovador y pionero, se enfa-tiza el temor frente a lo que se experimenta como invasivo y disgregante. Así, en la "Crítica a nuestra educación" (segunda parte del libro), se resumen tópicos que habían estado sobre el tapete parlamentario desde mediada la década del '80, así como en el horizonte de preocupación de escritores e intelectuales, aunque Rojas aparezca como el que los instala, doctrinariamente, en un marco, el del Centenario,
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donde adquirirán especial resonancia. Se refieren todos ellos al problema de la educación, y se pueden citar, entre otros:
■ la crítica de un excesivo "liberalismo" que llevaría al Estado a descuidar su indelegable papel tutelar en el ámbito de la enseñanza;
■ la crítica a los maestros ineficaces, mal preparados, o sin vocación;
■ las objeciones contra programas de estudio que no tienen que ver con las necesidades del país, que son copia de programas europeos, o que descuidan la enseñanza del idioma, la geografía y la historia patrias;
■ el peligro que representa la escuela extranjera en tanto que, librada a su arbitrio, formará también ciudadanos extranjeros, como si éstos hubieran nacido en un dominio colonial de sus respectivos países y no en una nación soberana.
Muchas de estas cuestiones se habían discutido en el Parlamento y en la opinión pública; algunas estaban solucionadas o en vías de solución, como el problema de las escuelas extranjeras. El temor ante el establecimiento de la "Gran Italia", allende los mares, mediante la formación de colonias espontáneas, no había sido sólo una fantasía aterradora de las clases dirigentes: correspondió a un sector de la política italiana que realmente predicaba el expansionismo, en un momento de auge colonialista en el que Italia iba a la zaga de otras naciones más poderosas. Pero ya no era realmente sostenible en las vísperas del Centenario.
Para la época en que Rojas publica su informe, la cuestión de la enseñanza del idioma nacional en las escuelas de las colonias, italianas o judías, estaba bajo control. Por otra parte, algunos de los remedios preconizados por Rojas: "pedagogía de las estatuas", liturgia patriótica, veneración de los símbolos patrios, culto de los héroes, se habían discutido en foros públicos y constituían ya una metodología en marcha.
Pero lo esencial y lo novedoso de su programa fue el colocar la enseñanza de la Historia en el eje de la educación, desde la misma escuela primaria, como disciplina formadora de la conciencia nacional, capaz de dotar de un contenido vivo a la conciencia cívica. En esa Historia, se resig-nifica la vieja "barbarie": gauchos y mestizos serán los hacedores de la independencia y del espíritu nacional. Y se resignifica asimismo el papel, pasado y futuro, de las provincias, ahogadas bajo la excesiva influencia de Buenos Aires, que supo imponer todos los parámetros pero que es, justamente, el enclave donde el ambiente moral se halla más enrarecido.
De esta forma, la "tradición nacional" que busca Rojas hace el camino inverso del progreso tecnológico y económico: ha de llegar desde el interior profundo a la metrópoli sin "alma", para cambiar la orientación espiritual de la vida nacional, no ya los hechos concretos ("no se trataba de cerrar las fronteras, ni de
enviar a los inmigrantes o a los inversores extranjeros a sus países de origen)". Vale decir que Rojas no se propuso negar el presente cosmopolita, por el contrario, buscará en él todo principio espiritual que articule ese aporte en un todo social que, por necesidad histórica, debe ser un todo nacional.
Cabe advertir, por otra parte, la riqueza diferenciada con que Rojas percibe ese complejo legado autóctono, donde incluye los mitos y las lenguas aborígenes, consideradas dignas de figurar en los planes de estadio al lado del castellano como idioma nacional, y se obstina en preservar la toponimia indígena y criolla. También coloca a los "grandes caciques" en la nómina de héroes que debieran ser objeto del conocimiento escolar.
Sobre el análisis realizado, el mismo Rojas concluye "si naciones fundadas en pueblos homogéneos y con tradición de siglos, lejos de abandonarla, tienden a fortificar la escuela propia...es tanto más necesario en naciones jóvenes y pueblos de inmigración".
En el tercer y último capítulo del tomo I, titulado "Bases para el renacimiento nacionalista", el autor desarrollará en toda su complejidad el proyecto de educación propuesto y que él denominó "La restauración nacionalista", proyecto basado en los siguientes principios: ■ Hacer de las humanidades un grupo de asignaturas coherentes, afirmando la unidad de su fin intelectual y ético, a pesar de su división en asignaturas
parciales.
■ Imprimir a estas últimas, por medio de la Filosofía y de la Historia, un carácter más bien educativo que instructivo, fundando disciplinas intelectuales y cívicas, de acuerdo con cada grado de educación.
» Dar preferencia, en la extensión de los estudios, al conocimiento del propio territorio, de la propia tradición, del propio idioma, de los deberes inherentes a la vida argentina.
■ Estudiar los pueblos extraños, no por la vanidad de conocerlos, sino en la medida que han contribuido a nuestra formación o que podrían más tarde influir en nuestro desarrollo.
»Producir una adaptación de todo ese caudal de conocimiento a lo singular de nuestra posición histórica y geográfica, a fin de redimirnos del funesto manual extranjero que siempre nos tiranizó.
Orientar la enseñanza, así organizada, hacia la formación de una conciencia argentina más homogénea, y de un ideal colectivo de hegemonía espiritual en el continente. En definitiva, el Rojas del Centenario es reacio a incorporar la "diferencia" cultural inmigratoria a la matriz de la nacionalidad, pero le restituye en cambio la "diferencia" aborigen, como motor activo de la cultura y de la historia patrias capaz de transformar, de manera irreversible, al conquistador.
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