Santiago del Estero, 1º mitad del siglo XX

Documentales de época comentados por Leonardo Gigli.
Con Dirección General de Cultura de la Provincia y Teatro "25 de Mayo", destinado a estudiantes santiagueños.

Programa Leer en Familia

Se desarrolla en escuelas rurales cercanas a la capital santiagueña. Tiene por objetivo promover la lectura con pie en el trípode familia-alumno-escuela. Con la Agrupación de Jubilados Docentes 11 de Setiembre.

Escríbanos
Escríbanos!

Por Luis María Alvarez

 

El general San Martín y la biblioteca donada al Perú.

 


Al parecer, y casi sin que nos demos cuenta, se está perdiendo conciencia del valor del libro. Y, en esto, que puede ser trágico para el destino humano, con seguridad, tienen que ver otros medios de comunicación quizás más atrayentes a los sentidos. Sin llegar al extremo pesimismo de algunos teóricos se puede decir que el libro va transformándose en un elemento decorativo de relativo valor, y, entonces surge la visión de la importancia que tuvo en tiempos anteriores. Es probable que sea necesario recordar un instante al editor sabio humanista Aldo Manucio para tener perfecta conciencia del alto concepto que en otras épocas se tenía del libro.
De todos modos aún reconociendo que en tiempos pasados el libro era más valorado que en la actualidad, es difícil entender como un hombre puede haber viajado con centenares de estos en largas travesías oceánicas. Que sepamos no lo realizó Platón en sus viajes a Sicilia. Tampoco relatan los cronistas de la época que lo haya hecho, en el Medioevo, Gerberto de Aurillac, más tarde Silvestre III, la cima más alta de la intelectualidad del siglo X, y además, gran viajero. Tampoco hay referencias de que el eminente humanista Erasmo de Rother-dam en sus numerosos viajes, ya sea a Inglaterra o a Italia, haya viajado con gran cantidad de libros, lo mismo se puede decir de Moliere y más tarde de su compatriota Voltaire, que también efectuaron largos viajes, sin llevar cantidades apreciables de estos valiosos vehículos de la cultura.
Asombra entonces el hecho de que el General José de San Martín viaje con once cajones de libros de Cádiz a Inglaterra, de ese país a Buenos Aires, luego Mendoza, posteriormente a Santiago de Chile, y, por último a Lima. Al respecto, el historiador Capitán de Fragata Teodoro Caillet-Bois, no cree que exista un casó similar en la historia militar, tampoco en el amplio campo de la Historia Universal, como acabamos de ver. De esto se deduce un inmenso amor a la cultura que más adelante, a través de un análisis, trataremos de evaluar, para mejor comprender, el singular caso de José de San Martín y su notable biblioteca.
El Dr. José Pacífico Otero en su trabajo "Catálogo de la Biblioteca que poseía San Martín y regaló a la ciudad de Lima", hace conocer el contenido de los once cajones. Estos contaban con aproximada-
mente 290 obras, muchas de ellas de gran cantidad de volúmenes, v. gr. El Diccionario Rosier con 16 tomos de la Encyclopédie Arts y Métiers, también de 16 volúmenes, una Geografía General de 11 tomos, una Historia Eclesiástica con 28 volúmenes.
El amor a la cultura, a las ciencias, al arte, es en última instancia amor a los semejantes, al género humano. Es el deseo de desentrañar los misterios de la Creación. Santo Tomás de Aquino decía que existen dos formas de acercarse a Dios, el camino de la santidad, extremadamente difícil, y el de la sabiduría, que tampoco es fácil ni cómodo.
San Martín cuando niño tuvo la oportunidad de ver y, quizá, tener entre sus tiernas manecillas algunas de las obras de la notable biblioteca de los jesuítas, cuando su padre don Juan de San Martín fue gobernador de las Misiones, en Yapeyú. Ricardo Rojas en su obra "El Santo de la Espada" cree que la biblioteca jesuítica de aquel pueblo indígena pudo tener más de 4.000 volúmenes, "obras de humanidades clásicas, de historia sagrada, de literatura española, de ciencias naturales, de teología, de derecho, de medicina, entre muchas crónicas jesuíticas, gramáticas, diccionarios y seminarios en idioma guaraní, algunos de ellos impresos en las Misiones por los indios. Casi con seguridad su padre debió consultar la obra del padre Montenegro, "El herbario", para curar alguna enfermedad de sus hijos, o cuando deseaba solucionar problemas del tiempo para efectuar labranzas, debió
