Santiago del Estero, 1º mitad del siglo XX

Documentales de época comentados por Leonardo Gigli.
Con Dirección General de Cultura de la Provincia y Teatro "25 de Mayo", destinado a estudiantes santiagueños.

Programa Leer en Familia

Se desarrolla en escuelas rurales cercanas a la capital santiagueña. Tiene por objetivo promover la lectura con pie en el trípode familia-alumno-escuela. Con la Agrupación de Jubilados Docentes 11 de Setiembre.

Escríbanos
Escríbanos!

Por Miguel Perrin

 

Curador de almas.

 

El chamán "abuelo erudito" manipula otro mundo a su voluntad.

Era un chamán muy prestigioso. Desde muy lejos venían en consulta a su casa perdida entre cactus y árboles raquíticos. Setuu-ma, del clan Püshaina el clan del pécari, vivía en Hawo, Alto-Guajira, parte central de una gran península habitada por los indios guajiros, extremo norte de América del Sur entre Venezuela y Colombia. También iba con fre-
cuencia a la ciudad a visitar su familia que había emigrado allí, atraída por el extraño mundo blanco de los "Alihunas". En Los Olivos, barrio de casuchas en Maracaibo, capital venezolana del petróleo situada a unos cien kilómetros del territorio indio lo vi por primera vez el 12 de agosto de 1973, gracias a mi amigo e "informador" desde ya más de cuatro años, Jusé Uliyu, de 30 años, quien había confiado a Setuuma al que admiraba, su joven hijo Chichón, delgado y sufriente, afectado por frecuentes diarreas. Con respetuoso afecto lo llamaba Tatuushi, "mi abuelo", o Chi pülashi, "el sabio", como signo de confianza y reverencia. Los Guajiros llaman "sabios" a los "verdaderos chamanes", personas, hombres o mujeres que saben ver y manipular el "otro mundo", donde viven seres sobrenaturales que presi-
den el destino de la naturaleza y de los humanos. El hombre común en cambio, sólo accede de manera casual a ese mundo, por el sueño o la enfermedad, las dos salidas temporales del alma fuera del cuerpo. Jusé le había hablado de mí a Setuuma en términos enfáticos: yo era su hermano extranjero, su mejor amigo, venido de lejos, "del otro lado del mar", más conocedor de las costumbres guajiras" que los propios guajiros. En resumen le dijo que yo también era un poco pülashi. También indica la importancia que atribuyeron a la reunión. Recordaré siempre la fuerte impresión que tuve al ver este viejo sabio instalado en un pueblo de casuchas miserables donde cientos de guajiros se juntan entre empalizadas de alambre de púa a medio terminar, separados por mínimos espacios, precario habitat en un paisaje de escoria, hedor y tumulto, del todo opuesto a ese inmenso espacio del casi desértico territorio tradicional.
Tendría unos 50 años, de cara lisa. Allí estaba en actitud de profunda meditación, sentado en una silla insegura bajo un árbol maltrecho, sus cabellos muy negros atados con una vincha blanca. Su "sheinpalajana", ropa de blanca tela plegada para gente de prestigio, le tapaba las rodillas. Calzaba las tradicionales sandalias de cuero crudo, con una camisa tipo occidental como usan hoy los Guajiros al salir del ambiente doméstico. Desde una casa cercana llegaba el sonido de un tambor, continuo y obsesivo...
Para ganar su confianza y testimoniarle mis conocimientos, en un guajiro cuidado le expuse lo que sabía sobre chamanismo y mi deseo: que contara ante el grabador su iniciación, su modo de curar y los hechos más relevantes de su carrera.
Entonces Setuuma habló casi cuatro horas sin parar, en un flujo continuo de palabras rápidas, en tono confidencial y apasionado, que sólo interrumpían las preguntas de Jusé y las que yo le soplaba.
"Al principio, en nuestro sueño, hubo una gallina que cacareó", dijo. Significaba la charla del chamán.
