Introducción
En el siguiente trabajo nos proponemos analizar como Juan Alvarez (1878 - 1954) construyó, a finales de la década del 30', un relato del pasado que se ajustó al imaginario de la ciudad de Rosario. El punto de partida de Alvarez es una hipótesis que a su vez funciona como mito fundacional: "Rosario es hija de su propio esfuerzo". Así da comienzo a un relato cuyos protagonistas principales son los emprendedores, básicamente los económicos, pero también los culturales e institucionales. Los únicos héroes de guerra legítimos de esta historia fueron los que pelearon contra el orden colonial, a favor del libre cambio, y los que en el siglo XX combaten a los que constituyen algún peligro para el orden capitalista.
Juan Alvarez desarrolló así el programa historiográfico de Juan Bautista Alberdi en "Vida de Guillermo Wheelwrigth"', donde proponía un relato histórico en el que los verdaderos héroes no sean guerreros ni políticos, sino los hombres vinculados al comercio y las inversiones. El extranjero y empresario Wheelwright, había cumplido un rol patriótico, al conseguir las inversiones necesarias para activar el sistema de transportes moderno en América.
El alberdianismo de Alvarez ya fue señalado por Tulio Halperín Donghi, que ve esta base en la Historia de Rosario,:
"...Seguía siendo, acaso, el último alberdiano; su mérito preciso residió en haber I levado a sus posibilidades más altas, una línea de pensamiento que agonizaba".
'Según Halperín, el mundo liberal del que era tributario este pensamiento también agonizaba, lo que hacía que Juan Alvarez, escribiera un libro desesperanzado frente al futuro.
La hipótesis de Halperín consideramos que podría ser complementada con un enfoque que priorice los elementos históricos y culturales de la ciudad objeto del estudio de Alvarez.
La ciudad de Rosario, como se sabe, fue la ciudad del litoral que más creció tanto Juan Alvarez, al escribir la historia de la ciudad, emprende la tarea de preservar, frente al futuro, el modelo de nación que había enunciado el autor de las Bases. En lo que sigue, haremos el análisis del contexto local en que se inscribe la Historia de Rosario, y analizaremos básicamente los capítulos que van desde la época colonial hasta Caseros, por entender que allí están los elementos básicos del relato de orígenes, con el que construye una identidad para la ciudad.
La ciudad en busca de su pasado
Entre 1924 y 1925, un sector de las élites locales se propuso construir una tradición a partir de buscar fecha de fundación y nombre de fundador y festejar el "Bicentenario" de la ciudad. El año elegido, sin fecha cierta, fue 1725. El fundador, Francisco de Codoy. Este habría llegado hacia esa fecha con unos indios cal-chaquíes hacia la zona del Arroyo del Medio y habría dado inicio al doblamiento de lo que luego fue Rosario. El relato se fundaba en los escritos de Pedro Tuella, un funcionario colonial, que había vivido algunos años después en la zona. Esta propuesta desató una polémica en ámbitos historiográficos y ciudadanos. Los historiadores nucleados en la Junta de Historia y Numismática negaron, tal "fundación" por no existir el acta correspondiente. Alvarez se autoexcluyó de esta polémica por considerarla intrascendente. El entendía que no había necesidad de buscar un fundador. Sin embargo, consideraba legítima la creación de un onomástico, que, como decisión política, no necesitaba ningún tipo de legitimidad ni de sanción de parte de los historiadores.
En la década del 30, la preocupación por la identidad ciudadana volvió a aparecer en los circuitos letrados de la ciudad. Prueba de ello fue la aparición de libros como los de Augusto Fernández Díaz, Félix Chaparro, Fausto Hernández, y Mateo Booz. Los dos primeros escribieron sendas obras historiográficas, donde dan pruebas contundentes de la falacia de la fundación por Godoy.
Fausto Hernández escribió un ensayo "Biografía de Rosario" en el que reivindicaba el mito de Francisco de Godoy, en cuanto tal, tomando un concepto de mito cercano al que planteaban contemporáneamente Malinowski o Sorel. La fundación o no por Godoy y la existencia documentada del personaje, no eran relevantes para este escritor, lo importante era que se mantenía vivo en el recuerdo de los rosarinos. La colaboración en esa fundación mítica con los indios calchaquíes le daba a la ciudad una impronta fundamental:
"...Rosario debía surgir a trasmano de las aristocracias hispanas, como producto de la gleba, con tendencia a la democracia y a la colaboración, expresión neta del pueblo que la engrandeció a
través de los años. Este carácter anfictiónico es lo que explica el sempiterno Rosario democrático donde no fueron ni son posibles el conservadurismo en política y el fanatismo en religión, y el que lo hace tan amable con los extranjeros"'.
El mito, para Hernández, va delineando una personalidad particular de la ciudad, democrática, tolerante y abierta al extranjero. Ese mismo mito movilizaba sus fuerzas creadoras que la harían la ciudad próspera que era.
Mateo Booz publicó, en 1938, "La ciudad cambió de voz" \ una novela que tiene como escenario exclusivo la ciudad. En ella, relata los avatares de la vida de Felipe Talavera, un inmigrante español, que emigra en 1870, en circunstancias que se parecen a un exilio. Llega sin ningún capital, y pasa de ser dependiente de comercio, a convertirse en millonario. Se trata de un "tipo ideal de burgués" rosarino según lo expresó Osear Videla5, en el sentido que su trayectoria fue la de muchos inmigrantes, que aprovecharon la "carrera abierta al talento", que ofrecía esta zona del litoral. En todos estos productos escritos, más explícitamente en Hernández, la narrativa histórica de la ciudad es similar. Se trata de una ciudad liberal, tolerante, "progresista", una "self made city". Como contracara, que se pretende cambiar o que ya había cambiado, una ciudad materialista, ambiciosa, y poco receptiva a los productos del espíritu.