utilizar la obra del padre Suárez "Lunario". Seguramente consultó el Vocabulario del padre Ruiz Montoya, especie de diccionario del idioma guaraní, y, cabe la posibilidad de que la obra del padre Nieremberg titulada "Diferencia" lo haya hecho meditar con sus noticias sobre lo temporal y lo eterno, como supone Ricardo Rojas. También se encontraba allí la famosa "Crónica del padre Lozano".
José Francisco era un niño, apenas casi cuatro años tenía cuando su padre decidió regresar a Buenos Aires en 1781, pero ya habría percibido por su notable precocidad intelectual, la importancia de los libros y de las bibliotecas. En Yapeyú tiene que haber asociado por primera vez, el concepto de libro con las ideas de paz, seguridad y amor, brindadas por sus cariñosos padres. Nos imaginamos a don Juan de San Martín, con un libro en la mano y con José Francisco, el benjamín, en una de sus rodillas acariciándole sus cabellos. Todas estas vivencias no tienen por qué haberse perdido, su subconsciente tiene que haber grabado tan bellos momentos de su infancia. No estimamos necesario seguir sus pasos de niño en Buenos Aires, porque casi no existe documentación suya para esta época, tampoco se puede seguir su transitar en alguna escuela de Málaga, donde residía su familia. Volviendo al tema de sus vivencias infantiles, insistimos que estas eran más que suficientes para proyectarlo al mundo de la cultura, ya que fue un niño notablemente sensible y receptivo. Avala este juicio, la palabra de Juan María Gutiérrez, uno de sus primeros biógrafos, quien escuchó de un anciano que fuera condiscípulo suyo en una escuela porteña lo siguiente, transcripto por Ricardo Rojas: "San Martín estaba destinado a ser un gran hombre, en la escuela era un niño muy notable: si hubiera muerto sin ilustrar su nombre, yo me hubiera acordado de él siempre". Yapeyú, su cuna criolla, cobra a la luz de la historia, su real importancia, es allí donde se gesta su notable amor a los libros, y, a través de ellos, a la cultura y a los altos ideales.
El general San Martín como Protector del Perú, decidió la formación de la Biblioteca Nacional de ese país, y para su mejor funcionamiento, donó sus Libros que lo habían acompañado durante tanto tiempo, desde su agitada vida en Europa, antes del 1811, fecha en que cumplía veinte años de duro y continuo batallar. Sobre esto, el razonamiento del citado Capitán de Fragata Teodoro Caillet-Bois en su monografía "El incendio de la Biblioteca de Lima y la colección de San Martín, es acertado, o sea, estos libros que sumaban 800 volúmenes correspondientes más o menos a 290 obras, debieron ser adquiridos en Europa, ya que en las colonias españolas había poca existencia de estos debido a prohibiciones expresas. El hombre altruista y generoso que fue San Martín expresó lo siguiente en momentos de la inauguración de
la Biblioteca Nacional de Lima, con sus auspicios constituida: "ella era la destinada a la ilustración general, más poderosa que los ejércitos para sostener la Independencia". Y esto no fue un caso aislado, años antes, luego de la Batalla de Chacabuco, el gobierno de Chile le obsequia 10.000 pesos que el general los acepta pero para donarlos a la Biblioteca Nacional chilena, diciendo: "pues la ilustración y fomento de la letras es la llave de la abundancia y hace felices a los pueblos", conceptos total y absolutamente válidos incluso en la actualidad. En ellos se nota la influencia de Adam Smith, de los llamados fisiócratas franceses, y de Jovella-nos, siendo palabras que pudieron haber dicho aquellos grandes maestros, y que asimismo, pudieron haberlas rubricado sin menoscabo alguno al prestigio de sus nombres.
En el Museo Mitre se encuentra un documento escrito por el propio General San Martín, que dice en su faz inicial: "Nota de los Libros que se han elegido de la lista remitida por el Excelentísimo Señor Protector de la Libertad del Perú para esta biblioteca nacional", a continuación sigue la extensa enumeración de obras de los once cajones de los cuales citaremos una décima parte para evitar*cansar a los lectores, seleccionando los más interesantes y, también aquellos a quienes podamos atribuir un autor, ya que San Martín olvidó (recordemos que no era un bibliotecario y no tenía
