Los pueblos en tanto sujetos culturales ofrecen al curioso, al investigador, fenómenos tan particulares que suelen dar lugar a lecturas diversas, a veces contrapuestas. Fenómenos producto del contacto entre culturas.
Podríamos afirmar que ninguna cultura ha sido ni completamente original, ni completamente imitativa, aunque algunas son más originales que imitativas o viceversa. Así la cultura occidental en la modernidad es fértilísima en invenciones tecnológicas; aunque podemos dudar que sea comparable con la antigua Grecia, en invenciones filosóficas, por ejemplo.
En nuestro territorio primero se contactaron aborígenes pertenecientes a distintos grupos étnicos entre sí: los incas en su expansión hacia el sur del Perú
vencieron a los collas por ejemplo, luego lo hicieron los españoles venidos de "allende el mar" con los nativos de América. Los primeros, produjeron cambios en los esquemas culturales de los segundos. Estos "tonalizaron" tales influencias. Más adelante, los grupos de inmigrantes impactaron de distinta manera, dejando plantadas al menos dos posiciones en este sentido: la teoría del "crisol" o la del "pluralismo cultural".
Creo que se logró "mestizar las razas". En lo cultural, cada grupo mantiene en este territorio, costumbres, cosmovisiones u otros aspectos culturales propios de sus lugares de origen. Sobre esta diversidad hay que trabajar para resguardar o forjar la identidad.
Frente al proceso aculturador que nuestro pueblo sufrió, produjo de modo consciente y también inconsciente formas culturales como la "innovación", a partir de artefactos u otros instrumentos tecnológicos transferidos; o la "resistencia" que suele manifestarse en el "silencio", "la negación", "la furia contenida"; "el canto"; la "repetición de algo porque sí no más", etc.
A la lógica europea de la afirmación y de la imposición le resulta "ilógico" que los pueblos "modifiquen" o "resistan" sus creaciones espectaculares, cuya eficiencia y eficacia hará a los hombres del "resto del mundo", ser "alguien", quizás rico, quizás ilustrado, pero sin lugar a dudas culturalmente europeo.
En pueblos colonizados y neocolonizados como el nuestro estos fenómenos culturales adquieren verdadero significado, constituyen un camino para interpretar el impacto de la tecnología en la cultura1 de la región y más precisamente en la identidad entendida como la revalorización de la raíz hispanoamericana, en el fortalecimiento de lo local y nacional.
Hemos seguido a Rodolfo Kusch y a partir del discurso de la entrevistada: una tejedora atamisqueña ya fallecida, Isabel Guzmán, haremos luego una aproximación hermenéutica al simbolismo de este fenómeno artesanal: los tejidos. Que en el caso que nos ocupa, pertenecen a la zona de Atamisqui.
Las artes plásticas: Los tejidos artesanales
Aproximación hermenéutica a su simbolismo
Ayudados por el discurso de nuestra entrevistada Isabel Guzmán, trataremos de aproximarnos haciendo interpretación hermenéutica, al simbolismo solo de algunos elementos presentes en esta artesanía tan antigua.
¿Tuvo Isabel Guzmán y en general tienen las teleras loreta-nas o atamisqueñas, idea que se está viviendo una época donde se recibe constante invitación a ser "ciudadanos de la aldea Global"? ¿O recurrir a la escuela más próxima y pedir que hagan un diseño, para luego copiar y tejerlo? ¿O que el "trueque" que ellas realizan, nuevamente está siendo requerido y en otras localidades ya se estableció como los "clubes del trueque"? ¿Que con tanta herramienta y maquinaria actual su "telar", puede ser menos rústico, menos tosco?
Pero antes de tratar de reflexionar sobre estas cuestiones, hagamos una interpretación del tejido y del telar, en nuestra provincia.
Los Tejidos
En los tejidos santiagueños cualquiera sea su textura y aún ocasión para lo que fueron hechos, hay algo que llama la atención del espectador: el
colorido, el "colorinche" dirá I. Guzmán. Predominan los amarillos, los rojos, los anaranjados y algunas mezclas. Del uso puro o combinado de estos colores el resultado será siempre "chillón", brillante. Están presentes los grises. El negro tiene un uso definido. Por lo general, constituye el fondo donde la telera se expresará decorativa mente.
