Santiago del Estero, 1º mitad del siglo XX

Documentales de época comentados por Leonardo Gigli.
Con Dirección General de Cultura de la Provincia y Teatro "25 de Mayo", destinado a estudiantes santiagueños.

Programa Leer en Familia

Se desarrolla en escuelas rurales cercanas a la capital santiagueña. Tiene por objetivo promover la lectura con pie en el trípode familia-alumno-escuela. Con la Agrupación de Jubilados Docentes 11 de Setiembre.

Escríbanos
Escríbanos!

Por Lorenzo Fazio

 

La República Argentina defendida en París.

 


¿Porqué?


Ante todo, he aquí el porqué de estas páginas que no tienen ninguna pretensión.
Desde hace algunos días me encuentro en París disfrutando de las bellezas de la capital francesa que despertó en mí los más vigorosos entusiasmos y sobre la cual no podría escribir sin una serie de signos de admiración tan sinceros como legítimos.
Llegué hace dos semanas de la República Argentina, y después de haber leído durante diez años el gran libro de esta maravillosa naturaleza americana, hoy contemplo otro milagro, generado por la naturaleza en colaboración con el arte que se llama París.
Ayer por la noche, cuando caminaba por el Bou-levard des Italiens, siempre en búsqueda de nuevas y mejores impresiones, me impactó la voz aguda de un vendedor de diarios y de otras hojas sueltas. He aquí la frase, objeto de las variaciones vocales de aquel mensajero de la palabra ajena:

La República Argentina denunciada.

Este último adjetivo, inquisidor y cargado de amenazas, despertó mi interés de la manera más desagradable, pues sentí el deber de comprar aquellas hojas impresas. Y así lo hice.
Observé: se trata, ni más ni menos, de la República Argentina denunciada, con grandes letras negras sobre una portada con fondo verde. Además, sobre ella había una viñeta que era un insulto al arte de la ilustración.
Imaginen: dos figuras de indios con trajes y con una pose inquietante. Entre esos dos indios, un europeo en la actitud más crítica que uno pueda llegar a imaginar.