"Siguió un canto, similar al del gallo, que preanunciaba el canto del chamán que somos nosotros hoy día. Aunque éramos niños todavía, eso ya se grabó en nuestra mente..."
"Otro día, más adelanté, le dolió el corazón. Su cuerpo estaba dolido, le dolía la cabeza. Tenía ganas de dormir y cabeceaba. Entonces oyó una voz que le decía: ¿En vez de dormir, no quieres esto? En su sueño le ofrecieron tabaco para masticar y él lo tomó."
"Como era apenas un adolescente, lo guardó en su estómago: no le dijo nada a nadie, porque ni sabía lo que eso significaba..."
Setuuma hablaba de sí mismo diciendo "nosotros", o "él". Extremando una suerte de ambivalencia típica del guajiro chamán
del que se dice "no es un hombre solo":
Aparte del cuerpo y el alma como la gente común, él posee uno o varios espíritus auxiliares, uno o varios "wanulus". Espíritus sobrenaturales que "hablan por su boca" y así, el chamán se vuelve portavoz del otro mundo; al mismo tiempo es él y otro, una tercera persona. Además, intenta experimentar la realidad de esta ambivalencia bebiendo zumo de tabaco, atributo primordial del chamanismo guajiro. Los efectos alucinógenos del vegetal, asociado por la mitología al sobrenatural jaguar, de hecho le permiten al chamán <fiver de modo distinto que con los ojos". El tabaco bebido en actos de cura, causa la llegada de espíritus auxiliares. Entonces se dice que el chamán "se abre": emite un diagnóstico y propone un tratamiento revelado por ese otro mundo. El tabaco es también una sustancia que testea la "asunción" de un nuevo chamán cuya vocación se impone al término de un itinerario personal que suma "buenos sueños", fobias alimentarias y frecuentes enfermedades. El rechazo por el principiante del jugo de tabaco es un signo de las dificultades que afrontará hasta ser un chamán.
Setuuma hablaba de sí mismo diciendo "nosotros" o "es" porque, según dicen, "el chamán-guajiro no es un hombre solo, los espíritus hablan por su boca". A Setuuma lo dominaba la memoria de sus anteriores padecimientos. Aparecieron en el corredor unos niños riendo y llorando. El los despidió con la mano. Su "sobri-
na" Too'tora, que era también una chamán extraordinaria, se acercó para interrogarlo; con un gesto pidió que no lo interrumpiera. Iba a evocar el momento en que, por fin, después de un desmayo, cierto chamán le confirmó públicamente su vocación chamánica:
"...Otro día, siguió, ya siendo adulto ¡Urulu!, cayó antarca, como muerto. Ahora sí estaba listo. Llamaron urgente otro chamán que le sopló jugo de tabaco por la nariz, los brazos, el cuerpo todo. Después recuperó la conciencia y alguien le hizo beber tabaco. Entonces pidió un sonajero y empezó a hacer ¡Shu! ¡Shu! Empezó a soplarlo. Ahora asimilaba bien el tabaco, ya no lo vomitaba. Eso soy yo, voy a ser chamán, se decía. Seré rico, mis ropas serán finas, obtendré buena comida a cambio de mi trabajo. Así pues, ahora ya era casi un chamán, eso se acababa de construir en su corazón. Comenzaba ya a tener poderes sobrenaturales, ya aca.\mpü¿asbi."
Ya no tenía una enfermedad, sino un buen espíritu, un buen wanulu que lo ayudaría a curar a las gentes...
Setuuma describió entonces, con todo detalle, los hechos posteriores a esta crisis iniciática, durante la cuál el "chamán-iniciático", por mera presencia, acaba con la ambigüedad característica del principiante: de allí en más su poder de curar a los demás superaría su facultad de estar enfermo y soñar; los wanulus serían "buenos espíritus auxiliares" y no volverían a ser lo que fueron antes de la "muerte pequeña", embriones de espíritus auxiliares, aunque también enfermedades y espíritus maléficos. El papel del guajiro chamánico es esencialmente simbólico, significando la posición que debe reconocerse al recién llegado. El no revela ningún