Para Juan Alvarez, la emergencia y la crisis, hacían necesaria una revisión del pasado, en función de, prevenir y mejorar la situación vigente. Pero la Historia de Rosario se propone, menos explícitamente, sentar las bases de una identidad, o en otros términos "inventar una tradición".
Para escribir este libro contaba como antecedente historiográfico los Anales de Gabriel y Eudoro Carrasco, escritos hacia 1870. Los textos que mencionamos y que eran contemporáneos a él y algunas monografías sobre temas puntuales que habían escrito compañeros suyos de la filial local de la Junta como Calixto Lassa-ga. Pero también contaba, hacia 1938, con experiencias de trabajo historiográfico, con el núcleo de los primeros "profesionales" de la historia, es decir los miembros de la Nueva Escuela. Particularmente, había trabajado en la recopilación de documentos en las colecciones que dirigió Luis María Torres, y en sendas colecciones de historia Argentina dirigidas por Ricardo Levene. A instancias de éste y a propuesta de Martiniano Leguizamón, el archivo de Indias, para ver la parte colonial, el Archivo General de la Nación, y todas las fuentes oficiales disponibles en la ciudad yenlaprovincia.
Sin embargo, el libro está lejos de constituir una obra aséptica, hay en ella una reivindicación histórica de la ciudad, un compromiso con ella y una defensa de sus virtudes.
Desde los tiempos del dominio español Rosario no ha cesado de contribuir con su sangre y sus recursos a la solución de cuantos problemas que agitaron al país; hizo análogos o mayores sacrificios que otras poblaciones argentinas para atajar al indio, luchar por la independencia, derrocar a la dictadura, cimentar la Constitución y repeler agresiones injustas del extranjero; en sus proximidades tuvo lugar el primer acto de la triunfal epopeya de los granaderos de San Martín; poco más al sur, Arroyo del Medio, Cepeda y Pavón, señalan otros campos de batalla sobre los que decidió el triunfo del federalismo; durante la primera mitad del siglo diecinueve, fue varias veces bombardeado, saqueado, semidestruido.1'
La ciudad puede exhibir también blasones patrióticos, que no se reducen a ser la cuna de la bandera, episodio que considera importante, pero insuficiente para definir el rol de la ciudad y quitarle el estigma de "ciudad fenicia". Así se propone llenar el vació dejado por la historiografía preexistente, que legó esa imagen a veces asumida, a veces renegada de la ciudad fenicia. Una de las primeras cosas que destaca, es como la ciudad, pese a todo había sido generosa con respecto al país, dejando de lado sus ambiciones particulares en función de la nación. Un ejemplo de ello son los monumentos con los que había homenajeado a Mitre y Sarmiento, quienes habían vetado como presidentes, la posibilidad de que Rosario sea declarada capital de la República.
La generosidad histórica de la ciudad tiene su contrapunto en el egoísmo de Buenos Aires. Es el problema que había enunciado en 1916 en su libro "Buenos Aires'", sobre el crecimiento anormal de la metrópoli, como una de las fallas fundamentales de la nación. En aquel trabajo, diagnosticaba el desequilibrio que había provocado ese fenómeno de crecimiento, como originado por una serie de medidas estatales que contribuyeron a que Buenos Aires siga siendo superior a las otras ciudades. Proponía una serie de reformas que fomentaran el crecimiento de ciudades medianas como Rosario, Bahía Blanca, Córdoba, Tucumán y Mendoza.
En 1939, en lugar de proponer reformas, intentó una estrategia
distinta, estudiar el desarrollo de Rosario, que sin los incentivos que el mismo proponía en 1918, y con un crecimiento cada vez mayor de Buenos Aires, se había ganado un lugar importante en la economía nacional. De esta manera, el estudio de la historia de la ciudad podía ganar legitimidad para el ámbito nacional, ya que las enseñanzas del pasado eran útiles para toda la nación.
Luego, define una periodización que es una síntesis no sólo de su libro sino también de su sustrato político:
El pasado rosarino muestra con claridad dos grandes períodos: con río cerrado al comercio exterior, pobreza y atraso; con río abierto, prosperidad y cultura. Me parece ser ésta la primera certidumbre que emerge de sus entrañas. A partir del segundo período la función primordial asignada a Rosario en la economía argentina fue servir de puerto de ultramar a una vasta zona del territorio, como "mano natural que se tiende a las provincias", según dice ]uan María Gutiérrez. Eso hacía falta que fuese, y eso logró ser. Derívase de ello un consejo: cuidar al río, no sólo para mantenerlo con suficiente hondaje junto a los muelles urbanos, sino también corriente abajo hasta el momento en que las aguas color de trigo maduro se disuelven en la inmensidad azulada del Atlántico.
Un elemento de la naturaleza, el río, es descripto con elementos rayanos en el romanticismo, a la vez que se afirma su función económica. Ricardo Falcón8 señala a partir de esta frase que Alvarez es un telurista a su manera. Tal afirmación, se desprende del último fragmento las aguas color de trigo maduro se disuelven en la inmensidad azulada del Atlántico, es decir las aguas que sintetizan metafóricamente la región del trigo, se confunden con el azul atlántico que es la puerta al mundo. El libro consta de 26 capítulos, de los cuales hay uno introductorio, del que extrajimos las citas, 13 dedicados al período 1689 -1852 y los 12 restantes al período 1852 -1939.
