Santiago del Estero, 1º mitad del siglo XX

Documentales de época comentados por Leonardo Gigli.
Con Dirección General de Cultura de la Provincia y Teatro "25 de Mayo", destinado a estudiantes santiagueños.

Programa Leer en Familia

Se desarrolla en escuelas rurales cercanas a la capital santiagueña. Tiene por objetivo promover la lectura con pie en el trípode familia-alumno-escuela. Con la Agrupación de Jubilados Docentes 11 de Setiembre.

Escríbanos
Escríbanos!

Por José Togo, Carlos Bonetti, Luis Garay

 

Una primera aproximación al estudio de la esclavitud en Santiago del Estero.

 

Este trabajo tiene por objetivo aportar elementos para el estudio de la esclavitud en la provincia de Santiago del Estero, durante el período colonial y los primeros momentos de la etapa independiente. El análisis de la documentación nos permitió considerar una perspectiva ¡ntegradora al momento de abordar el fenómeno, es decir rescatando las voces de los propios esclavos, como así también la de sus respectivos amos y otros actores sociales que regularon el funcionamiento de esta institución. Cartas de venta, solicitud de libertad, testamentos, remates,públ¡cos y procesos judiciales son parte de nuestro corpus documental; conjuntamente con actas de matrimonio y censos, a través de los cuales pudimos realizar una primera aproximación a esta práctica de la esclavitud y a definir y describir algunas de sus características. En este sentido, debemos aclarar que los trabajos sobre este tema son escasos en nuestro medio, contando como únicos antecedentes las publicaciones de María Mercedes Tenti "La esclavitud en Santiago del Estero" y otro de nuestra autoría denominado "Recuperando la memoria: la esclavitud en Santiago del Estero". También se puede citar el libro de José Luis Crosso "Indios muertos, negros invisibles" donde aborda tangencialmente a la
esclavitud.
A partir de los datos, registros y documentos obtenidos, que si bien no son abundantes, nos posibilitaron establecer criterios para analizar la trata de esclavos en la provincia en tres etapas o períodos, cada uno de los cuales se caracteriza por contener ciertas especificidades. El primero, comprende desde fines del siglo XVII hasta mediados del XVIII, el segundo, a partir de mediados de ese mismo siglo hasta su finalización y el último, abarca la primera mitad del siglo XIX. Este recorte temporal no es taxativo, ya que algunas de las características que definen a una etapa se encuentran presentes o continúan en cierta medida en las otras. Las dimensiones tenidas en cuenta fueron: las formas de adquisición de la mano de obra esclava por parte de las principales familias españolas, la participación de la institución judicial y religiosa en la trata, los espacios de emancipación y la relación amo-esclavo. Cabe aclarar que el marco temporal en que se circunscribe el análisis está determinado por la existencia de documentación para ese período, ya que para el siglo XVI y principios del XVII las informaciones son escasas o directamente inexistentes, por lo cual nos enfrentamos con ciertas limitaciones para abordar esta temática tempranamente con el inicio de la esclavitud de los africanos, asícomo sus descendientes en esta región.

El puerto de Buenos Aires y las rutas del contrabando
La llegada de africanos a América se produjo por la necesidad de obtener mano de obra, tanto en el ámbito rural como urbano de las colonias, sobre todo después de los intentos de abolir los servicios personales de los naturales, ante las incesantes protestas de autoridades y misioneros. Esta incorporación era más redituable ya que un africano podía realizar el trabajo de cuatro o cinco indígenas, tanto en las labores del campo, en las minas, en los servicios domésticos de las casas señoriales o en la producción de alimentos.