¿Qué productos utiliza para producir semejante colorido? Los que le proporciona la naturaleza: raíces, hojas, flores, frutos. No desconoce la química que en forma de anilinas, también las usó, pero el aporte de la naturaleza aquí como en el resto de Latinoamérica, es importante. La naturaleza es como un seno materno que le proporciona alimento, lugar y elementos para su tarea, pero también una mezcla de seguridad y tranquilidad.
En relación con la obtención de los colores para el teñido de las lanas, el mecanismo empleado es casero, fatigoso, lento. Por lo general, se utilizan cuando se trabajan prendas destinadas o relacionadas a familiares o con acontecimientos de la familia o de amigos, para uso de los mismos o para regalos. Cuando se trata de comercializarlos se emplea la química: anilinas.
Es evidente el valor asignado a lo que viene directamente de la naturaleza, que a su transformación mediante el conocimiento científico.
Los dibujos que completan lo decorativo de estos productos de la tecnología artesanal, son simples, sencillos. Sucesivas generaciones de teleras han empleado -casi con rigurosa exactitud- la misma guarda geométrica, idénticas composiciones florales o representaciones antropomórficas o zoomór-ficas. No se trabaja sobre la base de prediseños o calcas de ningún tipo. La urdimbre o base sobre la cual se hará el tejido es preparada por comparación con otra anterior, por imitación a otra que le gustó o "sacada de su propia cabeza" como dice nuestra entrevistada.
Frente a estos productos tan particulares tanto por su colorido cuanto por el dibujo realizado, nos inquieta saber: ¿Hay alguna relación entre lo representado en el tejido y el paisaje lugareño? ¿qué quiso decir la telera al emplear colores tan brillantes? ¿qué sentido tiene las recurrencia a la misma ancestral temática?
Wundt-psicólogo- y muchos artistas plásticos explican que los usados en la mayoría de los productos artesanales que se analizan, son colores que expresan vitalidad, excitación, movimiento. En general son colores de la cercanía. Podríamos decir que una historia que casi se pierde en el tiempo se hace presente en cada obra. Lo lejano está "ahí no mas" (ahicito). Splengler al hablar de la cultura griega decía que el rojo y el amarillo son colores de la
proximidad, a diferencia de los azules, verdes oscuros, los pardos que son colores de lejanía brumosa y de los horizontes lejanos. Es que para el santiague-ño todo está cerca, casi a la mano: su pasado histórico o el paisaje.
Color y dibujo constituyen "lo decorativo" de estos tejidos. Esto atrae, seduce, encanta. Más, no se quedan en la mera seducción sino que remiten a la búsqueda de un por qué, a la búsqueda de un sentido. Refiriéndose a la arquitectura y a toda la "gama de lo decorativo".
Gadamer, afirma: "Yla esencia de la decoración consiste en lograr esa doble mediación, la de atraer por una parte la mención del observador sobre sí, satisface su gusto, al mismo tiempo apartarlo de sí remitiéndolo al conjunto más amplio del contexto vital..." '
No queda pues, en la sola satisfacción del gusto del observador sino que en este caso particular, remite a preguntar por el sujeto que impulsa a la telera a preferir los colores de lo vital, de la cercanía, del movimiento. Pero también remite a preguntar el por qué de estos dibujos de animales o flores que se repiten sobre todo en los "baitones". Esto habla de la connaturalización del santiagueño con su paisaje, que también se advierte en la chacarera.
Aún cuando también trabaja con guardas geométricas, no logra desprenderse de lo vegetal, del paisaje. Los caracteres geométricos de la naturaleza como figuras serpenteantes, ojos
de perdiz, troncos, etc., están presentes en estos tejidos. Rodolfo Kusch dirá:
"... a través de líneas geométricas se destila cierta vegetabilidad."
Esta temática exclusivamente aborigen se encuentra también en las vasijas y cacharros que la arqueología ha logrado recuperar para la visión contemporánea de la vida de este pueblo.
Pero este paisaje tejido, este paisaje cantado no es una copia del original a la vista. Es la representación quizás de una historia de esplendor vivida antes que los pueblos comenzaran su "agonía" (Dr. Orestes Di Lullo), con la pérdida y/o cierre de sus pequeñas industrias.