La colonia o la prehistoria
El segundo capítulo lo dedica a los primeros propietarios de tierras, y su primer certeza es que no hubo aldeas indígenas, ya que los que podrían haberlo elegido como lugar de asentamiento fueron tribus nómades y con un grado de civilización muy rudimentaria: "Rosario fue obra de blancos, no de indios"'. Todo el "Génesis" de la ciudad surgió por la merced de tierras concedidas a Luís Romero de Pineda en 1689, pero sin embargo no se propuso ser el fundador de una ciudad o algo que se le parezca. Recién en el siglo XVIII empezó a haber una primera migración interna desde Santa Fe.
Este éxodo santafesino, producto del mal emplazamiento de la ciudad fue el origen primigenio de la ciudad, ya que los nuevos pobladores, exigieron un alcalde, que fue designado por la autoridad colonial, luego se agregó un cura y el pedido de un curato que también fue concedido. Se estableció una capilla, emplazada donde después se construyó la catedral, y a su alrededor se empezaron a agrupar nuevas edificaciones, que empezaron a formar un pueblo y luego una ciudad.
El mito, consagrado por el ensayo de Hernández, de la fundación por Godoy, lo desarmó paso a paso, a los recursos del saber histórico consagrado como científico. Salvo el testimonio tardío de Pedro Tuella (1802) no habría pruebas suficientes ni de la existencia de Francisco de Godoy ni de que fuera el fundador de la ciudad. Descartando ese mito, se aboca a entrar de lleno en la historia de la ciudad, asíen el capítulo IV(1731 -1757), comienza el proceso de diferenciación con Santa Fe. De esa ciudad y sus alrededores eran sus habitantes primarios, pero el primitivo Pago de los Arroyos, hacia 1744 tenía, según el censo que cita, más habitantes que Santa Fe. Aquí aparece la preeminencia de Santa Fe, como puerto obligado y preciso, que encuentra su racionalidad en la necesidad de defender la frontera con el indio. Vemos que data ya del Siglo XVIII la preeminencia artificial de Santa Fe en lo formal y también la preeminencia económica y recaudatoria de Buenos Aires. Sin embargo, esta imposición artificial no habría afectado a los habitantes del pago, ya que algunos vecinos eran propietarios de carretas que serviría para el transporte hacia Buenos Aires.
Alvarez inicia aquí su búsqueda de la particularidad de Rosario, y se aboca a los datos sobre agricultura y verifica el rendimiento de las cosechas hacia 1757, a partir del pago de los diezmos. Este es un momento importante porque le permite desglosar los datos de la capilla, diferenciándolo del pago de los Arroyos. Allí "verifica" que los chacareros residentes en la capilla tenían mayor rendimiento de la tierra por sus cosechas.
Los recuerdo haciendo honor a las fatigas de aquellos animosos pioneers de la agricultura local.'"
Es decir que Alvarez encuentra en el génesis de la ciudad en su prehistoria, grupos de "pioners" y, que, contra las adversidades y dificultades de todo tipo se dedican a la agricultura intensiva y a ir construyendo poco a poco una ciudad. Es decir, que estamos frente a proto burgueses en pleno período colonial, que serían los actores principales del relato de orígenes que estaba construyendo Alvarez. Esta es sin duda, una forma de reconstruir el mito fundacional de la ciudad pero sobre bases inversas a la de Hernández. En primer lugar, no puede admitir que la ciudad haya sido obra de indios, o que éstos hubieran tenido algún tipo de influencia en el
desarrollo de la ciudad. En segundo lugar, puede encontrar sobre bases documentales la posibilidad de construir un relato de orígenes sobre bases científicas y no mitológicas. Evidentemente, el mito en Alvarez está visto como falacia, como mentira encubridora, y además innecesaria.
La villa, también tempranamente tuvo conflictos con Santa Fe, en algún momento con las autoridades eclesiásticas, y también con las militares. Una de las principales fuentes de conflictosera el control de precios fijados por el monopolio legal de Santa Fe:
Esta limitación del precio en perjuicio de los productores rosan-nos, hízose patente varias veces mediante disposiciones gubernativas que tan pronto invocaban carestía como necesidad de impedir presuntas maniobras de especuladores. Los remedios son siempre ¡guales: aduana interior, aislamiento económico, y precio máximo impuesto por un cabildo que no se cuida de establecer lo mínimo para evitar al labriego los quebrantos de la baja, cuando esta ocurre por abundancia. La única defensa eficaz al alcance de los cosecheros del sur estribó en que sus frutos fueron buscados algunas veces por consumidores de Buenos Aires, y el gobernador les prestó apoyo, quebrando de esa suerte el monopolio norteño. Sobre todo, en años de mala cosecha. Tal ocurre en 1758; y el expediente formado con motivo de la incidencia, muestra bien como funciona lo que hoy hemos dado en llamar "economía" dirigida, imaginándola cosa novísima y jamás ensayada antes.'
Es decir, no solo había empresarios en la época colonial, sino que correlativamente, había economía dirigida, que sumía en la pobreza a aquel los agricultores sureños que respetaban las leyes.