Involuntariamente, el europeo me hizo pensar en el autor del folleto.
¡Esto no es todo! Más abajo, se podía leer la amenaza de regalarnos aún 200 páginas más con "Las costumbres políticas y sociales de la República" ilustradas con 80 dibujos.
Frente a ese horizonte de acusaciones, creí ser un elegido del destino y con toda la solicitud y el cuidado de los que soy capaz, abrí el extraño producto de uno de esos publicistas franceses generalmente tan instruidos y fecundos.
Ni bien leí las primeras líneas, comprendí que hubiera necesitado mucha valentía para llegar hasta el final, percibí que se trataba de una empresa difícil, puesto que sólo se puede enfrentar el error, la inexactitud, la exageración, la falsedad y otras miserias similares, involuntarias o premeditadas, con un espíritu preparado para luchar contra la maldad humana.
Cuando volví a mi habitación del magnífico Grand Hotel, recorrí con prisa aquellas páginas y a cada paso encontré una acumulación de errores, mentiras en detrimento de la reputación y de la credibilidad de un país donde miles de europeos (entre los cuales, un número considerable de franceses) habían encontrado hospitalidad, cortesía y un trabajo rentable.
Leyendo el folleto se apoderó de mí un sentimiento de antipatía por el autor de aquellas páginas. Busqué su nombre y lo encontré debajo de la última línea en el
último folio: ¿Emile Gravelle?
Aquel pecador sólo merecía ser olvidado, sin embargo las doscientas páginas injuriosas y de tono amenazante me aconsejaban responderle con palabras sinceras para una justa defensa.
Yo que estudié la República Argentina bajo sus aspectos más diversos, que vi desarrollarse y prosperar en sus ricas regiones las poblaciones de emigrantes de Europa, con mucho gusto voy a desafiarlo en nombre de la verdad que fue vulgarmente ultrajada.
Escribo con absoluta libertad de intención y una perfecta honestidad demostrada fehacientemente por mi condición, tal vez sea esto una victoria tardía pero acabada de mi lucha por la vida.
Ahora hagamos lugar a la verdad desinfectando la atmósfera contaminada por las inexactitudes del señor Gravelle
¿Olvidos o ignorancia?
En la primera parte de su escrito, el responsable de tan lamentable publicación deplora el engaño en que cayeron los periódicos de su país al hablar de la República Argentina como si fuese el esplendoroso con su cucaña, y se apresura al agregar que "no hay árboles".
No obstante, el señor Gravelle, quien dice haber estudiado el país durante cinco años, debería saber que todo el territorio de Misiones, el inmenso Chaco, las provincias de Santiago, Tucumán, Salta, Jujuy, así como parte de Santa Fe y Córdoba, están cubier-
tas de espesos bosques, espléndidos por su vegetación tropical; además, no sólo son ricos en todo tipo de maderas para la construcción, sino que son generosas fuentes de materias químicas aplicables a las industrias, como por ejemplo: el ácido tánico para curtir los cueros y para otros usos farmacéuticos.
Espíritu equívoco y minas
"La república hispanoamericana de la Plata (es Gravelle quien habla) o República Argentina (¿por qué este calificativo puesto que no se ve nada de plata?)".
Según parece, nuestro Gravelle vio poca plata y menos aún, no supo tampoco ganarla. A decir verdad, es su problema, después de todo, si no posee ni aptitudes ni capacidad para obtenerla, es su culpa. Sin embargo, es necesario admitir que en las montañas de la cordillera, en las provincias de San Juan, Mendoza, San Luis, Catamarca, Jujuy, abundan las minas de plata, de oro y otros metales. Numerosas sociedades se formaron en la República Argentina y en Europa con el fin de explotar esas riquezas.
No obstante ello, y a pesar de los cinco años de estudios realizados en el país que hoy maltrata gratuitamente, el señor Gravelle vegeta en la más completa ignorancia.
Llanuras y montañas
El autor quisiera darnos una idea de este país y comienza intentando trazar un perfil ante nuestros ojos diciendo:
"Es un país plano como una terraza, sin montañas, sin colinas, ni un pequeño montículo, se encuentra inundado por los ríos: de la Plata, el Paraná, el Salado, el Colorado, el Negro, el Cuarto y el Grande, corrientes de agua muy anchas pero sin profundidad.
Esta región es inhabitable para el europeo a causa de las fiebres en todos los matices: amarilla, negra, escarlata, ocasionadas por los estancamientos de las aguas en las hondonadas que forman este valle de delicias donde los insectos venenosos y muy variados reptiles pululan para la gran satisfacción de los coleccionistas naturalistas".