Nos parece que la telera quiso trastocar un paisaje donde el progreso con su paso acelerado marchitó las flores, arrugó los rostros, agotó la vida. Ingenuamente quizás, quiso detener el tiempo en el momento más vegetal por el solo hecho de que antes -como dicen nuestros paisanos- era más "lindo". Lindo no sólo de lo grato a la vista, sino también de lo "mucho", o excesivo.
¿Por qué la tejedora de hoy sigue aferrada a esta temática? ¿Por qué toda vez que se deja librada a su propia inspiración, la realización de una obra, ella vuelve al mismo dibujo, a la misma guarda? ¿Por qué a pesar del aporte de la química, ella vuelve a la naturaleza para teñir los hilos que luego combinará?
Si la vieja temática no es cosa de la actividad de la inteligencia, a pesar de que nuestra entrevistada diga que los dibujos los sacan de su "propia cabeza", habrá que pensar que una permanencia que lleva varios siglos, es una cuestión emocional. En este sentido Canal Feijóo dirá:
"... porqué no suponer que lo hace desde la sangre, desde un fondo de inspiración de ra^a allanada pero no muerta.
Quizás esta misma emociona-lidad no solo posibilitó que esta costumbre se conservara sino que además encontró la energía necesaria para mantenerla viva, como uno de los tantos bienes que definen la identidad de este pueblo. Lo que es pasado continúa siendo presente.
¿Quién es el responsable de este trabajo? El sujeto colectivo que encontró en la telera el instrumento adecuado no sólo para la producción de tejidos, sino también para transmitirlos de generación en generación.
Pues, tal como nos dice Isabel Guzmán, nadie nos enseñó "es cosa como de nacimiento"... "saben de antiguo, de antes", "todos saben", entonces hay una memoria colectiva que guardó
estos conocimientos y técnicas que luego por vía oral o de imitación se transmitirán de madres a hijos, sin que medien currículas escolares de ningún tipo.
Ver un tejido no es preguntarse por la biografía de la telera que lo hizo ni siquiera por su profe-sionalidad, sino que ver, percibir se convierte en una forma de participar. De esto habla Gadamer y le llama "simultaneidad" y dice:
"En nuestro sentido "simultaneidad quiere decir aquí... que algo único que se nos representa, por lejano que sea su origen, gana en su representación una plena presencia..." "Consiste en atenerse a la cosa de manera que esta se haga simultánea, lo que significa que toda mediación quede cancelada en una actualidad total."
El tejido posibilita la participación de un pasado lejano pero que está "ahicito", así como el encuentro con la raíz aborigen, cuya presencia no es fantasmal sino viva, a pesar de los procesos colonizadores de que fue objeto y si bien hoy las "ferias de artesanos" muestran cómo influye la globalización y la
tecnología y los distintos procesos que ella crea para su propio sostenimiento, sin embargo las teleras están de pie. No lo piden, pero creo que habría que mejorar y ampliar sus acciones solidarias.
El tejido es así, acceso y encuentro con aquello que le da sentido a lo que la telera representa en su obra.
En los tejidos santiagueños, ya fueran los tan codiciados baitones, sobrecamas, chusis, ponchos, etc., hay un rasgo común y es el que hace referencia a la "ocasión" para la que fueron hechos. Han sido confeccionadas para el uso del hombre: cubrir-abrigando; abrigar dando o manteniendo el calor.
Gadamer al hablar de fenómenos estéticos como las artes reproductivas y aún las estatuarias dice que poseen un carácter de "ocasionalidad".
Creemos que la ocasionalidad pertenece al núcleo del sentido significativo del tejido, independientemente que sea explícito o no. Tampoco es un agregado a posteriori por el que la usará. Estas obras cubren, abrigan, dando o manteniendo calor y sólo hay calor donde algo está vivo o necesita calor para seguir viviendo.
Aquí nos preguntamos: ¿Quién abriga, quién cubre? LJn sujeto, pero también nos preguntamos por aquello que se cubre y necesita calor para seguir viviendo. Quizás tengamos que cubrir nuestra identidad que está viva, pero que necesita calor para seguir viviendo.
El Telar
Respecto de los instrumentos y utensilios que en la tarea del tejido se emplean, casi todos son construidos en la casa por el propio grupo familiar o comunitario. Entre ellos, solo nos referiremos al telar. El telar casero es hecho con maderas del lugar, tomadas del árbol del monte próximo, casi a la mano.