Desde principios del siglo XVII, Buenos Aires se constituyó como un importante punto de internación, ya que entre 1606 y 1625 fueron introducidos por ese puerto 8.925 esclavos de contrabando' en lo que se denominó el "trafico triangular" y donde participaban países como Inglaterra, Francia y Portugal; teniendo este último posesiones sobre la costa africana. De este modo, España se limitaba a ser receptora y compradora de las piezas de esclavos ofrecidas por los traficantes ingleses, portugueses y franceses. Como antecedentes tenemos los datos aportados por Crespi (2001) donde consigna que entre 1588 y 1605 habrían ingresado por el puerto de Buenos Aires 21 esclavos con licencia y 262 i legales los que fueron decomisados, procediendo la mayoría de Angola, Guinea y Brasil.
Fue el Obispo de Tucumán, Francisco de Vitoria quien a fines del siglo XVI promovió la apertura del puerto solicitando a la audiencia de La Plata licencia para introducir una partida de 150 esclavos desde el Brasil. Sin embargo, un pirata inglés logró capturar algunas piezas antes de que la carga llegara a Buenos Aires. Posteriormente, con este antecedente comenzaron a otorgar permisos parciales, hasta su apertura legal en 1702. Esta nueva ruta trajo ventaja competitiva para la introducción de esclavos a Lima, el Callao y Potosí, ya que se acortaba sustancialmente el camino vía Panamá. Sin embargo, el contrabando fue parte inseparable del comercio legal durante la vigencia de esta práctica, por lo que previo a la legalización de la introducción de esclavos por Buenos Aires, se establecieron algunas aduanas en Córdoba y posteriormente en jujuy, con el fin de contrarrestar estas transacciones ¡legales.
De este modo, la llegada de esclavos a la provincia de Santiago del Estero, tiene sus orígenes en la introducción del Obispo del Tucumán, algunas compras a los asentistas de Buenos Aires y fundamentalmente al contrabando, que seguía las denominadas rutas continentales que servían para el comercio. Esta ruta desde el siglo XVII partía desde Buenos Aires, pero al llegar a Córdoba se dividía en dos direcciones, una hacia Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Potosíy Perú. La otra, se desviaba desde Córdo-
ba a Mendoza, para llegar a Santiago de Chile y a La Serena. De todos modos tuvieron escasa incidencia y efectividad las medidas tomadas como el establecimiento de las aduanas y otras prohibiciones para impedir el contrabando.
A finales del siglo XVII, un tal lbáñezJ había sacado de forma ¡legal una partida de esclavos desde Buenos Aires, pero una vez descubierto el tráfico en Santiago del Estero, el Tesorero oficial de esta ciudad dispuso la prisión del mismo y el secuestro de doce de las setenta piezas de esclavos que conducía; y si bien desconocemos el destino de estos, de acuerdo a los antecedentes existentes en otras regiones, podemos suponer que los remataron al mejor postor. En 1716 Martín de Castañares1, quien fuera más tarde Alcalde y Gobernador de Armas de Santiago, adquirió 40 piezas de esclavos a un asiento administrado por los ingleses, siendo su fiador José Ruiz de Arellano. Este el único dato que encontramos donde se registra una compra en los asientos del puerto de Buenos Aires.
La alta población de castas libres compuestas por descendientes de africanos a fines del siglo XVIII en la gobernación del Tucumán, vinculado al acelerado proceso de mestizaje y movilidad espacial, ubicaba a Santiago del Estero en el segundo lugar detrás de Tucumán, con un porcentaje del 54 % (entre libres y esclavos), constituyéndose toda la región, como bien lo señala Florencia Guzmán4, en el más importante mercado de esclavos del actual territorio argentino, posiblemente por su articulación económica por más de dos siglos con las minas de Potosí.