Sin embargo, los animosos emprendedores rosadnos, burlaban la voracidad estatal, con el contrabando, esto lo verifica contraponiendo los registros oficiales con los diezmos cobrados: "...Cumplían puntualmente con Dios y se burlaban del gobierno". La población también en sus orígenes fue heterogénea, como una especie de protocrisol de razas: Otro dato emergente del sumario es la mezcla de población de los Arroyos, que ya por aquella época distaba de ser homogénea, integrándola españoles, intelectual, que hizo lo que pudo con lo que tenía:
"...Tal es el caso de Tuella, hombre estudioso y sencillo, mitad literato, mitad pulpero, que a fuerza de asiduidad y lecturas concluyó por ser tolerable autodidacto en la modestísima Capilla del Rosario de fines del siglo XVIII. He procurado seguir de cerca a este personaje, porque además de interesar su actuación, ocurre que mi casa familiar se levanta en el sitio donde estuvo la de Tuella, y hasta conserva buena parte de su primitivo plan. Para edificarla fue preciso echar abajo recias paredes de adobe levantadas más de un siglo antes, y desmantelar vigas de cedro de la techumbre, labradas a hacha. Seguramente allífueron escritos los trabajos de que paso a ocuparme"". Es significativa esta alusión a compartir la propiedad con Pedro Tuella. Alvarez parece posicio-narse en una operación de legitimación más que metafórica, a partir del espacio en común. Alvarez vive en la misma casa, pero construida sobre la anterior, que era rústica y de adobe, en una construcción moderna. Es posible escribir la historia que la ciudad necesita. Tuella es un personaje en gran medida de ficción, cuya pobreza intelectual le sirve a Alvarez para reafirmar que el pasado colonial, fue pobre en todos los aspectos de la vida social.
La independencia
Las Invasiones Inglesas, como antecedente de la Revolución de Mayo, fue un hecho de escasa relevancia. Pero destaca, del brevísimo período de dominación británica, la instauración del comercio libre. Esta medida se transforma en el relato de Alvarez en algo significativo. En contraposición, con la dominación española, las Invasiones inglesas iniciaron en las colonias el primer atisbo de liberalismo económico.
La Revolución de Mayo en el ámbito local tuvo una particularidad, la desobediencia a las autoridades del cabildo se hizo sin saber lo que estaba ocurriendo en Buenos Aires. El episodio que relata Alvarez está referido a la asunción de funciones del alcalde colonial, que intentó decomisar panes que infringían la reglamentación vigente de precios. La respuesta de los pulperos fue echar al alcalde entrometido de sus respectivos negocios. Finalmente, después de varias ¡das y vueltas y la intervención directa del virrey, el alcalde fue depuesto. Un grupo de vecinos, casi todos ellos ex funcionarios, pidieron en una proclama la destitución del alcalde, argumentando a favor del Rey y en contra de su funcionario. Sin embargo, considera Alvarez que éste no era el sentir de toda la población, que ya estaba cuestionando las autoridades constituidas. Este relato es significativo, en su objetivo de ponderar y de construir como héroes a los pobladores del rosario colonial, ya que aún aquellos que eran partidarios confesos de la autoridad
de origen divino del rey, eran batalladores de la autonomía local y del libre comercio.
Este patriotismo liberal de los pobladores de Rosario, lo reafirma cuando muestra su disposición a defender con las armas las nuevas posibilidades abiertas con la revolución de 1810, aunque su papel fuera modesto.
Ha de verse el mérito de tal conducta, no ya en el número de habitantes, sino en las intenciones y en los sacrificios, tanto mayores cuanto mas reducidos eran los recursos. Examinados sus actos con arreglo a un prudente sentido de la proporción, adviértese bien pronto cuan errados están quienes, por ignorancia, siguen creyendo que nada digno de mención ofrece el pasado de Rosario entre el 25 de mayo de 1810 y el 27 de febrero de 1812, o que hasta ocurrir el combate de San Lorenzo en 1813, ningún servicio militar prestaron a la patria sus vecinos.14
Así va incluyendo en el panteón héroes, militares y políticos, de los que biografía sólo a Vicente Anastasio de Echevarría, a quien califica de figura consular. El relato de su vida lo ubica ya como rosarino, pero se traslada a Buenos Aires en 1802. Actuando en el consulado, asistió a la sesión del 22 de mayo y votó por la destitución de Cisneros, trabajando luego como secretario de estado y en otras funciones en el gobierno de Rivadavia, apartándose de la actividad pública con la dictadura de Rosas. Echevarría es el primer héroe civil individual, que aparece en el relato de nacional, recordemos que este hecho no era para él el mas importante que podía atribuirse la ciudad. A pesar de esto, le dedica un espacio importante, y en el relato hay un elogio de la guerra, cuya legitimidad estaría dada en la lucha por el comercio libre, base fundamental de la sociedad y de la nación deseable para Alvarez. También, podríamos suponer se trata de la "legibilidad" de su propuesta historiográfica, ya que en este punto se atiene a los cánones tradicionales del panteón de héroes ¡ndiscutidos, como Belgrano y San Martín. Estos personajes canonizados, prestigiaron con su actuación y su consideración a la historia de la ciudad:"
"...Los dos grandes generales de la revolución vincularon así su nombre a Rosario, durante la época en que nuestra guerra de la independencia tenía por principal campo al litoral argentino"
La época de los caudillos
El capítulo siguiente lo dedica a Santa Fe bajo el protectorado de Artigas, a la que ve como una época negativa y de incertidum-bres:
En 1818 entra en escena Estanislao López, que, en principio fue resistido por los rosarinos, pero fueron derrotados por el caudillo:
"...Al mes siguiente entraba López a Rosario, seguido por sus blandengues, algunos partidarios y no poca indiada, pues desde años antes venía cometiéndose el error de mezclar a los salvajes en lasdiscordias de los blancos."