por qué conocer en detalle las técnicas minuciosas y, además, modernas de la nomenclatura y fichaje de lo que ahora estudia lo que es casi una ciencia, o al menos una técnica: la Bibliotecología) olvidó decía, muchas veces el nombre del autor, también al nombre de los editores y la fecha de impresión, en cambio, da las características del número de tomos de la obra, el idioma en que está escrita, también si la misma está encuadernada en pasta o en rústico. Cuando se halla en pergamino lo especifica, v. gr. "El arte de la guerra" y "Colección general de máquinas", o "Relojería". El General San Martín acostumbraba también a determinar las dimensiones del libro, en el sistema ya olvidado de consignar, o sea si está en 4o mayor o menor, o en 8o mayor o menor. San Martín no se olvidó nunca de especificar el número de tomos, y cuando la obra se encontraba en francés, escribió su título en ese idioma que tan fluidamente hablaba, y, por supuesto, cuando se hallaba en castellano, colocaba el título en nuestro idioma. El Dr. José Pacífico Otero, que tuvo la paciencia de transcribir el extenso documento, nos dice que existen algunos errores ortográficos en el original, y asevera que decidió la copia textual, sin correcciones, como realmente corresponde a un trabajo de esa naturaleza, sin embargo, no encontramos casi ninguno. Esta faz del problema con seguridad merece un estudio especial, como así también merece un análisis el hecho de que muchos títulos se encuentren sin autor. Interesante tarea para la Biblioteca Nacional o para eruditos de los libros antiguos...
Encontramos en la biblioteca donada al Perú por el General San Martín, obras como "La Jerusalén Liberada" de Torcuato Tasso, célebre autor. La misma se encuentra en dos tomos escritos en francés. Debe destacarse también, una "Historia de Juana de Arco", en cuatro volúmenes, también escritos en el idioma de Moliere, de un autor desconocido. También en ese idioma, en tres tomos, se encuentra "De la Alemania" y seguramente su autora es la célebre Madame de Staél, delicado espíritu que tanto contribuyera a introducir el romanticismo en Francia, desde Alemania. También debe destacarse una obra en dos volúmenes "De la Literatura" en francés, de autor desconocido. Dos obras interesantes que muestran los esfuerzos del General San Martín por' informarse son: "Del Congreso de Viena" y "El Observador de Polonia". Más adelante vemos "Las Comedias de Calderón de la Barca", escrito en castellano. También escrito en nuestro idioma se encuentra el "Ensayo histórico" de un historiador de apellido Funes que no ubicamos a pesar de nuestros esfuerzos y del sugerente título. Al respecto de lo señalado en el Catálogo del General San Martín con el nombre de "Obras diversas de Duelos", se refiere a Char-
les Pinot Duelos, hombre de amplia cultura que perteneció a la Academia Francesa y que gozó del apoyo de Luis XV y de Mme. Pompadour. En el año 1750 fue designado historiador real, colaboró en la redacción del "Diccionario", pero extrañamente, se negó a ser uno de los redactores de la famosa "Enciclopedia Francesa". Falleció en 1772, sintetiza el profesor César Chesneau.
Avanzando en nuestra mirada panorámica, vemos lo que San Martín señala como "Obras de Dumarsais" (aquí notamos un error que comentaba el Dr. Pacífico Otero. El apellido Du Mar-sais debe estar separado y no junto, como lo hacía San Martín), este personaje nacido en 1676 y fallecido en 1756, fue un estudioso de la pedagogía y la gramática, se dedicó luego a la filosofía y a los temas eclesiásticos "son una tendencia cada vez más acusada hacia el libre pensamiento", dice el profesor Sergio Merando. También poseía esta interesante biblioteca una "Introducción al estudio de las Bellas Artes" en un tomo, escrito en idioma castellano. Al respecto de la "Historia de la Revolución Francesa" en tres tomos, en idioma francés, no podemos aventurar nombres, al menos por el momento. En la biblioteca del General San Martín, se encontraba también el "Emile ou de l'Education" de Juan Jacobo Rosseau de quien es obvia toda referencia y, solo se podría agregar que en este año de 1978, importante porque en él se