secreto, no comunica ningún conocimiento. Setuu-ma insistió en ese punto: conocía todo desde antes, el sueño se lo había revelado; sólo cuentan los poderes sobrenaturales, el saber revelado; su iniciador solo le había enseñado mínimos detalles como agarrar mejor el sonajero o soplar con más vigor el jugo de tabaco, del cuál ya conocía lo esencial por haber sido criado por chamanes desde la infancia, transcurrida, además, junto a parientes de chamanes... Setuuma se puso a dibujar arabescos en el suelo de arcilla. Permanecía callado largo rato, y de súbito evocó con ardor la ceremonia ocurrida al "abrirse" al chamanismo:
"...Vayan a buscar el tambor, hay que organizar un baile. Vayan a buscar la gente, hay que caínear vacas para alimento de todos, les dijimos entonces a nuestros padres, obedeciendo las órdenes del espíritu del chamán que nos instalaba".
No se inquieten, les retribuiré con mis espíritus cuando cante sólo, cuando las gentes me paguen por eso a buen precio. Ellos aceptaron. Después, tañeron el tambor y nosotros cantamos. Se adoptaron todas las precauciones para el festín. A nadie se le desbordó el caldo en el fuego. Nadie chupó huesos ni se los dio a los perros. Los juntaron para
tirarlos al mar. Nadie volteó la olla de maíz. Nadie copuló durante el baile. Todos estaban muy atentos, todos estaban en orden. De ese modo íbamos a ser un chamán con muy grandes poderes. Así pasó todo. Nosotros permanecimos entonces cinco días encerrados. Cantábamos al mediodía, cantábamos de noche. Nuestra alma se ejercitaba allá arriba, en el cielo, aprendiendo las palabras y jerga de la "chamanería", nombres y formas de las enfermedades. Esto es para el dolor de cabeza, decíamos, estotro para el de espaldas, para el corazón flojo,
para el contagio de animales.... Los espíritus ya estaban dentro nuestro. Los teníamos en el vientre, los teníamos en el corazón. Los convocábamos con ayuda del jugo de tabaco. Porque el espíritu de los chamanes es como las personas que hablan. Sus palabras llegan del sonajero o de la canción. Los chamanes no son como el doctor blanco que siempre está preguntando: ¿Dónde le duele? ¿Qué tiene usted? ¿Desde cuán-
do?, ¡eso no tiene ningún mérito! Los sueños y los espíritus le dicen todo a los chamanes. Pero los doctores nada quieren saber de eso. Nosotros, con el tabaco vemos Pulowi, la dueña de la ca2a, vamos donde están los muertos. Con nuestro espíritu vamos hasta el sueño que aprisiona las almas de los Guajiros cuando duermen, que enferma y mata, que es el hermano de la Muerte. Entonces nuestro espíritu vuelve trayendo desde el Sueño el alma pequeña del enfermo, en una pequeña bolsa... Nosotros tenemos cinco espíritus, dos se parecen a los de los blancos. Trabajan con la Lluvia, con la Luna y con el Sol. Ellos van muy lejos, más rápidos que la vista. "El verdadero chamán no tiene un libro donde leer el nombre de las medicinas. Recibe de los espíritus el nombre de las plantas que sanarán al enfermo. Sabe hacer puntas de fuego, sabe dar masajes y amasar a sus pacientes para sacarles la enfermedad..."
"De ahí en más su poder de curar superará por lejos la facultad de estar enfermo y de soñar". Setuuma levantó la cabeza. Su sobrina Too1 tora, venía con tres tacitas de café para sus huéspedes siguiendo la costumbre guajira. De un sólo trago tomó la bebida fuerte y almibarada. Aproveché el paréntesis para preguntarle por un hecho reciente. Una semana antes, una familia angustiada había hecho llamar a Setuuma. Su hija estaba muy enferma. Jusé, quien presenció la cura, me había transmitido la fuerte impresión que le había causado, y según sus dichos demostraba los extraordinanos poderes de Setuuma. "Si me pagas, te lo diré, me dijo Setuuma, porque mis espíritus