No podía haber sido peor el acto inaugural de López en Rosario. Por un lado venía imponiéndose desde la ya varias veces denostada Santa Fe, por otro lado Se impuso en alianza con los indios, es decir con la barbarie. Rosario en este periodo se convierte en escenario y en víctima de las guerras entre caudillos del litoral y Buenos Aires, y entre López y Artigas y López y Ramírez. Entre todos los actores de esta tragedia Alvarez no opta ni muestra simpatías por ninguno, pero los que quedan peor parados son siempre los porteños. Los caudillos del litoral, si bien estaban teñidos de barbarie cumplían una función positiva en la caótica tragediade lasguerrasciviles:
"...La ¡dea federal iba en marcha, y quienes la encauzaban impidieron que Entre Ríos y Corrientes se disgregasen en la Argentina para anexarse al Uruguay, e hicieron imposible también el restablecimiento de la monarquía, no mal vista por los dirigentes de Buenos Aires a fines de la segunda década del siglo XIX.""
La crítica al caudillo la continúa en el capítulo siguiente: Rosario bajo el gobierno autónomo de Estanislao López (1822 -1838). Este capítulo había sido su conferencia, cuando lo nom-
braron miembro de numero de la Junta de Historia y Numismática, y lo reprodujo en el libro sin modificaciones. En principio, el nuevo orden no le merece un balance positivo para la ciudad y la clave de esto, está en la autonomía:
"Perplejos hubiesen quedado los rosarinos de 1822, a tener que explicar con claridad que ventajas morales o materiales reportaba para ellos la autonomía de la provincia de Santa Fe, conseguida a costa de siete años de devastaciones, luchas, incendios y saqueos. Allí el único verdaderamente autónomo era el gobernador: los simples ciudadanos, limitaban sus derechos políticos a congregarse de tiempo en tiempo para elegir a quien el comandante militardijera."'
Ademas de las libertades individuales, tampoco se avanzó demasiado en cuanto a división de poderes se refiere, la legislatura era una institución decorativa, y el poder judicial, era muy dependiente del ejecutivo, ya que ni siquiera tenia estructura propia/Tampoco rescata su tarea en el orden económico, ya que, cediendo el monopolio a Rosas del comercio exterior, cercenó las posibilidades de crecimiento que podían haber existido con el río abierto.
Todo sigue siendo pobreza en la época de Estanislao López, como lo era en la época colonial, y la clave está en el río cerrado al comercio exterior, en un caso por el monopolio español, y en el otro por las concesiones a Buenos Aires. Por añadidura, tuvo ciertos acuerdos promiscuos con tribus indias, es decir con los excluidos absolutosde la polis para Alvarez.
El período siguiente (1838 -1852), es un período transicional, donde están las consabidas peleas caudillescas, en este caso por la sucesión de López, donde predominó el rosismo entre los distintos gobernadores, salvo Cullen. Sin embargo, inadvertidamente, Rosas benefició económicamente a Rosario, al constituir la villa en el lugar de concentración de tropas, ante el bloqueo anglo francés, que se constituyeron en consumidores del comercio local y ayudaron a repoblar los campos del sur.
Caseros: el anuncio de una nueva época
La medida militar del rosismo, para evitar las intervenciones extranjeras, junto con nuevos emprendedores, dieron cierta luz a la ciudad, que a partir de ese momento recibe nuevas casas de comercio. Esta nueva situación económica genera también un crecimiento de la población, a la que describe, como industriosa y trabajadora, y que va adquiriendo conciencia de la necesidad de abrir el río.
Esta nueva conciencia es la que haría que la población de Rosario, en contradicción con las autoridades provinciales, apoyara el pronunciamiento de Urquiza contra Rosas. Así relata Alvarez, en tono de gesta heroica el pronunciamiento rosarino:
"Contrastando con tan sumisa actitud (se refiere a las autoridades santafesinas), Rosario será el primer punto de la provincia donde alguien tome partido a favor del "loco traidor". En la noche del 9 de diciembre, soldados del regimiento 2 de caballería se sublevan al mando del alférez Pacheco. Recibidos a cañonazos por las tropas de Santa Coloma puestas sobreaviso; caen muerto el oficial y varios de sus compañeros, logrando los demás incorporarse a Urquiza en el Diamante, tras accidentadísima fuga por las islas y cruce del río a nado. Este primer fracaso no desarma la conjuración. Algunos días después inicia el jefe entrerriano su pasaje del Paraná, y el ventincinco, Rosario se pronuncia con la casi totalidad de su guarnición, apoyada esta vez abiertamente por el vecindario. Tal fecha se recuerda hoy en una calle -la antigua Mensajerías- que desemboca frente al sitio donde enarbolara Belgrano el pabellón patrio. Así, los rosarinos festejaron la navidad de 1851 afrontando uno de los mayores riesgos que corrieron en su vida."
Como vemos el relato del hecho tiene una condensación simbólica de dimensiones míticas. En primer término, el lugar es casi el mismo donde se izó la primer enseña patria, pendón de la libertad de comercio, por Belgrano, que fue acompañado inmediatamente por los "emprendedores" rosarinos. Ahora, en 1851, la vuelta a las banderas de libertad es apoyada por el mismo pueblo, en el mismo espacio. Las escasas manzanas entre la iglesia principal y la calle Mensajerías, aunan distintos momentos históricos para constituirse en una síntesis de un posible mito fundacional de laciudad.