Lo vegetal, aún hecho telar, todavía conserva la vegetabilidad de donde provino. Las "horquetas" que antes sostenían los nidos de los pájaros, hoy sostienen los hilos con que la telera trabaja los recuerdos o las vivencias.
De fabricación rústica está clavado en el suelo. Más, no está clavado en cualquier parte como lo están las máquinas industriales, sino precisamente en el suelo de la casa donde vive la telera. Es aquí donde sus maderas se hunden.
El manejo del telar ha sido tradicionalmente una tarea realizada por mujeres. Hoy es el trabajo de mujeres que quedan solas. A diferencia de las industrias de cualquier tipo, cuyos operarios son especializados, en ésta, la mujer es quien realiza casi todas las actividades previas así como el tejido mismo. Ella es la única responsable de sus errores
y también de sus aciertos. No hay series. La serie -conquista industrial- no se la conoce en esta actividad. Cada "obra" es "la obra".
El telar no sólo mantiene a la mujer en la casa, sino que además organiza la vida familiar. Es él quién pone las normas referidas al trabajo, al descanso, a la recreación, a la atención de los niños y de los enfermos. Marca los tiempos del aprender y del hacer. Indica las operaciones para su funcionamiento: esquila, ovillado, teñido, tejido. Señala los roles que cada uno de los miembros de la familia deberá cumplir. Entre estos la mujer será la tejedora, el hombre en cambio será el encargado de las ventas o del trueque, fuera de la casa.
El trabajo está pautado por el ritmo natural del tiempo y ese ritmo es trabajo, alimentación, descanso. El telar comienza a moverse al amanecer, se detiene cuando el "sol está alto" -para el almuerzo- y calla su sonido cuando la luz del sol deja paso a las estrellas. No hay máquinas que objetivamente marquen las horas laborales. El telar se mueve al compás de los acontecimientos antes que en respuesta a la demanda comercial. Nuestra informante dice que la llegada de
familiares desde el sur -Buenos Aires-, por algún motivo, impulsaba a trabajar para la familia o para el regalo con que se los homenajeará. Por otra parte, también es cierto que el éxodo de los hombres, obliga a la mujer a tejer para mantener la familia durante esas ausencias.
¿Qué nos dice el telar? ¿Cómo interpretamos éste símbolo de la cultura santiagueña que se resiste a desaparecer?
Pensamos que el telar en muchas comunidades santiague-ñas es símbolo de vida y de muerte. Su monótono son es canto de vida y esperanza. Su mudez, oración fúnebre. La presencia del telar siempre aseguró la vida" por la fuente de recursos -muchos o pocos- que significó y esto es lo que rememora Isabel Guzmán cuando dice "... con eso nomás vivimos nosotros". Basta recordar la gravitación que tuvo esta pequeña industria artesanal, antes de la apertura del puerto de Buenos Aires. Este hecho -grave para el país- para nuestra provincia significó vaciamiento, despoblamiento. Los pueblos poco a poco devinieron pueblos de mujeres solas o en compañía de niños o de ancianos. Aquí el telar se hizo canción para la espera. Isabel Guzmán dirá "mujeres nomás trabajamos en eso".
Desde la privación de las compañías y de los afectos de la tejedora, desde la precariedad pero firmeza de su hechura, el telar produce para que los aconteceres cumplan su cometido: reunir la familia en los días, "fastos"" o "nefastos"; preparar los "avíos" para hacer más cortos los caminos de los retamos, etc..
Toda esta actividad que el telar genera lo hace desde una posición bastante particular ya que está clavado en el suelo del rancho donde vive la tejedora. ¿Qué reflexión merece esto?
El telar se hunde en el suelo buscando algo firme que sirva de sostén o sustento a lo que está afuera, arriba o encima. Esto indica: ¡Qué forzoso es buscar algo firme, la raíz que nos identifique, como pertenecientes a una cultura!
Sólo este arraigo a un suelo, el arraigo a la tierra formará nuestro sentido de pertenencia. Esto se presenta no sólo como importante sino, como necesario, ya que como dice Rodolfo Kusch:
La tierra hace crecer
"... la tierra hace crecer el maíz y no el maíz a la tierra".
La fuerza invisible que desde allí gravita hace que tengamos los pies en el suelo, que estemos arraigados a un suelo y que sólo desde allí tenga sentido la vida y nuestras creaciones.