Primer Período en la trata de esclavos:
La adquisición de la mano de obra esclava se refleja en las cartas de venta real, que servían como escrituras en la compra y venta legal de esclavos. En ellas se establecían ciertos derechos y obligaciones que tanto el comprador como el vendedor debían atenerse, además de especificar ciertas características de la "pieza" a vender. El documento más antiguo que hemos encontrado, relacionado con la venta de un esclavo en la provincia se remonta al año 1680. El Capitán Luis Vásquez de Tovar, junto a su esposa, venden a su esclava llamada Isabel con un hijo a Doña Juana Bravo de Zamora:
"... que vendemos en venta Rl. Para agora y para siempre jamas a Doña Juana Bravo de Zamora viuda vezina moradora de esta ciudad una negra esclava nuestra llamada Ysabel con una cria de pechos criolla, de veinte y seis años poco más o menos con todas sus... buenas o malas presentes o futuras que ser los que tubiese o pareciese se la vendemos sin se la aseguras de ninguno de ellas la qual dha. esclava con la dha. su cria se la vendemos en precio y quantia de quatrocientos y cincuenta pesos de a ocho Rs que nos a dado y pagado en una libranza de la dha. cantidad en el Señor Ldo. Don P Carminati jover deán de la Santa Yglesia Catedral de esta ciudad..."5
En este fragmento observamos, en primer lugar, la participación del poder político, militar y eclesiástico; en segundo lugar el apellido Bravo de Zamora, que se repetirá a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX en la compra y venta de esclavos; en tercer lugar, la referencia a la categoría étnica, en este caso "negra" y "negra criolla" y por último, la tasación y el precio de los esclavos.''
Hasta mediados del siglo XVIII encontramos en las escrituras, la participación exclusiva en la trata de esclavos, a personas y familias que cumplían funciones en el gobierno colonial: Maestres de Campo, Alcaldes, Capitanes, etc. donde sobresalen apellidos como Silveti, Iramain, López de Velasco y Bravo de Zamora, entre otros, que estarán ligados hasta el final de esta institución. A partir de la segunda mitad de ese siglo comienzan a surgir poseedores de esclavos sin título alguno, lo que podría explicarse por el nacimiento de una oligarquía local y el ascenso social de ciertas familias, así como la devaluación en el precio de los mismos, como se verá mas adelante.
La pertenencia a una determinada casta o grupo étnico, sobre todo de "negros bozales, ladinoso criollos" estaba directamente relacionada al valor del esclavo, de este modo el negro o negra bozal se encontraba dentro del grupo que tenía la más alta cotización, ya que correspondía a los recién ingresados de África, por lo tanto mantendrían sus pautas culturales originarias y la "pureza" de la sangre. En cambio, el negro ladino era aquel que ya habría sufrido el proceso de aculturación forzada, por lo tanto, habría perdido su calidad de bozal, adaptándose a la estructura sociocultural de la región. Mientras que el negro criollo, es decir los hijos de los bozales nacidos en la colonia tenía una cotización por debajo del bozal.
Otra categoría como la de mulato -predominante en la provincia- tenía un valor de mercado por debajo de los mencionados precedentemente, salvo algunas excepciones. Otros elementos que se tenían en cuenta para establecer la tasación de "la pieza", eran la edad, el estado físico y el conocimiento de algún oficio. La edad era importante ya que la vida útil de un esclavo para desarrollar sus tareas, estaba comprendida entre los 12 y 35 años, por lo tanto entre los 20 y 30 años su precio era lo más elevado siempre y cuando no padeciese alguna enfermedad o defecto físico y tuviese un oficio. Esta última característica, aunque fue importante, no la encontramos consignadas en las escrituras, por lo menos en la primera etapa de la provincia.
En 1700 el Maestre de Campo Juan Bravo de Zamora otorga una carta dotal a su hija Catalina Bravo de Villarroel al contraer matrimonio con el Maestre de Campo Felipe de Argañaras y
Murgu ía, entre los que figuran los siguientes esclavos: Un negro esclavo criollo, llamado Joseph, de edad de treze
años poco mas o menos en quinientos pesos, ítem una mulata esclava llamada Anna, de edad de veynte
años poco maso menos, en quinientoscinquenta pesos, ítem una mulatilla llamada Francisca de seis años poco mas o
menos hermana de los de arriba en trescientos y cinquenta
pesos.