Así, Caseros se constituye en el verdadero acto fundacional de Rosario:
"La victoria de Caseros inicia una nueva era para Rosario. Transfórmasele en puerto de ultramar, su aduana será muy luego la principal de la Confederación, va a disponer de banco, de una importante hoja de publicidad, de capitales, y brazos, y empresarios: todo ha de verlo llegar en pocos años la oscura y pobre villa, antes maniatada y empobrecida por errores políticos o económicos. Los rosarinos diéronse cuenta inmediatamente de lo que significaba para el país y para ellos mismos el cambio fundamental a que estaban asistiendo. Tocaba ahora al general Urquiza y a los hombres que lo acompañaron, emprender la grandiosa obra."
Así comienza Alvarez el capítulo XV de su libro, la primer iniciativa benefactora de Urquiza fue el pedido al gobernador de Santa Fe, Domingo Crespo para que Rosario sea declarada ciudad. Pedido que fue refrendado por el gobernador y la legislatura. Las autoridades provinciales retrasaron la medida, cumpliendo con su rol retardatario. Sin embargo, considera más importante la actitud de Buenos Aires ante el "federalismo" portuario de Urquiza, actuando como retrógrada al querer conservar su monopolio.
Urquiza se constituye así en el héroe de una gesta, que es superior aún a la emancipación. Recordemos que, si bien presta atención a los hechos de mayo y a la jura de la bandera, ni menciona la declaración de la independencia de 1816. El héroe, no sólo derroca la tiranía, que mantenía a su modo el sistema colonial, sino que encabeza el reordenamiento legal del territorio, ahora en vías de unificación:
El año 53 presenciaría otro suceso de gran trascendencia: la Constitución nacional, sancionada en Santa Fe el primero de mayo y promulgada por Urquiza el veinticinco, realizándose con ello los ideales de cuantos en los campos de Caseros habían ostentado la divisa constitución o muerte (JA). ¡Por fin era verdad! Desde el Carcarañá al arroyo del Medio corrieron chasquis citando a los ciudadanos a congregarse en Rosario para jurar acatamiento a la novedosísima carta magna; fue un continuo arribo de jinetes procedentes de los más lejanos puntos del departamento, inclusive India Muerta y Melincué, fronterizos del salvaje. Llegado el 9 de julio, Don Marcelino Bayo, juez de paz y poseedor de cuatro ejemplares de la constitución, la leyó en voz alta así como al decreto de Urquiza y a la proclama oficial; juró; recibió juramento de los presentes; puso en cinco registros sus nombres y los de quienes por inconvenientes insalvables delegaron en otro su asistencia; y cumplido así el patriótico deber entre vítores y aclamaciones, entregáronse todos a festejos populares pues para algo había autorizado el gobierno un gasto de ciento cincuenta pesos. Por virtud del nuevo sistema, serían definitivas la apertura del río, la libertad comercial, la supresión de aduanas interprovinciales y derechos de tránsito, la nacionalización de las aduanas exteriores. El relato transmite un entusiasmo popular por la constitución que solo adquiere sentido en el contexto de la historia previa de los rosarinos. La ley fundamental representa para Alvarez, el anuncio de una nueva era, una era de libertad, ansiada por los habitantes de la villa desde tiempos remotos, y por fin realizada. Los pobladores del antiguo curato, luego villa y finalmente ciudad, fueron y son esencialmente amantes de la libertad, que lucharon políticamente o resistieron las imposiciones de autoridades con patrones coloniales, y contra la barbarie indígena, por la libertad de empresa.
El inspirador de la ciudad, fue Urquiza, y los héroes civiles de esa inspiración fueron una serie de emprendedores en los distintos campos de la actividad ciudadana. Así aparecen Federico de la Barra, fundador del primer periódico, un grupo de damas que forma la primera Sociedad de Beneficencia. Los que edificaron el primer teatro, Nicasio Oroño, primer jefe político de la ciudad, que tuvo una importante cantidad de iniciativas para ordenarla, como el deslinde de terrenos, alumbrando las calles, nuevos trazados de las mismas, y la formación de plazas.
"...Tan eficaces actividades realzaron los prestigios de quien mas adelante recibiría el honroso alias de "Rivadavia chico".1'1
Estos realizadores podían concretar sus proyectos gracias al nuevo clima de libertades instaurado por Urquiza, aunque no deja de señalar, quizás para no ser motejado de "urquicista", que aún faltaba realizar la libertad política.
De esta manera, el drama histórico que se arrastraba desde la colonia y con las guerras civiles y la tiranía (tanto la de Rosas como la de López), se resuelve en un final feliz, donde por fin triunfa la libertad por la que habían luchado, aún a veces sin saberlo claramente, los hombres de la ciudad.
Estos hombres esencialmente emprendedores, no defraudarían su esencia, ante las nuevas necesidades que crea la economía. Así colaboran con empresarios como Hopkins que trajeron los remolcadores, los muelles y toda la infraestructura necesaria para el puerto. Las comunicaciones tienen su primer desarrollo gracias a dos extranjeros afincados como Juan Rusiñol y Joaquín Fillol, que inician un sistema de carruajes con viajes periódicos entre Rosario y Córdoba y Rosario y Santa Fe. Alvarez los califica de verdaderos "pionners", y los instala en el panteón de héroes de la ciudad, como los iniciadores efectivos de la épica capitalista, que comienza en 1853 y sigue en la contemporaneidad. Estos primeros héroes eran económicos, algunos de ellos extranjeros, a veces sin afincamiento en la ciudad.
Así aparecen Alan Campbell, el ingeniero que trazaría el ferrocarril, y el barón de Mauá, primer banquero, y malogrado financista de la Confederación urquicista. Sin embargo, la Confederación tiene problemas financieros, ya que los ingresos de aduana más
importantes del Río de la Plata, pasan aún por el puerto de la escindida Buenos Aires. Por lo tanto desmitifica el significado real de los derechos diferenciales del puerto.