Aquí hay un punto de apoyo domiciliado en una casa: quizás esto nos lleve a pensar que es necesario tener un domicilio cultural donde hacer algo o desde donde crear algo con sentido.
No en cualquier parte, no en
cualquier lugar se puede hacer algo que tenga sentido, y venderlo en todas partes como dice el principio del mercado: hacer algo en cualquier parte, casi siempre donde resulta más barato y venderlo en todas partes. En este territorio, ese lugar bien simbolizado por el telar es la raíz aborigen frecuentemente sofocada, cuando no directamente negada. -"Cava en la dirección de tus pies, allí encontrarás la fuente" decía Nietzche- o si encontró formas de resistencia es, porque tenía algo importante que decir. Es posible que no con la claridad y distinción europea, pero sí algo nuestro y dicho a nuestro modo.
El telar reúne los opuestos vida- muerte; lo que emerge y lo que está sumergido; la obra -los tejidos- reúnen lo lejano y lo cercano, atrae y remite, es recuerdo y proyecto. Ambos símbolos han permanecido casi inalterables desde hace más de cinco siglos y nos muestran que lo que dice R. Kusch para la América, lo podemos aplicar también nosotros:
"El sentido de la plenitud aquí apunta hacia abajo, hacia la tierra ...Todo lo abstracto, que en Europa mantiene una lejanía respetuosa, en América es cotidiano y próximo."
Basta recordar, los colores que la tejedora utiliza, el lugar que el telar ocupa en su casa etc., dan cuenta que ese pasado indígena de tantos años, diaria o cotidianamente se hace presente en los tejidos que producen para la venta o trueque o para que su
familia se abrigue.
Otro de los elementos que tiene una especial importancia en el discurso de Isabel Guzmán es el sistema comercial empleado: el trueque.
Habíamos explicado antes que no trabaja para tener más dinero o solo por él, sino que sí trabaja para satisfacer las necesidades de alimentos, abrigo, desplazamiento, festejos, etc., del grupo familiar. Buena parte de lo que produce será para cambiar por alimentos o ropa, proveeduría -en el almacén más cercano, el del "turco", -dirá Isabel Guzmán.
¿Cómo se procede? ¿Quiénes son los encargados de hacer el trueque? Pero antes: ¿Qué es el trueque? En esto nos guiaremos por Rodolfo Kusch para decir que el trueque:
"... es una actividad económica..." "que tiene una dimensión simbólica y cultural", "y que tal actividad implicaba además una amplia recuperación de lo humano, con la consiguiente reafirmación de valores."
Esta pauta cultural ancestral, es la que da sentido a la relación económica que proviene del telar y que todavía se practica.
Seguramente en ella habrá que buscar la callada protesta que está en el discurso de nuestra informante cuando nos dice: "el turco" no paga nada; "el turco provecha de nosotros". Con esta callada protesta es como si Isabel nos dijera que las normas tácitas del trueque se rompieron para posibilitar la ganancia de una de ellas. Pero sobre todo es una protesta ante la superioridad que se edifica sobre sus carencias. Creo que esto mismo sentimos cuando compramos algunos de esos productos que vienen en prolijos envoltorios plásticos pero no se los puede abrir. Cuando vuelve a su casa con tan pocas cosas a cambio de tanto trabajo, pero no tiene más remedio: las necesidades son grandes, las tejedoras están solas, y el comerciante está cerca.
¿Pero cuál es su defensa ante esta situación? Entregarle al "turco algo de menor calidad". Así hasta lona sabíamos desarmar y poner en la trama dirá I. Guzmán. Quizás desde afuera, desde un pensamiento culto, esta conducta puede ser considerada como repudiable, sin embargo en este contexto tiene otro significado. Un sentido alimentado por la fe puesta en un trato más humano, con pérdidas y ganancias para ambos, no que la balanza para el pobre siempre dé pérdidas.
A pesar de estas protestas y malestares podríamos decir con el Dr. Orestes Di Lullo:
"... qué de maravillas han salido de este instrumento primitivo
por arte de la "telera" santiagueña, todavía sentada ante el telar tradicional como antaño, recogida y silenciosa como si oficiara un rito, mientras el progreso se afana en una celeridad.., sin embargo, que extraordinaria... la de su obra, destinada a continuar siglos de costumbres, destinada a vivir elpasado en el presente para el futuro de la progenie, obra de perpetuación y de arraigo, donde se hallan todas las virtudes heredadas de la ra^ay cuyos rasgos infunden en la obra, como si el alma misma se infundiera en ella ".