¿Han comprendido? Por consiguiente, la República Argentina no es otra cosa que una superficie plana como una mesa de billar. Sin embargo, tenemos los contrafuertes de la Cordillera en las provincias de San Juan, San Luis y Mendoza. También se encuentra en un valle y rodeada de montañas muy altas la provincia de Cata-marca. En las provincias de Salta y Jujuy contamos también con otro sistema orográfico. Además, encontramos tierras muy fértiles y bellas colinas en las provincias de Entre Ríos, Tucumán y Santiago.
Es evidente que Gravelle jamás salió de Buenos Aires, de otra manera cómo podría poner de manifiesto tantos signos de ignorancia escribiendo que los ríos argentinos no son profundos, cuando cientos de navios a vapor provenientes de puertos europeos, cargados de pasajeros y de
mercaderías, navegan en el Paraná remontando este curso de agua hasta el puerto de Asunción (Paraguay) y el río Uruguay hasta los puertos de Misiones.
A pesar de sus cinco años de estudios y tantas fiebres, este señor conservó toda su salud y su buen humor para poder regresar a Francia y escribir tantas pavadas. ¿Acaso le dio una sola ojeada al mapa geográfico del país que denuncia ante la opinión pública europea con absoluta inconsciencia e irresponsabilidad?
Por lo demás, el clima de la República Argentina es muy sano, sólo podríamos hacer una excepción con una provincia del norte cuya importancia es muy secundaria para el señor Gravelle, quien ha hecho un arte de propagar mentiras y no se ocupa de tales pequeneces.
De minimis non cural
Él acordará con nosotros sobre lo que escribe el ilustre Francois Latzina, que el clima de la República Argentina es, en sus latitudes centrales y en su conjunto, uno de los mejores climas templados, siendo en invierno menos riguroso, y en verano un poco más cálido que el de Italia.
Más seco en el interior que en las regiones del litoral, no se puede clasificar entre los clásicos climas marítimos ni los típicos continentales, siendo, en verdad, un punto intermedio entre esos dos tipos de clima.
En Argentina no se conocen enfermedades endémicas malignas y las epidémicas son mucho
más escasas que en Europa.
El gran científico justamente célebre doctor Paul Mantegazza, quien ha emprendido largos viajes y ha hecho profundos estudios sobre la República Argentina, coincide con mi opinión.
Quizá no estaré de acuerdo con el señor Gravelle, quien goza de una buena salud, a pesar de su estadía de más de cinco años en Buenos Aires en medio de tantas fiebres, las cuales felizmente existían sólo en su imaginación.
Buenos Aires
Por otro lado, no crean que el señor Gravelle se olvidó de la capital argentina, donde un número considerable de franceses vive con muy buena salud y provecho cooperando con el progreso del país; este hombre tiene en su arsenal ataques para todo el mundo, y fraccionando sus vulgares medios de ofensa, destina para la capital los siguientes cumplidos:
"Buenos Aires (Bons-Airs), probablemente llamada así a causa de la permanencia de las fiebres: tifoidea, de la chuchu o fiebre palúdica, de la varicela, del cólera, enfermedades que renacen año tras año debido a la humedad glacial en invierno y sofocante en verano. Tales son los rasgos de la atmósfera de una ciudad de 400.000 habitantes establecida sobre la margen derecha del río de la Plata".
Considero que sería perder el tiempo si escribiese algunas líneas en defensa de Buenos Aires. Se trata de una ciudad que cualquier europeo culto desea conocer. Si ien no puede ser comparada con las principales ciudades de Europa, es sin lugar a dudas un centro colosal, un conjunto de palacios y de casas construidas por hombres que supieron edificar teniendo en cuenta exigencias de higiene y de buen gusto al mismo tiempo. Es una ciudad donde las calles muy largas y anchas se entrecruzan formando ángulos rectos y atravesando a cada paso vastas plazas elegantes por sus formas y sus deliciosos jardines.
Las plazas Victoria, Constitución, Retiro, Concepción, Mon-serrat, del Parque, Libertad y muchas otras, así como el boule-vard de Mayo (en construcción) y los que están ya acabados de Callao, Entre Ríos, Córdoba y la avenida del Paseo de Julio constituyen pulmones que hacen circular un aire muy sano en todas las calles y casas de Buenos Aires.