Mucho se ha fantaseado acerca de la presunta influencia de dichos derechos sobre el desarrollo de Rosario, mas la verdad es que ella fue escasa. El sistema empezó mal y concluyo peor; sólo estuvo en vigencia treinta y cuatro meses para la importación, y menos de doce para la exportación, tiempo demasiado breve para que pudieran esperarse grandes resultados; durante buena parte de ese período, las rentas de aduana revelaron no haber sido el movimiento comercial mucho mayor que antes y a cambio del pequeño impulso que le dieron a los negocios, hubo que sufrir los trastornos y perjuicios de una cruenta guerra civil. Tampoco se los había creado para beneficiar a Rosario, pues su verdadero objeto fue conseguir recursos para el gobierno federal y forzar la incorporación de Buenos Aires, suceso que haría perder inmediatamente a aquel su categoría de puerto principal. Tan no estuvo en juego el localismo, que los rosarinos acudieron entusiastamente a derramar sus sangre en el campo de Cepeda para obtener dicha incorporación, contraria a sus intereses inmediatos pero conveniente al engrandecimiento de la república. Preferible es que así ocurriera, pues siendo Rosario fruto espontáneo y lozano de la libertad de comercio hubiera menguado sus prestigios asentarlos sobre mezquinas políticas detrabasy restricciones. No lo necesitaba/
Recordemos que en Buenos Aires, le endilgaba a la capital argentina, precisamente tener ventajas artificiales otorgadas por el Estado. Rosario, no sólo no las necesitaba sino que no las quiso, en su afán libertario, y no iba a quedar atada a las políticas protectoras de Urquiza.
Tanto es así que luego de la nueva organización nacional, fue Mitre quien decidió que en la ciudad de Rosario se instalara el otro gran pivote del progreso: el ferrocarril:
"...Ello es que así como Belgrano había elegido Rosario para enarbolar el símbolo de la nacionalidad, Mitre, con certera visión, lo erigió como punto de partida de lo que conceptuábase definitivo aniquilamiento de las montoneras, el indio y la haraganería."
La avanzada de la civilización llegaba entonces de la mano de Mitre, cuya virtud, al igual que la de Urquiza, fue la de ver la esencia de ese poblado que podía ser el lugar estratégico, desde el cual podía iniciarse la epopeya del progreso. Uno de sus héroes sería aquí Guillermo Wheelwright, aunque en realidad es la encarnadura humana del verdadero tótem del progreso: el ferrocarril. Ladescripción del acto inaugural, que hace Alvarez adquiere las proporciones de una verdaderas fiesta:
"Tras la marcha alusiva El ferrocarril, compuesta por el maestro Buroni Lecari de la banda local, el arcediano de la catedral de Paraná, Juan José Alvarez, bendice las herramientas a utilizarse que han sido fabricadas ex profeso por alumnos del liceo y Escuela de Artes y Oficios de la ciudad. Acallados los aplausos que arrancan expresivas palabras del arcediano, Wheelwright presenta a Mitre un pico, el presidente da los golpes de práctica, alza tierra con una pala y en la carretil la que acaba de traer el ingeniero Blyth la deposita a corta distancia. En ese momento truenan las bocas de fuego y el aire vibra con las notas del Himno. Acto seguido, discursos. Dice Mitre: "Este es un feliz acontecimiento que inaugura la extinción completa del caudillaje bruto... Que desde el Plata hasta la Patagonia, hasta la cordillera de los Andes, todos se ocupen del ferrocarril de Rosario a Córdoba como de su propio ser...". Entre aclamaciones y vítores, repártense medallas conmemorativas, acuñadas también en Rosario, mostrando la forma típica de una locomotora de la época, con su altísima chimenea; y como no alcanzan, para extinguir el griterío es preciso arrojar otras, procedentes quizás de algún saldo pues llevan, ignoro por qué, el busto de Simón Bolívar; explícase que acaso este prohombre verá muy luego eclipsada su gloria por el ferrocarril, nuevo libertador de América." "'
La fiesta continúa, con la alocución de Wheelwright, que describe las nuevas posibilidades que se abren con el nuevo sistema de transporte:
"...El nuevo libertador continental debe trasponer los Andes; y ahí mismo anticipa el entusiasta yanqui las etapas de su futura marcha victoriosa: después de Córdoba, a La Rioja por la Horqueta, y más tarde por Copacabana y el paso de San Francisco, a Copiapó y Caldera. Aunque hasta ese momento no haya un solo metro de riel, el magnífico vaticinio enardece a la muchedumbre caldeada por el fuego de las anteriores alocuciones."
La muchedumbre, el pueblo, estaba para Alvarez legítimamente feliz, su alegría tenía que ver no con los vivas a un caudillo sino con algo más racional y de mayor alcance, como es el progreso. El portavoz de ese progreso, al que se podría considerar también un héroe, no era ni un político ni un militar, era un empresario y por añadidura, extranjero. Los datos biográficos de Wheelwright los toma del trabajo de Alberdi, (Vida de C W), al que califica como "páginas magistrales". Sin embargo, se distancia del entusiasmo de los rosarinos del momento como del propio Alberdi, cuando narra, esta vez con ironía el momento en el que efectivamente se inauguró el ferrocarril, un año después de su inauguración simbólica:
"...Comenzada la descarga el primero de agosto con sol magnífico, la población entera acude a solemnizar el acto abandonando sus tareas; y en medio del entusiasmo delirante, varios vecinos espectables luciendo sombreros de alta copa, suben a hombro
jubilosamente el primer riel, hasta plantarlo a guisa de mástil sobre la barranca." Izase a su tope el pabellón blanco y celeste, cual otrora en la batería de Belgrano, simbolizando esta vez el comienzo de la nueva era feliz, tan esperada. Cambian los tiempos, ciertamente. Medio siglo después de esos aplausos, vencidos y olvidados ya el indio y el desierto, los rosarinos distarían mucho de ver en el Ferrocarril Central Argentino al salvador aquél que aclamaran con toda su alma en 1863 - 64. Pensando en ello, una vez más acude al espíritu el clásico lamento de Eneas: quantum mutatisab ¡lio!