todavía trabajan en eso y si no te pidiera dinero me castigarían". Convinimos el precio y enseguida Setuuma empezó su relato: ¡Aquí tienes un "collar de oro" por desplazarte, ven rápido, nuestra hija está muy mal! dijo un hombre al llegar aquí. ¡No! ¡No quiero ir! le contestamos nosotros. Estábamos muy cansados, y queríamos dormir. ¡Agarre estos dos collares de oro y venga enseguida! dijo otro pariente de la enferma. Nosotros nos negamos otra vez. Pero de inmediato la voz del más poderoso de mis espíritus me dijo al oído: ¡No, no te niegues, vamos a verla! Nosotros fuimos entonces. La enferma estaba muy mal, se había desmayado. ¡Qué puedo hacer, no hay remedio! Dijimos. Nosotros mentimos, no queríamos "chamanisar", queríamos volver aquí. No, canta por nosotros. ¡Si se muere usted no será responsable, y si se sana, tanto mejor! Queremos que viva. Somos ricos, le daremos de todo. Si quiere una muía, nosotros se la daremos, si quiere una vaca, se la , daremos. Si quiere nuestros hijos, se los daremos. Una mujer dijo: Si quiere que me acueste con usted, lo haré, y nada le pasará. En todo caso él riesgo sería mío. Yo no voy a cantar. ¡No la dejes morirse, no la dejes, no! gritó otro. Cantarás para ella, de golpe dijo nuestro espíritu. Entonces sacamos el sonajero y el tabaco y nos pusimos a cantar, cantar, cantar. "Soplamos el jugo de tabaco a todas las partes del cuerpo de la enfer-
ma. Ella empezó a respirar, a estornudar, a moverse. Mi hija ya está mejor, gritó su madre. Nosotros soplamos otra vez, soplamos y después la volteamos en su hamaca. ¡Tac! ¡Tac! Su corazón volvió a latir. Nosotros le tomamos la boca y le pusimos el jugo de tabaco. "La enfermedad salía de su cuerpo. Ya su alma retornaba, semejante a una luz pequeña, todavía muy débil. Su cara y sus ojos mejoraban de apariencia. De nuevo cantamos por satisfacer a los padres de la enferma. Cuida mucho a tu hija, no te apiades de tu propia pena. Así hablaron nuestros espíritus por nuestra boca. ¿Dónde está su enfermedad, lo sabe usted? alguien preguntó. La tiene aquí, cerca de la espalda, y en el estómago. Un "yoluha", el espectro de un muerto la ha victimado. Eso nos dijo adentro de nuestra cabeza el sonido del sonajero. "¡Entonces nuestros espíritus pidieron el pago de su trabajo: ¡una vaca negra! ¡un caballo! ¡un pájaro! ¡aritos y anillos! ¡Pronto! ¡Pronto!" "Enseguida, nosotros extendimos la enferma, le dimos masajes y de nuevo hemos cantado. Entonces nuestros espíritus pidieron el pago de su trabajo; nos hace falta una vaca negra, un caballo y un trupial (un pájaro de nombre exótico). Necesitamos un pedazo de tela roja y amarilla, aritos orejeros y anillos. También necesitamos una cabra negra, porque la victimaba un "yoluha". ¡Enseguida! ¡rápido, rápido!, dijo el más imperioso de nuestros espíritus. "Agotado, Setuuma paró su enumeración. Aterrizó en el muy delicado tema del precio
de la cura que con frecuencia los guajiros consideran excesivo. Setuuma explicó que nuestros espíritus auxiliares, habiendo sacado el alma de la enferma del mundo sobrenatural, imponían ese precio. Si sus demandas no eran satisfechas, la enferma no sanaría y el chamán enfermaría, víctimas los dos de los espíritus enojados. La familia de la enferma sería responsable. En caso de fracasar, el chamán salvará su responsabilidad siempre que no haya pedido objetos imposibles de encontrar... De hecho, generalmente el chamán calcula la cantidad de sesiones, adaptando el precio de la cura a la evolución de la enfermedad, a las posibilidades económicas del paciente y a su propia reputación. Setuuma era muy hábil en ese arte. Y, como todos los chamanes, enfatizaba su desinterés ya que, decía, "uno no puede llevar las joyas, ni comer los animales pedidos durante la cura; el chamán que así hiciera moriría, sus espíritus lo rechazarían para siempre". Ese día, evocó en detalle esta ingeniosa teoría que, simbólicamente al menos, permite disociar el poder chamánico del éxito social...