El señor Gravelle debe saberlo bien, puesto que después de una estadía de cinco años en la bella capital argentina, regresó a su patria con un excelente estado de salud que le permitió difundir una gran cantidad de falsedades en desmedro de esta república. Más aún: después de esto, nuestro autor enfermo a causa de las numerosas fiebres que descubrió en nuestro país, escribió otra pequeña página contra los transportes, los coches y los cocheros, los pavimentos y las veredas, criticó los hoteles y los hoteleros, las habitaciones y las camas, habló mal de la cocina argentina y de los cocineros, de los vinos y licores, en resumen, atacó todo aquello que hace agradable la vida
en Buenos Aires.
Naturalmente se trata de una página basada en cifras y fechas fantásticas e inventos que podrían tener su origen en una especie de furia o quizás frustraciones personales.
Sin embargo, en Buenos Aires se puede caminar muy bien sobre un pavimento trabajado en piedra o en madera, como por ejemplo el pavimento del boulevard de Mayo o el de la calle Suipacha, que son muy similares al de la avenida del Gran Opera de París.
Puedo añadir que Buenos Aires es una de las ciudades que posee el mayor número de tranvías cómodos y elegantes. Estos brindan un servicio regular cubriendo todas las calles principales y muchas vías secundarias. Sobre todos los boulevares, este medio transporta los ciudadanos de un extremo al otro de la ciudad en pocos minutos y por unos pocos centavos. En cuanto a los hoteles, han sido construidos e instalados con un confort y un lujo suficientes como para satisfacer cualquier exigencia de la gente adinerada, además es atinado acotar que los propietarios son casi todos franceses. Lo mismo ocurre con los vinos y licores que se beben en Buenos Aires, en su gran mayoría son de procedencia francesa.
¿No es verdad, señor Gravelle, que luego de cinco años de estadía en la República Argentina, sólo volvió a Francia para escribir cosas tan bellas?
Nuestro autor, quien se lanza contra Buenos Aires, narra indirectamente que después de haber sabido gastar una respetable
suma por día para vivir decorosamente (a su manera naturalmente) en la capital argentina, no fue capaz de ganar lo suficiente para equilibrar su presupuesto.
Con respecto a ese tema, no tengo nada que decir. Pues aquí sólo están en juego sus aptitudes personales. No nos queda otra cosa que tomar nota y pasar a otra cosa.
La metrópolis del Plata, cuyo puerto se agrandó en vastas proporciones y será en poco tiempo uno de los más grandes y más importantes que se conozcan, posee riquezas, comodidades y lujos que le acreditaron las páginas entusiastas de escritores célebres.
Su administración municipal, subdividida en diferentes secciones encargadas de los aspectos edilicios, de la higiene, de la asistencia pública, etcétera, llevó la ciudad de Buenos Aires al nivel de las grandes capitales de Europa. Basta con dar un vistazo a sus numerosos palacios y a sus monumentos. Además cuenta con un servicio gratuito de ayuda para aquellos que no tienen suficientes recursos. Considero que todo esto es suficiente para convencerse de que todo lo que escribo es verdad; no obstante, no estoy seguro de poder rendirle el homenaje que esta ciudad se merece.
A propósito, creo oportuno reproducir las líneas de un diario inglés de fecha reciente, al cual hice mención cuando hablé de la prosperidad de Buenos Aires..
"Las calles de Buenos Aires -publica el Trade Finance and Recreation- aunque no demasiado anchas, son ricas y cuentan con espléndidas sederías, oficinas y edificios lujosamente instalados, además de un gran número de palacios. En dicha ciudad, el dinero se gana tan fácilmente que la gente se ha habituado a gastarlo a manos llenas, no existe otra ciudad en el mundo donde se vendan tantos artículos de lujo. Allí, existe la costumbre de hacer importantes regalos o presentes la última semana de cada año. Las vidrieras y los estantes de los comercios constituyen verdaderas exposiciones donde se pueden encontrar los objetos artísticos más preciados del viejo mundo. Estos artículos, que no tendrían demasiados compradores en Europa, no sólo se venden fácilmente en Buenos Aires, sino a precios que los europeos considerarían fabulosos con razón.
No es raro ver pequeños vendedores ambulantes ofreciendo a otras personas regalos de año nuevo valuados en cuarenta libras esterlinas".
Todo esto puede leerse en un periódico serio, cuyos columnistas y redactores no son de mente estrecha ni de espíritu ofuscado, predispuestos a hablar mal de todo y de todos como, según creo yo, es el caso del señor Gravelle.
Pesimismo en cifras