Evidentemente, a pesar de su alberdianismo, Alvarez no pasó indemne a la caída de las i lusiones del progreso, por lo que en este párrafo lee el acontecimiento del ferrocarril jugando con la referencia omnisciente de lo que pasó después.
Uno de los obstáculos para el progreso, fue la guerra del Paraguay, iniciada en 1865, de la que sin embargo hace un relato épico, en cuanto a la actuación de los rosarinos se refiere. Nuevamente esto refleja su preocupación, fuera por destacar el patriotismo de la población local, aún en la circunstancia más extrema como fue la de la guerra. La ciudad daba sus mejores hijos en pos de la causa patriótica, las damas habían bordado la bandera que llevaría el abanderado Mariano Crandoli, que luego moriría con ella. Sin embargo, a pesar de la guerra, el progreso seguía en la ciudad favorecida, esta vez por la Organización Nacional lidera-da por Mitre. Esto permitió el crecimiento de la ciudad, adelantando sus principales vías de transporte, el puerto y el ferrocarril.
El precio de las tierras se valorizó y destaca los planes de convertir grandes extensiones de tierra en chacras dándosela a los ex combatientes de la guerra, pero aquí el plan modernizador tropieza con el obstáculo de la indolencia de la población nativa:
"...Los ex - guerreros mostraban muy pocas ganas de empuñar el arado, y bien pronto obtuvieron del gobierno les eximiese de poblar sus lotes. Herederos de la pereza del indio y el desdén del español hacia los trabajos manuales, hechos a una pobreza que era casi miseria, resultaron aptos para afrontar peligros personales y aún hacerse matar por cualquier bagatela, pero flojos ante la langosta, la hormiga, los períodos de seca, las heladas a tiempo y demás enemigos de la agricultura. Poseedores de coraje, les faltó pertinacia, constancia, trabajo asiduo y disciplinado. Todo eso lo traían los "gringos", los suizos, los laboriosos y rudos inmigrantes de la Lombardía y el Piamonte..."22
Así, las tierras del litoral sólo podían ser trabajadas por el elemento extranjero, nuevo colectivo que, sin tener raíces en esta tierra, haría obra de patriotismo contribuyendo con su trabajo al progreso.
CONCLUSIÓN
Los capítulos más contemporáneos de la Historia de Rosario están dedicados a las grandes realizaciones de la ciudad, en la persona de personajes que va canonizando, a medida que avanza el relato. Los realizadores son empresarios, políticos, escritores, abogados, maestros, que acompañan el crecimiento de la ciudad con su trabajo. En su tarea se ven sometidos al acoso de varios obstáculos, las inevitables crisis económicas, la inestabilidad política; y, fundamentalmente, las revueltas populares y el dirigis-mo económico.
Las primeras revueltas de 1890 y 1893, resultaron de algún modo resueltas con la ampliación del régimen electoral, pero las primeras huelgas obreras importantes de principios de siglo, y las que estaban ya influenciadas por el comunismo después de 1917, fueron mucho más peligrosas. Entre los que luchan contra ese peligro destaca la actuación de un prohombre de la ciudad, Manuel Caries, creador de la Liga Patriótica. Así justifica la violencia de la liga en sus intervenciones, de la misma manera que
justificaba la guerra en función de la libertad de comercio.
Después de la crisis del 30, el peligro para el mundo liberal fue mucho más acuciante, particularmente para la Argentina. El derrumbe de precios, se combinó con los desórdenes comunistas, y la ineficiencia administrativa y la demagogia del gobierno de Irigoyen. Los gobiernos que le siguieron, paliaron la crisis utilizando como herramienta una mayor intervención del Estado en la economía. El recurso, para Alvarez, debió ser algo momentáneo, pero hacia 1938, se estaba convirtiendo en política permanente, y amenazaba como un retorno al pasado colonial.
"Economía dirigida...hacia la metrópoli: eso parecía ser. Además, por obra de tan excesiva intervención del Estado, en todos los órdenes de la producción va creciendo un sentimiento de irresponsabilidad que hace esperar muchísimo de la ayuda oficial y muy poco del esfuerzo propio. Comercialmente, Rosario declina..."21
El mundo liberal, el mundo de los emprendedores, está en peligro, por lo tanto es el momento indicado para Juan Alvarez de contar la historia de una ciudad que creció gracias a la libertad de comercio.
El período colonial es un pasado que no merece ser reivindicado, es la barbarie, pero ya en ese momento hay individuos que luchan, quizás inconscientemente, por la libertad. Sin embargo, merece ser estudiado concienzudamente, ante el peligro de repetirlo, con la intervención del Estado en la economía.
En el relato no hay estrictamente una "edad dorada", pero si hay un momento, que es 1852, que anuncia el camino del cual la dirigencia política argentina nunca debió apartarse. Ese camino es el que había anunciado Alberdi, en sus Bases: el de una Argentina con libertades civiles irrestrictas, donde haya libre circulación de hombres, mercancías y capitales.
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