Tres años más tarde el mismo Juan Bravo de Zamora vende a su hijo un esclavo mulato I lamado Joseph de edad de 28 años en cantidad de 600 pesos:
"... doy y vendo en venta real desde aora para siempre jamas al Cappn. Juan Brabo de Zamora asi mismo vecino de esta ciudad; mi hijo legitimo y de Doña Josepha de Villarroel mi legitima mujer para el, y para sus herederos y quien co drho. le suceda al dho. Juan Brabo mi hijo, un mulato esclavo mió llamado Joseph de edad de veintiocho años poco mas o menos en precio y cantidad de seis sientes pesos corrientes de a ocho reales... confieso que dho. esclavo es procedido de los bienes, y herencia que tubo mi mujer ya difunta y me ordeno vendiese uno o dos esclavos para su funeral, y demás gastos de el, que se ofrecieron con su muerte honrras... y por no ser el recivo de presente renuncio las leies de la non numerata pecunia dolo herror de quenta y engaño y las demás de este caso... el cual le vendo libre de senso deuda, o empeño, que sobre el confiesso no tener el qual dho. esclavo I lamado Joseph esta sano y bueno sin enfermedad ni lecsion de achaque al parecer, y como costal de huesos, y alma en boca con todas sus tachas, malas y buenas y desde luego me aparto y desisto del señorío."7
En este fragmento es interesante resaltar la renuncia a determinadas leyes como la "Non Numerata Pecunia" por la cual el vendedor nunca negaría no haber recibido el importe del dinero por parte del comprador. Y la expresión "costal de huesos y alma en boca" que es común en las escrituras de esta época, haciendo referencia a que el vendedor no se responsabilizaba por las futuras enfermedades o "achaques" que el esclavo pudiese tener ya en posesión del nuevo amo.
También se expone en este documento, al parecer una práctica corriente, la venta de uno o más esclavos para costear los altos egresos que representaba los funerales de las familias de la aristocracia santiagueña. Otro ejemplo, lo encontramos en el testamento de 1698 de Miguel Lascano donde expresa su voluntad de vender cuatro de los cinco esclavos que poseía para poner una capel lana para el y otra para su difunta esposa que se encuentra en el Convento de San Francisco/
El siguiente cuadro nos brinda un panorama de la tasación de los esclavos entre 1680 y 1760, consignando las castas, edades y poseedores.

Segundo período: los esclavos de los Jesuítas
En Agosto de 1767 con la expulsión de los Jesuítas de la provincia, se llevó a cabo el inventario y embargo de sus bienes, entre los que figuran un número significativo de esclavos que
poseían en la estancia de Maco, pero sobre todo en la de San Ignacio, que dependía del Colegio de la provincia, ubicada en el actual territorio tucumano limítrofe con Catamarca y Santiago del Estero, lugar conocido con el nombre de Huacra, donde disponían de grandes instalaciones industriales, agrícolas y ganaderas, con lo cual se mantenían este Seminario y el de Córdoba.
Entre 1771 y 1773, la Junta Municipal de Temporalidades -organismo encargado de administrar los bienes de los expulsados jesuítas-presidida por Antonio García de Villegasy Francisco de Argañaraz y Murguía, remata en públicas almonedas y pregones 94 piezas de esclavos por un valor de 11.956 pesos.' El extenso documento da cuenta de los compradores, así como de las condición étnica, edad, los oficios y las enfermedades o ciertas discapacidades físicas. La riqueza de este registro nos permite exponer determinadas caracterizaciones acerca de los esclavos de la Compañía de Jesús que habían sido rematados en esta ciudad.
En cuanto a las castas se observa una diversidad de las mismas, sobre todo si lo comparamos con el anterior período, además del zambo aparecen otros productos del mestizaje como el "asambado obscuro", "mulato asambado", "negro asambado", "mulato ayndiado", que eran definidas y caracterizadas en función de la procedencia étnica en primer lugar del padre y luego de la madre. A modo de ejemplo, se pueden citar los siguientes casos: Raymundo, asambado obscuro, hijo de Pablo Carpintero, sambo y de Josepha su mujer negra; María mulata asambada, hija de Xavier, mulato y de Cerónima su mujer negra. A diferencia de los jesuítas de Santiago, en La Rioja la Compañía de Jesús se preocupó por establecer una suerte de "endogamia racial" "' donde la mayoría eran negros y unos pocos mulatos.