Después siguió el relato de la cura:
"... Ellos entonces juntaron lo que nuestro espíritu les había pedido. Arrearon ganado hasta la casa. Colgaron joyas y telas cerca de nosotros. Entonces volvimos a cantar. Con agua caliente le dimos masajes a la chica, la estiramos, la distendimos. Hicimos todo lo que los doctores blancos no saben hacer.
"Empezamos a cantar de nuevo. Hicimos por la enferma todo lo que los doctores blancos no saben hacer."
Luchábamos con todas nuestras fuerzas... Entonces su alma se reinstaló". Luchamos con todas nuestras fuerzas.
La tironeábamos para que le saliera la enfermedad. ¡Cha! Nosotros la separamos de la espalda. ¡Todo va bien, el dolor se rompió, está saliendo!, le hemos gritado a la familia. Después soplamos tabaco en la boca de la enferma.
Ella lo tragó y empezó a vomitar. Se sentía mejor simplemente porque habíamos extraído la enfermedad de su vientre. Ahora su corazón latía bien; su cabeza, sus espaldas, todo su cuerpo se aliviaban. Se reinstaló su alma.
Hace calor, dijo, voy a bañarme, después comeré. Entonces nosotros fuimos al monte a prepararle una droga basada en plantas-Este hombre es formidable, sus
poderes sobrenaturales son inmensos, decía la gente.
Y, una vez más, nuestro nombre se difundió, nuestra reputación creció...
Ya era tarde, la noche había caído. La entrevista acabó y salimos discretamente, según la costumbre guajira.
Muchas veces lo volví a ver a Setuuma. Me contó de otras curaciones y muchos mitos, con extraordinario lujo de detalles. A veces los alargaba con cuentos fantásticos asumiendo como personales actos de héroes legendarios... Así, otras muchas veces lo vi curando pacientes o "agorando" el mejor sitio para construir nuevas casas. Muchos guajiros le demostraban una admiración y confianza sin limites, como Jusé, que, angustiado por la enfermedad parásita de su hijo, aceptó satisfacer todos sus caprichos durante varios meses siguientes.
Otros, al contrario lo maldecían:
"Es un homosexual, y no para de comerse el dinero" Las críticas más virulentas venían de los pueblos de casuchas, víctimas de los cambios y de la "modernidad", pero también se oían en zonas
tradicionales. Como siempre se comparaban a los chamanes, no faltó quien se quejara de los precios excesivos de las curas, atribuyéndole una sexualidad desviada; los hombres, homosexualidad y las mujeres, perversión.
Sin embargo, los propios chamanes afirman que sus celosos espíritus auxiliares les impiden tener una sexualidad normal. Como quiera que sea, el chamán es un personaje temido y envidiado. Su vida no es realmente la de un brujo, pero indirectamente puede hacer el mal, dicen, o descuidando sus pacientes, o negándose a atenderlos.
Setuuma debido a su muy fuerte personalidad centraba en sí muchas pasiones. Esto le trajo una muerte prematura, ya que en diciembre de 1975 fue asesinado, todos afirman que por razones vinculadas a su posición de chamán.
Después, su recuerdo se siguió evocando muchas veces. Algunas de sus hazañas pasaron a ser leyenda.

Notas del traductor del francés:

-sonajero. Probablemente sea un instrumento para masticar y fortalecer las encías, pero con otros alcances.
-Espíritu, traduce lo que la microbiología celular contemporánea designa mente; definición más acorde con el pensamiento indígena. El uso de "espíritu" que todavía hacemos en la conversación corriente es una temerosa concesión al resabio feudal de los invasores del siglo XVI. ■




 

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