El relato de Isabel Guzmán hace conocer otras circunstancias y que seguramente han quedado sin interpretación.
Pero sí creo que frente al proceso de Globalización, de la interpretación de estos símbolos quedan enseñanzas que servirán para construir nuestra utopía; y también se abren a preguntas como éstas: hay regiones donde mucha gente prefirió el trueque al dinero plástico:
¿Sólo como modo de sobrevivir o también como actitud "resistente"? Muchos son los que vuelven a la "tierra en la que nacieron" aunque sea seca, o despoblada, ¿sólo porque no quieren trabajar y aquí la vida es más barata y porque en este pago se puede entrar sin golpear?, ¿o por esa vibración interior que
les dicta tal preferencia? ¿Por qué esa actitud de no aceptación de la tecnología que podría mejorar la utilidad o estética del telar, en el caso que nos ocupa y siguen las familias "tejedoras" construyéndolo a su manera y con los materiales que tienen a su alcance? ¿Por simple ignorancia o porque la voz, la "sangre" (C. Feijóo) o la "raza" (O. Di Lullo), siente que debe mantener esta tradición que le da identidad a nuestro pueblo?
En una época en que las máquinas funcionan a control remoto, y que los pocos operarios que quedan no ven la hora de concluir su tarea, aquí la tejedora se posiciona frente al telar y junto a su tarea empieza a cumplir una especie de ceremonia sagrada, una especie de diálogo secreto entre sus recuerdos y el tejido que sus manos van dibujando, es decir que ella humaniza un trabajo que en otras dimensiones se robotiza.
Conclusiones
La resistencia es el comportamiento que encontró el pueblo para resistir el avance tecnológico, para ocultar lo auténtico, que en esta región tiene relación estrecha, con la tierra, con el paisaje.
Este conocimiento y el manejo de las técnicas previas al tejido así como las propias de actividades todas realizadas por la telera en su casa, le han dado a ella, cierto lugar de privilegio entre los artesanos tradicionales. Allí parece sentirse cómoda, a tal punto, que no se preocupa por las tentaciones tecnológicas que el mercado le ofrece y en lo que es hoy el territorio regional los tejidos se hacen con el mismo decorado, los mismos colores, idénticos usos, que aquellos que fabricaban los primitivos dueños de estas tierras.
Esto nos muestra que la tecnología y su poder globaliza-dor no es omnipotente y que a varias décadas de iniciado el proceso, no sedujo a todos. Vacila o se detiene ante la tenacidad tribal, ante la negación porque sí-no-más, ante la defensa de las tradiciones, ante los localismos. Parecería que vence, pero no termina de convencer.
En esta región su gente sabe hacer cosas: fabrica productos, conoce procesos, pero creo que adhiere a la técnica por cuanto ésta es ineludible al hombre, "es un instrumento fundamental en nuestro ancestral e inacabado proceso de hominización" como dice M. Casalla. Aquí también mediante ella inventa su habitat, pero se resiste a participar de la locura de las leyes y mecanismos globales y globalizadores que ella generó y genera.
Las experiencias vividas, guardadas celosamente en la memoria de las generaciones anteriores, para transmitirlas, fue una historia de dominación,
despojo y muerte de tantos nativos, con ayuda de la Tecnología; la de hoy es también efecto de ella y los sufren sobre todo nuestros norteños.
También "lo humano" es el protagonista de la actividad que se mueve alrededor del telar: realización de tareas - descansos- festejos - viajes - muertes -sistemas de comercialización, etc.
El rudimentario y rústico telar, de fabricación casera e instalación en el domicilio de la telera, nos deja un mensaje: la madre naturaleza provee los recursos y el hombre pone el trabajo, no hay máquinas industriales de por medio. No hay corte de árboles de modo irracional, sino de aquél que tuviera edad suficiente para sostener los recuerdos de la tejedora. También "dice" el telar que es necesario tener un domicilio que nos identifique como pertenecientes a una cultura. Esto no es otra cosa que el "ethos", la fuente donde encontrará sentido todas las manifestaciones o creaciones; donde el hombre hallará la necesaria estructuración de sus relaciones con el paisaje, con los demás
hombres, con la trascendencia.