El aislamiento de los esclavos en las estancias y su subsistencia como grupo les permitió a los Padres llevar adelante ciertas políticas relacionadas con el régimen de trabajo, la diversificación de la producción y la reproducción de la mano de obra esclava a lo largo del tiempo, de esta forma también se explica la marcada endogamia que se presenta, sobre todo si analizamos los casamientos entre estos esclavos de la estancia de San Ignacio en relación a los de otras zonas. De un total de 14 matrimonios 11 son entre los mismos esclavos y solo 3 entre esclavos y libres.
También de este mismo documento se desprende que 18 familias rematadas habían sido adquiridas por compradores mayoritariamente de Catamarca, lo que se explicaría por la cercanía de la estancia a esa localidad, ya que muchos de ellos habrían tenido contacto con la administración de los jesuítas. Esta forma de venta estaría relacionada con la existencia de una fuerte cohesión dentro del grupo familiar, ya que en muchas ocasiones el jefe de familia hacía uso de su derecho al solicitar a su futuro amo ser vendido junto a sus hijos y su cónyuge, como el caso de Nicolás mulato Herrero que fue vendido junto a su esposa y dos hijas a Don Diego Palacios, sin embargo dicho Nicolás solicitó más tarde a su amo que comprase dos hijas suyas que se encontraban en poder de Doña María de Arias, pedido al que Palacios accede finalmente.
Otro derecho que aparentemente gozaban los esclavos de la estancia, ya que es reiterativo en este documento, está relacionado con la solicitud del traspaso de amo alegando entre otras causas el desarraigo o maltrato. Esto queda demostrado en el caso de Josepha mulata viuda que junto a sus cinco hijos fue
vendida a un vecino de Catamarca, sin embargo, poco tiempo después, la esclava solicitó otro amo residente en Santiago del Estero, justificando "no querer salir de la ciudad". También encontramos el caso de la fuga de una familia y el pedido de un nuevo amo, al expresar que su comprador Don Juan Joseph Iramain "quería I levarnos al paso con violencia".
En el documento encontramos consignados el aprendizaje de un oficio por parte de los esclavos, entre ellos se destacan la carpintería y la herrería, lo que marcaría una relación más estrecha entre amo-esclavo, donde los jesuítas habrían actuado como instructores de estas nuevas tareas, sin dejar de lado las actividades propias de las estancias agro-ganadera-industrial, que constituía su principal labor. Del mismo modo, el precio de los esclavos habría disminuido notablemente si comparamos con el período anterior, ya que el valor más alto que encontramos consignado es de 300 pesos, es decir cerca de la mitad de lo que valía anteriormente, a pesar de contar con un oficio. Otro condicionante que influyó en el valor de las "piezas", es la pertenencia a determinada casta y el estado físico, por ejemplo Florentina "tuerta" de 9 años es tasada en 60 pesos, mientras Francisco de la misma edad, sin enfermedad alguna en 110 pesos.
I creer período: pleitos judiciales y los caminos hacia la libertad
Esta última etapa comprende los últimos años del siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XIX.
Como se observa en el cuadro de la página siguiente la mayor parte de los esclavos corresponden a la categoría étnica de mulato y solo en un documento encontramos la mención de cuarterona que se refiere a la cuarta generación de mulato, en cuanto al precio también se mantiene al igual que en el anterior período, apareciendo otros oficios más calificados.