recuerda el Bicentenario del Natalicio del Libertador General San Martín, también se conmemora el Bicentenario del fallecimiento de Juan Jacobo Rousseau y de su compatriota, Voltaire, pensadores ambos tan apreciados en Francia y cuyo pensamiento todavía puede ser motivo de vivas polémicas. Y precisamente de Voltaire es de quien más volúmenes se encuentran en la citada biblioteca, nada menos que 16, dice el Capitán de Fragata e historiador Teodoro Caillet-Bois. 9 de su teatro, y "Contes" , "Poemes" y Epitres", cada uno en un tomo. Encontramos también una "Vida de Richelieu" de autor desconocido, y "La Ilíada" de Homero, en tres tomos, en castellano. Más adelante encontramos la palabra "Kirwan" que merece un breve comentario: en el manuscrito trascripto por el Dr. Otero, se encuentra este apellido sin ninguna referencia, como si fuese muy conocido y estuviera de más aclarar conceptos. Ricardo Kirwan fue un químico inglés nacido en 1735 y fallecido en 1812. En 1781 la Real Academia de Londres le otorgó la medalla Copley, llegó a ser Presidente de la Real Academia Irlandesa, y, también miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de París, con sus investigaciones contribuyó a fundar el análisis químico por la vía húmeda. Kirwan fue primero abogado, luego químico de renombre y terminó filósofo de poco mérito. También de gran interés son "Las aventuras de Telémaco" de la cual sólo existió, en la biblioteca del General San Martín donada al Perú, el tomo segundo. Esta obra escrita por Fenelón (Francois de Salignac de Fenelón) está dedicada al duque de Borgoña, sobrino de Luis XIV. En ella propone el autor, dice el profesor Bon-fantini, "influir en el alma del joven lector el amor a la virtud, a la gloria, y a la justicia. Las continuas discusiones y sabias disertaciones de Minerva exponen los deberes propios de un monarca, muestran la ruinosa injusticia de la tiranía, las desventajas de un gobierno demasiado absolutista, el deber de respetar el buen derecho de los subditos, de no descuidar el bien de la comunidad por vanagloria o cosa peor". Esta obra tuvo notable éxito en todo el siglo XVIII y parte inicial del XIX. En nuestro entender esta obra puede haber influido en el espíritu joven de José Francisco de San Martín. Por último debemos referirnos también a la obra de "Filosofía de Gassendi". Este pensador, amigo brillante de Renato Descartes, nacido en 1592, se doctoró en teología en 1616. De él se dice que ocupa un puesto importante en el mundo de la filosofía y de la ciencia del siglo XVII, uniendo a una inmensa doctrina un espíritu crítico poco común. Sacerdote en 1617, criticó el aristotelismo y por ello fue combatido por los jesuítas. En 1624, se editaron sus "Ejercitacio-nes paradójicas contra Aristóteles", la cual produjo
varias polémicas.
Estas obras hacen meditar al respecto de los intereses filosóficos, literarios, científicos y artísticos del General San Martín. Seguramente merece un extenso estudio que deberá analizar el por qué de la falencia de las obras de Renato Descartes por ejemplo, o las de Giambatista Vico, o las de Leibniz, aunque en este último caso debe recordarse que recién en este último siglo gracias sobre todo a Ortega y Gasset, los españoles tienen conciencia cabal de la filosofía alemana. Lo que debería quedar en claro es que esta biblioteca fue cuidadosamente seleccionada por un espíritu superior que está muy arriba de las pequeñas erratas ortográficas de sus manuscritos.
Al producirse el incendio de la Biblioteca Nacional, del Perú, se quemaron aproximadamente 100.000 volúmenes y 40.000 manuscritos y, entre ellos, la valiosa biblioteca a la cual nos hemos referido, una pérdida irreparable para el patrimonio histórico de los países latinoamericanos.
Finalmente queremos decir con el Capitán de Fragata Teodoro Caillet-Bois que: "Esta larga enumeración nos indica que San Martín, contrariamente a lo que supusieron los historiadores, excepto Otero, poseía amplia instrucción, aunque de hechura propia. Había leído enormemente, y poca cosa instruye más que los viajes de exploración famosos y los libros de historia". ■

 

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