Pero también el telar al hundirse en el suelo domiciliario buscando algo firme, buscando sostén para lo que produce la telera, nos está señalando la raíz originaria de nuestra identidad que es la aborigen. Es una tarea cotidiana.
Es posible que lo producido no sea valorado monetariamente en proporción al trabajo realizado y al tiempo empleado: ¿Pero quién se sustrae al "presenciar" en simultaneidad, un pasado de más de cinco siglos? ¿Quién no piensa en tantos héroes conocidos o desconocidos, de antes o de tiempos más cercanos, que cobijaron sus corajes o sus miedos bajo algún poncho o baitón? ¿Quién no piensa en las omisiones curriculares u olvidos educativos o en las vergüenzas que tantos proyectos ayudaron a formar?
No niega la técnica, la utiliza; no se niega a la técnica sino a aquella que no respeta la vida. Al contrario, la telera humaniza la técnica, y las actividades que ella origina, mientras que en otras dimensiones o territorios, la técnica y sus actividades mecanizan, robotizan al hombre. Entre la telera y su telar se entabla una especie de diálogo secreto, preanuncio del rito que comienza y que se renueva cotidianamente.
Esta renovación cotidiana de los valores que constituyen elementos identitarios de nuestra cultura regional, es el mejor ejemplo que podemos tomar de estos actores y de este símbolo.
El telar y los tejidos muestran que se confeccionan y se usan casi de la misma manera que lo hacían los primitivos indígenas. Prefirieron esas técnicas a la tecnología actual y que seguramente algún empleado de capitalistas virtuales, habrá llegado hasta el rancho, a hacerles demostración de sus beneficios, sin conseguir más que una actitud de "silenciosa resistencia". Pero hay dos hechos que no deseo dejar pasar por la importancia que reviste esta posición. El aumento de quichua-hablan-tes en un territorio donde indios ya no hay -y la atracción-por cantidad de participantes- del último Congreso Internacional de Quichua, auspiciado por la UNSE, estos hechos parecen, decimos que lo indígena encon-
tro formas para decir su palabra.
Reflexión final
Es posible que muchas cosas de este relato hayan quedado sin interpretación, se nos hayan escapado, pero sí advertimos lo siguiente:
El relato de Isabel Guzmán cuenta cómo las mujeres mantienen esta ancestral artesanía que por su alegre colorido capta de inmediato la atención del observador. Pero sobre todo muestra la particular manera de relacionarse con los otros hombres, con la naturaleza y además en ellas, se puede ver reflejada sus penas y sus alegrías. Estas obras constituyen la sorda protesta ante la falta de reconocimiento por parte del inmigrante, de cuánto de humano se puso en su elaboración y cuánta voluntad violentada significa trabajar con formas y colores distintos, cuyo cumplimiento le importará dejar de lado sus auténticas raíces.
Cuando en el relato Isabel se refiere al reemplazo de las tintas naturales por las artificiales, me pregunto, si este cambio en la superficie no significará también un cambio en la dirección del núcleo vital. Qué tendremos que hacer para no llegar a ese núcleo. Este relato cuestiona mi concepción respecto de la integración del inmigrante árabe a la comunidad santiagueña. ¿Es que sólo adoptó algunas expresiones culturales? Y los otros inmigrantes, ¿hicieron lo mismo? ¿Cuál será nuestro destino como
pueblo habitado por importantes corrientes inmigratorias, algunas de las cuales llevan más de un siglo de permanencia? ¿Seguiremos siendo un conjunto de etnias que no terminan de acrisolarse? ¿Cuáles serán los fundamentos e instrumentos que la educación deberá poner en marcha para lograr tal integración? ¿Qué decisiones fundamentales deberemos tomar?
Creo que el aumento considerable de quichua-hablantes, en este momento, que no existen indios en el territorio provincial, la reaparición de instrumentos musicales usados por los aborígenes; la preocupación de los estudiosos por indagar algo más sobre nuestros antecesores primitivos, señala la dirección de la raíz indígena y popular que resistió los embates colonizadores por la cual tomar una decisión. Y sobre esta base crear un mundo que supere los miedos, las vergüenzas, las contradicciones. ¿Será tiempo de que el costado uterino del que hablaba el Dr. Canal Feijóo, ha llegado y encontró formas de expresión adecuadas para decir su palabra? ■ |
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