Los documentos de esta última etapa están mayormente relacionados a litigios judiciales entre los que se encuentran juicios testamentarios, nulidad de contratos, cartas de libertad, etc. En el caso de los contratos, el comprador podía solicitar la rescisión del mismo si a pesar de las obligaciones y seguridades formales que contenían las cartas de venta sobre el óptimo estado físico de un esclavo, éste revelaba poco tiempo después de pasar de poder a su nuevo amo, alguna enfermedad que ponía en peligro su capacidad para desarrollar un trabajo. Este es el caso de Lucía una mulata esclava que compró Doña María Antonia Juárez a Don Mariano Benítez en 180 pesos, sin embargo después de un tiempo comenzó a presentar problemas físicos que la inutilizaban, por loque se solicitó la nulidad de la venta:
"...hace mas de cinco meses haber comprado a Don Mariano Benitez una esclava llamada Lucia en ciento ochenta pesos bajo las condiciones de sanidad y aptitud para el servicio pero en el corto transcurso del tiempo indicado he descubierto la criada una enfermedad havitual de abajo que la inutiliza y en breve llegara a postrarse..."
En su defensa Mariano Benitez argumenta:
"...después supe que con remedios violentos que siempre destruyen la naturaleza se le havia hecho venir la leche para darle a un hijo de la Sra. que presente cria; aunen pechos.""
Finalmente el juez dispone reducir la causa a juicio verbal para evitar gastos.
Otro procedimiento corriente en la justicia eran los juicios testamentarios solicitados por los familiares del difunto en la
partición de bienes que habían pertenecido al mismo, y entre los que figuraban en algunos casos esclavos. De esta trama judicial participaban los Alcaldes de primer y segundo voto como jueces, el Defensor de Menores y Pobres y los Tasadores. En 1805 Francisca Juárez Lisoya solicita al juez la tasación y partición de una esclava y dos hijos que habían sido de su padre y que se encontraban en posesión de su madre. A tal efecto, se dispone el nombramiento de dos tasadores para determinar el valor de los mismos.
"...los dos tasadores nombrados para el justo precio de las tres piezas de esclavos ponemos en efecto la esclava llamada Jertrudis, de edad de veinte y dos años poco mas o menos, la tasamos en la cantidad de doscientos cinquenta pesos. Y también una mulata hija de esta llamada Narcisa de tres años y medio de edad, poco mas o menos en nobenta pesos. Y también otra mulata llamada Barbara de edad de año y medio igualmente hija de la misma la tasamos en cinquenta pesos.""
En última instancia el juez dispone la venta de los mismos y repartir el dinero de forma igualitaria entre los herederos.
En búsqueda de la emancipación: recursos y estrategias.
Según estimaciones de Larrouy de acuerdo al censo de Vertiz y otros registros en 1778 la provincia contaba con 654 esclavos, mientras que las castas que incluían a mulatos, zambos, pardos y negros libres llegaban a un numero de 7667, por lo que la población afromestiza era mayormente libre para esa época como consecuencia de algunos mecanismos y estrategias empleadas por los esclavos para obtener su liberación.
Existían principalmente dos caminos legales para que un esclavo logre emanciparse, uno a través de lo que se denominó manumisión, es decir la compra de su propia libertad, mediante la realización de trabajos extras hasta conseguir la totalidad del dinero que su amo había pagado por él. Sin embargo, los documentos encontrados advierten que era una práctica casi inusual en la provincia ya que se requerían demasiados esfuerzos que no estaba en condiciones de afrontar. El segundo, implicaba la carta de libertad otorgada por el amo cuando se trataba de un hijo o pariente suyo o de una persona por quien sentía especial afecto o a la que quería recompensar por los servicios prestados durante su esclavitud. Y si bien estos actos son propios de comienzos y mediados del siglo XIX, el documento más temprano acerca de esta suerte de "dación graciosa" lo encontramos en 1721 cuando el Cura y Vicario de la Doctrina de Lindongasta compra la libertad de cJqs esclavos menores, ahijados suyos, pertenecientes al Capitán Francisco de Maldonado a cambio de unaesclavade30años:
"...y recivo en cambio de su valor i por dha. María mi esclava a Gregoria i Joseph pardos sus esclavos que fueron de dho. Cappn Don Francisco Maldonado en la forma referida y me doy por recibido y entregado de ellos, a mi satisfacción i contento por el deseo y animo de darles libertad grassiosa por ser mis aijados y singular amor que les tengo por el qual y por otros justos motivos que a ello me mueven les otorgo carta de libertad en forma y conforme a drho. para la dha Gregoria, i Joseph pardos, y que de oi en adelante, sean personas libres."I!