El responsable de este folleto, quien eligió como víctima a la República Argentina, nos hace sentir su mal humor, no solamente a través de sus expresiones y sus datos estadísticos, sino también proporcionando cifras que no son certeras, lo que podría ocasionar serios problemas en muchos aspectos importantes.
Esta misma persona que nos habló de la carestía de los víveres y de los precios elevados de aquellos
productos indispensables para vivir con escasa comodidad, quiere hacernos creer también que los salarios y sueldos son muy bajos, queriendo significar que habitar este país sería una empresa difícil de llevar a cabo, puesto que es imposible ganar lo suficiente como para sobrevivir.
He aquí los salarios y sueldos que, según el Sr. Gravelle, son la magra recompensa de quienes trabajan: en realidad, se trata de unas pocas líneas que este autor quisiera hacer pasar como datos estadísticos, pero sólo son inexactitudes:
Lean y leamos: Ingeniero o arquitecto empleado
en las administraciones del gobierno............................120
Redactor en un periódico (empleo raro)........................100
Contador público en una
administracióno comercio...................................80 a 100
Empleado..........................................................70 a 80
Profesor en una institución
privada con alimento, etc......................................20 a 23
Cocinero en una institución
privada,con alimento, etc......................................50 a 60
Obrero mecánico..................................................60 a 70
En cuanto a los obreros de las industrias, además de los mencionados anteriormente, casi no encontrarían ocupación debido a que no existe ninguna casa de fabricación propiamente dicha en Buenos Aires".
Es mi deber rectificar semejantes cifras. Estoy en condiciones de probar que los salarios y sueldos que se pagan son los siguientes:
Piastras fuertes por mes Ingeniero o arquitecto empleado
en las administraciones del gobierno............................250
Redactor en unperiódico (empleo raro)...........................300
Contador público en una
administracióno comercio...................................80 a 100
En lo que respecta a las viperinas palabras, cuando dice que no existe ninguna casa de fabricación propiamente dicha en Buenos Aires, resultaría fácil abrirle los ojos al señor Gravelle llevándolo a recorrer las numerosas fábricas de licores, textiles, de vidrios, de aceites vegetales, de conservas alimenticias, de ladrillos y muchas otras establecidas, ya sea en Buenos Aires o en las provincias de la república. Podría continuar mi enumeración, pero como deseo ser breve, sólo nombraré algunos establecimientos de envergadura:
La fábrica de cerveza del señor Emile Bieckert (un francés), la de licores de los señores Martini y Rossi, la de los aceites vegetales de los señores Panelo y Santa Coloma, las de las conservas alimenticias del señor Amadeo Gruget, y otras más que omito porque quiero ser escueto.
Todos estos establecimientos aumentan constantemente sus fuerzas productivas, de manera que el futuro industrial del país se presenta bajo los mejores augurios.
Cómo se llega
"Los barcos que hacen los cruceros tiran el ancla en rada a cuatro leguas de la costa, debido a la escasa profundidadj por temor a quedar encallados en la arena...".
Es esto lo que el señor Gravelle nos quiere hacer creer. Le responderé que ninguno de los numerosos navios que llegan cada semana a Buenos Aires queda varado en la arena. Actualmente el desembarco de los pasajeros se realiza fácilmente y de manera rápida. Hoy muchos barcos ya pueden anclar cerca de los muelles de la Boca, lo que equivale a decir muy cerca de la ciudad. Además, en poco tiempo el gran puerto Madero que se abre enfrente de la capital argentina se inaugurará y se abrirá a todas las embarcaciones contribuyendo al desarrollo de las relaciones internacionales y del comercio.
Insolencias
Gravelle, quien no supo ganarse la vida, eligió como pasatiempo ocuparse de las flores, y a propósito de las flores, dijo que no tenían perfume (¡Qué infeliz! Tal vez, las fuertes fiebres le hicieron perder el olfato.)
Escribe con tal insolencia que repugna citar sus palabras, pero lo haré igualmente para que se conozcan con todos los matices la inconsciencia o temeridad de dicho autor.
"Un hecho extraño que sorprende a todos los europeos es que las flores que pudieron aclimatarse j florecer en estas regiones no poseen perfume.
Existe al respecto un refrán español que dice lo siguiente:

¡Hombres sin honor, mujeres sin pudor,flores sin olor!"
Quizá esto no les parezca demasiado grave, sin embargo, un individuo que en pocas páginas plasma tantos errores, tantas falsedades y tantas exageraciones con la clara intención de perjudicar la reputación de un país, donde se le brindó hospitalidad durante cinco años, que evidentemente no merecía, es a mi a entender un monstruo ingrato que debe ser castigado como decía Dante:
"Non te curar di lar, ma guarda epassa}\
Debo confesar que sentí la necesidad de combatir esta propaganda culpable y al mismo tiempo me acordé del grito de Voltaire:
"Calumnien, calumnien que algo quedará".
Por ello también temí que algo de toda esta calumnia permaneciera.
Contrastes
Después de haber enumerado todos los|inconve-nientes, el señor Gravelle quiere espantar a sus lectores (¿cuántos tendrá?) con una exposición casi analítica de todas las dificultades que encontró queriendo ganarse la vida.
Aunque hayamos destruido sus aseveraciones en lo que respecta a las cifras oponiendo datos estadísticos exactos, deseamos agregar algunos datos con respecto a las condiciones generales del trabajo aplicado a la agricultura, a la industria, y al comercio de este joven país.
Sería fácil convencerse de la verdad que vaya adelantar, leyendo los relatos sobre las impresiones de viajes escritos por hombres eminentes que estuvieron en este país. Favorecida por la naturaleza, esta nación proporciona al hombre condiciones ideales para el trabajo en estas regiones. Yo sólo me limito a extraer las informaciones que conciernen a la naturaleza en este folleto, de los documentos oficiales que forman parte de la administración nacional.
Agricultores
El hombre que por alguna razón deja su país natal, para sacar partido de sus aptitudes busca un país que le promete un futuro mejor, donde la población no sea densa, donde se pueda adquirir tierras en buenas condiciones, donde uno logre aclimatarse fácilmente, donde la persona y sus bienes estén protegidos por la ley y los tribunales, donde se le garantice tanta libertad de opinión y de acción como gozaba en su país de origen, donde los medios de comunicación le permitan el intercambio de los productos y de las ideas, en resumen, donde la civilización reina en todas las manifestaciones de la vida real.
¡Y bien, señor Gravelle! Permítame que le diga en voz alta: la República Argentina reúne, por sí sola y en el más alto grado, todas estas características.
En este país reina la paz, el clima es uno de los más sanos que se conozcan, la tierra fértil y propicia para los sembrados abunda. Se trata de un suelo fecundo cuyo precio es extremadamente barato. Hay constante demanda de mano de obra y se ofrecen buenos salarios, la seguridad de las personas y de la propiedad funciona perfectamente, la libertad de acción, de opinión y de culto no es inferior a la de los Estados Unidos.
El progreso argentino se manifiesta de manera imponente en la capital de la nación, en Buenos Aires, de donde "parten cinco ferrocarriles, brilla una universidad de primer orden, además cuenta con un museo de ciencias naturales, un museo de antropología y de arqueología, un gran establecimiento para los emigrados, nuevos mercados, una penitenciaría, once hospitales, un correccional de mujeres, un asilo para inválidos,
siete bancos, ocho teatros, una bolsa de comercio y cincuenta editoriales.
No vaya hablar de los jardines públicos y de otros exquisitos lugares de reunión, puesto que podrían pensar que estoy haciendo poesía para destruir las afirmaciones del señor Gravelle, y para eso, hace falta otra cosa.
Prefiero añadir aún algunas líneas para explicar lo fácil que es el camino que conduce a una buena posición económica.
¿Cómo se transforman en propietarios?
El más ferviente deseo del hombre que trabaja es salir del sistema de servidumbre, hoy reemplazado por el trabajo pagado por hora.
El que labra la tierra de otro, aspira a convertirse en propietario de la parcela que cultiva.
Usted, Sr Gravelle, dueño de folleto que ha puesto en circulación tantos errores, trate de escuchar atentamente: usted también hubiese pedido transformarse en propietario de tierras fértiles en la República Argentina.
Lea a continuación los artículos sobre la ley sancionada el 24 de agosto de 1882, la cual trata sobre la venta de tierras públicas:
"Cláusula III. Son declaradas tierras destinadas a la agricultura todas las comprendidas en Misiones, La Pampa, el Chaco,y la Patagonia ".
"Ni bien estas tierras hayan sido bien medidas, divididas y suhdivididas en lotes convenientes, serán vendidas en los predios siguientes:
"En Misiones y en el Chaco, la hectárea valdrá 10 pesetas (francos italianos), mientras que en La Pampay en la Patagonia, la hectárea costará 7,50 francos".
Sin hacer grandes esfuerzos de imaginación, usted puede convencerse fácilmente de que aunque se posea una fortuna bastante mediocre, con cien francos está en condiciones de adquirir un lote de tierra, lo bastante grande para todos los géneros y diversidades de cultivos.
Además existe un requisito de pago bastante cómodo, puesto que según la disposición del artículo quinto de la ley mencionada, el pago podría efectuarse de la siguiente manera:
La quinta parte de la cifra total al contado, y el resto en cuatro partes iguales pagables en vencimientos fijos, con intervalo de un año, entre un vencimiento y otro.
Por otro lado, si usted desea conocer la composición del suelo de estas tierras, es oportuno añadir que no se conoce en ningún otro lado un suelo más fértil que el de Misiones, donde la fecundidad está aventajada por un clima favorable a cualquier cultivo, ya sea de la zona tropical o templada, de manera que la misma tierra puede producir trigo, legumbres, maíz, naranjas, algodón, tabaco y caña de azúcar.
Riquezas en animales
La República Argentina, que el señor Gravelle quisiera presentar en París como un país de grandes miserias, puede proporcionar una prueba matemática de sus grandes riquezas haciendo conocer algunos datos estadísticos sobre el número de animales como vacas, ovejas, y caballos que pastan en sus inmensos territorios.
La cría del ganado constituye la base de la enorme riqueza argentina, y para tener una idea correcta, creo atinado dar a conocerlas siguientes cifras:
Hacia fines del año 1882, el ganado fue estimado de la siguiente manera:

  Cantidad piastras fuertes
Toros y vacas 14.206.499
568.259.9i0
Ovejas 72.683.015 363.415.225
Caballos Muías 4.856.808 158.551 97.137.160 7.927.550


La provincia más rica en ganado es la de Buenos Aires, hacia fines del año 1881 poseía 4.751.810 animales entre vacas y toros; 57.838.073 ovejas, y 2.396.469 caballos.
Resulta que si comparamos la riqueza en diferentes países, comprobamos que por cada 1.000 habitantes, nosotros tenemos:

País Toros Ovejas Caballos
Argentina 5.164 27.955 1868
Alemania 375 595 80
España 185 1404 43
Francia 307 647 76


Ahora éstos son los precios ordinarios de animales adultos:
-Un toro: 75 francos; una muía: 100 francos; un caballo: 60 francos.
Si con todos estos datos estadísticos conseguí dar una mínima idea de la riqueza de este país, de la cual, con mucha razón, los argentinos nos vanagloriamos, estoy persuadido de no haber perdido mi tiempo.
Situación económica
Y como me veo obligado por este infeliz panfleto,
diré algunas palabras sobre la posición económica de esta República que en los últimos tiempos fue objeto de largas discusiones y ciertas preocupaciones en los mercados europeos.
Para mí se trata de una deuda especial, el hecho de arrojar un poco de luz sobre las causas de esas dificultades financieras, que se multiplican hasta el punto de condensarse en una crisis económica y comercial en el horizonte argentino.
Los problemas de los que desde hace un cierto tiempo se habla, llegaron a ser tan importantes que muy rápidamente todo el país se resintió, viéndose reducido el valor de la propiedad, comprometido el movimiento del crédito, encarecidos los artículos de consumo primario, y sacudida la confianza general de las inversiones.
Las complejas causas que provocaron esta situación no se originaron por una disminución de las fuerzas productoras, ni en la decadencia efectiva de la riqueza nacional.
Por el contrario, el progreso argentino sigue en aumento, pues día tras día la producción crece y no se agotan las fuentes de las riquezas y de la exportación argentina.
La crisis actual, prevista desde hace algunos meses, fue generada por aquellos que, ciegamente seducidos por la facilidad del éxito, se lanzaron en especulaciones audaces y abusaron del crédito público y privado. Exagerando algunos valores y creando algunos completamente imaginarios, se hicieron operaciones que debían fatalmente llevarlos a la ruina.
Ahora que el parlamento argentino ha reabierto sus sesiones, debe tomar medidas especiales y enérgicas para frenar esta corriente de especulación que deteriora las fuerzas del capital, la riqueza y el progreso del país.
Concordia fecunda
Estas intenciones de reparación, que muy pronto se traducirán en oportunas reformas legislativas, están cimentadas por la concordia, que reina con un espíritu entusiasta en todos los centros directivos y en las filas de todos partidos.
Hace un mes, el mismo Presidente de la república, Dr. Juárez Celman, inaugurando el período legislativo, se dirigía a las cámaras reunidas en asamblea en los siguientes términos:
'En el terreno de la constitución hay espacio para todos los argentinos Y para todos los partidos políticos. Yo, que tengo el compromiso sagrado de respetarlaj hacerla respetar, garantiere a cada uno el ejercicio de $us propios derechos y libertades. " Trataré que todos permanezcan en los límites que esas libertades y esos derechos imponen a los habitantes de .la
