Programa ¡Viva el Teatro!

Visitas guiadas al Teatro 25 de Mayo. Conjuntamente con el Instituto Nacional del Teatro y Asociación de Actividades Teatrales Independientes.

Santiago del Estero, 1º mitad del siglo XX

Documentales de época comentados por Leonardo Gigli.
Con Dirección General de Cultura de la Provincia y Teatro "25 de Mayo", destinado a estudiantes santiagueños.

Programa Leer en Familia

Se desarrolla en escuelas rurales cercanas a la capital santiagueña. Tiene por objetivo promover la lectura con pie en el trípode familia-alumno-escuela. Con la Agrupación de Jubilados Docentes 11 de Setiembre.

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Escríbanos!
Pagina Joven - Por Sara Díaz de Raed *  

“Los Héroes anónimos”. “El arriero de la libertad”

 

La historia mantiene siempre vivo el recuerdo de los grandes héroes que lucharon por la libertad y la independencia.
Junto a ellos, algo ocultos en la penumbra, tienen también su sitio otros hombres sencillos, que hoy nutren nuestro espíritu con el ejemplo de su no menos valioso heroísmo y de su abnegación.
De entre ellos, extraemos el de un santiagueño, un hombre humilde que se llamó Alejandro Ferreira. Conocido con el cariñoso apodo de Alico o Alicu.
Cuando estalló el movimiento revolucionario de mayo de 1810, Alico se puso al servicio de la causa de la patria. Por intuición, se orientó de modo firme y seguro, hacia los principios de la naciente emancipación americana. Alico fue un soldado de gran vocación de servicio y con esa cualidad se incorporó, para cumplir funciones de arriero y baquiano, al primer ejército de la patria, el que se conformó para desplegar sus afanes en el Alto Perú al mando de Ortiz de Ocampo.
De capacidad probada, se le confió la misión de conducir el ganado. Ferreira era un entusiasta unitario y fue baquiano del general Lamadrid en su lucha contra Facundo Quíroga. También lo fue del general José María Paz en 1830-31 y del general Juan Lavalle, éste último a quién no conocía. Eran los tiempos de la gran división fratricidad en la familia argentina entre dos grupos antagónicos: unitarios y federales.
Corría el año 1840, varios generales combatían a los caudillos regionales, Lavalle desde el sud, Paz desde el centro y Lamadrid desde el norte argentino. Lavalle acababa de sufrir la derrota de Sauce Grande y se encontraba en el puerto de Diamante, en Entre Ríos. El gobernador de Tucumán, Marco Avellaneda, organizaba la coalición del norte y con ese motivo le entregó el mando de las tropas de la misma al general Lamadrid.
Ibarra mandaba en Santiago y López en Santa Fé. El momento era grave y había que mandar un emisario con un mensaje importante.
Pero además, se requería encontrar al hombre que no sólo fuera bravo y sacrificado, sino conocedor del camino, poseyera instinto de orientación y ofreciera garantías de absoluta fidelidad a la causa hasta el martirio. El elegido fue Alico.
Lamadrid lo llamó a su presencia y le dio la orden:
-"Alicu ¡Te he llamado para confiarte una misión delicada en nombre de la Libertad. Debes disponerte a cumplirla o a morir"!
-"Pierda cuidado, mi general"- le respondió, sin dudar.
"Buena suerte, Alicu ¡" lo despidió, casi con emoción.
El arriero montó a caballo y desde la eminencia de su apero gaucho escrutó el horizonte. Recogió en sus pupilas la lejanía, agudizó su instinto de orientación y partió. Días después, pasaba por Santa Fé con un arreo de bueyes, para no llamar la atención llevando en el hueco de un cañón de pistola (forrada en cuero y trenzada con tientos, como el cabo de un rebenque) las comunicaciones que el general Lamadrid le había ordenado poner en manos del general Lavalle. En el puerto de Diamante, entregó el mensaje. Silencioso, pleno de coraje y modesto como las palomas mensajeras, fue portador de un pliego con importantes decisiones.
José Alejandro Ferreira fue un arriero de capacidad probada como tal, pero a la vez, con dotes de idoneidad para defender la causa y un fervor patriótico a toda prueba. Supo ganar distancias en los largos caminos de la pampa y de la selva.
Su alma, nacida para la libertad, debió estar contenta, pues pudo vivir lo suficiente para ver el triunfo de las ideas a las que dedicó su vida, con el sacrificio propio de los héroes silenciosos. Su ejemplo, nos permite afirmar que nadie, por modesto que sea, es incapaz de servir con abnegación a la patria, cuando arde en su pecho el fuego del patriotismo.

    • De su libro "Anecdotario santiagueño".
 

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