También el otorgamiento de la libertad se hacía por vía testamentaria, como el caso del Maestre de Campo de la ciudad de Santiago Joseph de Acuña y Negrete, que determina en su testamento dejar por libre a una mulata llamada Secundina a la que reconoce como nieta, y dos esclavos más. En ese mismo documento" se encuentra presente una cláusula, para que sus hijos
no puedan anular la emancipación de esos esclavos. En muchos casos, la relación entre esclavo y amo era tan cercana, que además de concederle la libertad le otorgaba parte de sus bienes en el testamento. En 1807 Felipa Sierra hace una presentación ante la justicia solicitando bienes que su difunto amo le había dejado, y que se encontraban en posesión de los otros herederos que desmentían y negaban a dicha mulata; sin embargo, al analizar el testamento, el juez termina por verificar los bienes y derechos que ésta poseía.
El otro procedimiento para conseguir la libertad y que implicaba su propia compra, se ¡lustran en los pocos documentos que emergen del siglo XIX. En 1821, el Regidor de Menores, Pobres y Esclavos Javier Lascano15 tomando la defensa de Victoria Perey-ra, cuarterona, hija de Juan Vicente Pereyra, siervos de Don Ángel Beltrán y su mujer, solicita la libertad de esta esclava alegando entre otras cosas que la madre de ésta amamantó a varios integrantes de la familia Beltrán y además que un deudo suyo por principios de caridad ofrece cien pesos para su redención. Mientras que los poseedores de esta esclava reclaman 250 pesos para su libertad, por lo que el Defensor solicita al Juez el nombramiento de tasadores para estipular el real valor de la esclava, tasándola en ciento sesenta y cinco pesos, por los cuales consiguió la libertad.
De esta manera, el esclavo comienza a tener "voz" en los circuitos institucionales cuando se trataba de su emancipación. En ocasiones, lograba "enfrentar" judicialmente a su amo, algo totalmente impensado un tiempo atrás, incluso presentando escritos ante el juez y expresando el conocimiento sobre ciertos derechos y leyes. En un pleito judicial de 1829, Manuela González esclava de Doña Rosa González, realiza una presentación ante el Juez solicitando la compra de su libertad por cien pesos, monto que habría ganado realizando trabajos extras. En su escrito alega que su ama pide la cantidad de ciento cincuenta, por lo que expresa:
"...solo si quiere henderme en la cantidad de ciento sinquen-ta; este es un capricho mal fundado porque todo el mundo sabe que el rescate de una esciaba es lo mas sagrado, y que debajo de ser quiebra aun por justicia en la totalidad o el interés que se pida, en caso de libertad, y si mal no me acuerdo me párese que la ley prebiene que tratando de rescatarse una esciaba no esta obligada a dar mas que las dos terceras partes de lo que el amo pida por ella."
Sin embargo, el Juez, para su sentencia pide el asesoramiento de Juan José Lami como un "erudito en el conocimiento de leyes", quien termina por negar el pedido, fundamentando:
Las leyes nada han dispuesto en orden a la libertad de los esclavos. Solo una regla de derecho la llama causa favorable; pero esto no influye en la baja de su precio... tampoco se debe sugetar a cualquier precio todo esclavo que solicite libertarse, sino en el caso solo de ser notoriamente arvitrario, exorbitante, e injusto el precio que pidiese el Amo. En el asunto que se ha servido Usted pasarme en consulta es mui equitativo el de ciento y cinquenta pesos que ha pedido Doña Rosa González por una esclava mosa y en otro tiempo esta cantidad habria sido la mitad de su precio y valor.""'