nación".
"Con este fin, hago uso del poder que la constitución ha puesto en mis manos, apoyándose sobre las leyes defensoras del individuo y de la sociedad que emanarán del parlamento, bajo la austera rectitud de la justicia federaly la vigilancia del pueblo argentino, el cual siempre sostendrá su gobierno, en tanto reconozca, por sus actos, la dignidad del mismo".
Conversión del dinero
Toda dificultad financiera será resuelta por medio de la conversión del dinero, la cual conlleva a la supresión de la cotización forzada.
Se piensa seriamente en esto, y estamos muy cerca de lograrlo, puesto que un proyecto ha sido presentado recientemente al gobierno.
La trata de blancas
También hay un capítulo que lleva este título, como si la República Argentina tuviese en Francia o en otras partes de Europa agentes que pagan por la carne humana. Ilustrado con una caricatura semejante a la guillotina, triste privilegio de una nación tan civilizada, trata de mostrar la desesperación del emigrante ante la desesperante respuesta "¡No hay plata!"
Nada más increíblemente fantástico, el emigrante, en la República Argentina, es completamente dueño de sí mismo. Nadie le muestra ningún falso porvenir. Sólo la realidad, o tal vez la infelicidad, lo alejan de Europa. Sea que el señor Gravelle vio, como dijo, un ingeniero diplomado dar golpes de pico para deshacer el pavimento y no morir de hambre, es precisamente este espectáculo el que muestra la libertad absoluta de medios para sobrevivir que ofrece América, mientras que en Europa, quizá, un vano y mal entendido amor propio no le hubiesen permitido rebajarse a eso, y probablemente hoy, el ingeniero habría muerto de hambre.
Este señor Gravelle, que vio en la República Argentina tantas cosas e hizo de ellas tantas notas para instruir a sus compatriotas, no regresó, según parece, tan mal. Durante cinco años de estadía, bien podría haber sufrido alguno de los males que describe afanosamente.
Llegó a su patria, según dicen, sin la Tenia, monstruo, al cual le dedicó un capítulo especial. Ilustrado con la caricatura de un niño que corre espantado arrastrando un gusano interminable.
El autor explica que este mal proviene de las vacas anémicas y enclenques de las pampas, principal alimento en el Plata. Sin embargo, en ningún momento menciona que es precisamente esta carne proveniente de las vacas de las pampas, la que Francia utiliza para hacer excelentes conservas, cuyas ventas son muy altas en toda Europa.
Dejando de lado la imaginación de don Gravelle, parece ser que este señor no conoció muy bien la vida social del Plata.
Por ejemplo, habla de la seguridad pública, siempre valiéndose de dibujos bufones, como si uno se encontrara en el centro de África entre los antropófagos, cuando la seguridad personal en Argentina presenta las mismas características que en Francia y en Europa. La ley es, en parte, una copia de la ley francesa. Si bien es verdad que el personal de seguridad puede equivocarse, no es menos cierto que eso ocurre en todas partes, y en Francia más que en ningún otro lado.
El panfleto del señor Gravelle termina con un juego de palabras de un marinero de Dunkerque: "uno de los tantos que envié allá y jamás regresó".
Pero el señor Gravelle sí regresó después de cinco años, él volvió para relatarnos todas esas necesidades. ■








 

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