Además de la manumisión y de las cartas de libertad otorgadas por el amo, existía otro mecanismo menos directo que lo constituían los matrimonios y uniones de esclavos con mujeres libres, mayormente indias o mestizas. Esto ha funcionando como una estrategia de emancipación para sus hijos, ya que a partir de estas uniones los descendientes eran libres, por lo tanto, la condición de esclavo por nacimiento, estaba directamente relacionada con la situación social de la madre biológica.
En los libros parroquiales de matrimonios del Curato de Sumampa en el período entre 1716 y 1783 encontramos 16 casamientos que involucran a esclavos, de los cuales doce son
entre hombres esclavos y mujeres libres, siete de las cuales no están contenidas dentro de ninguna casta, sólo figuran sus nombres y en algunos casos apellidos, de las restantes cinco, cuatro son indias y una mestiza. Otros tres matrimonios son entre mujeres esclavas y hombres libres, un indio, un pardo y otro sin especificar, y por último uno solo de unión entre esclavos. Cabe aclarar que en este documento no se hace mención a la pertenencia étnica de los esclavos, solo en el caso de "tres indios esclavos", que de acuerdo a lo señalado anteriormente, suponemos que se trataban de zambos-madre esclava, padre indio- ya que el indígena no podía ser esclavizado, aún menos para ese período.
Otro libro parroquial del Curato de Soconcho nos muestra entre 1799 y 1808, siete casamientos que contienen a esclavos de los
cuales cinco son entre hombres esclavos (un negro, un mulatoy tres sin clasificación) y mujeres libres (cuatro indias y una criada libre); otro matrimonio entre una esclava negra y un indio, y un caso entre esclavos mulatos. A partir de estos registros se observa una marcada exogamia en estos grupos donde el hombre esclavo se casa por lo general con mujeres libres, sobre todo indias. Estas relaciones se manifiestan predominantemente en la zona rural, es decir en las estancias españolas, o donde tenían por amo a curas y a funcionarios que residían en los pueblos de indios, o en la cercanía de ellos, lo que habría facilitado los contactos interétnicos. Por el contrario, entre los esclavos de los Jesu ¡tas se observa una acentuada endogamia, posiblemente a que se mantenían como un grupo aislado en las estancias donde vivían. En la ciudad, el panorama aparentemente fue diferente, de acuerdo a un censo de 1776 del Obispado de Tucumán sobre la población de mulatos, zambos y negros esclavos,'7 la ciudad de Santiago no contaba con ningún esclavo casado, en cambio se registra una alta proporción de adultos solteros sobre todo mujeres. El siguiente cuadro ¡lustra tal situación:
Esta baja tasa de nupcialidad de las mujeres y un alto porcentaje de madres solteras registrado en los documentos, nos permite especular con la existencia de una estrategia por parte de las esclavas para conseguir la libertad de su descendencia mediante el amancebamiento con su amo, ya que éste podía disponer de la liberación de sus hijos.
Otro registro que analizamos corresponde al censo (incompleto) de 1794 del Curato de Sumampa, en donde se observa la presencia de una población mayoritariamente española, pero en el cual la existencia de esclavos es relativamente baja en relación a la cantidad de familias españolas. Posiblemente fueron reemplazados por la mano de obra de indios peones, agregados y criados libres, que representan un alto porcentaje en esa jurisdicción.
Lo hasta aquí planteado, es sólo como el titulo lo indica, un primer acercamiento al abordaje de la esclavitud, en donde tratamos de presentar y describir algunos rasgos y particularidades que reveló esta práctica en nuestra provincia. A partir de estos elementos se hace necesario profundizar en el análisis a través de nueva documentación y de nuevas perspectivas que nos permitan comprender este fenómeno, en su aspecto cuantitativo y cualitativo, para dar cuenta de la incidencia que tuvo el mundo africano y su descendencia en la configuración socio-cultural de Santiago del Estero.

 

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